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Putin envía un mediador a Kiev para frenar la violencia

El Gobierno ucranio rechaza la intervención de la UE que la oposición reclama

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha enviado a Ucrania a Vladímir Lukín, ex Defensor del Pueblo y exembajador en Estados Unidos, para que medie entre las autoridades del país y la oposición. La decisión la tomó Putin a petición del presidente ucranio, Víctor Yanukóvich, con quien el mandatario ruso conversó anteanoche telefónicamente. Paralelamente, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, acusó a Europa y a Estados Unidos de aplicar un “doble rasero” ante los acontecimientos de Ucrania y de responsabilizar solo al Gobierno de la violencia mientras exculpan a la oposición.

Dmitri Peskov, portavoz del presidente ruso, explicó que Lukín “tiene una amplia experiencia diplomática y cuenta con un gran prestigio entre los defensores de los derechos humanos; además, fue dirigente de un partido opositor”. La oposición ucrania había manifestado anteriormente que esperaba contar con un mediador de la Unión Europea, por lo que está por ver cómo será recibido Lukín. El Gobierno de Yanukóvich, según los opositores ucranios, no desea la mediación europea, como tampoco la quiere Rusia.

Desde Bagdad, el jefe de la diplomacia rusa lanzó sus dardos contra la posición de los países occidentales. “Nuestros socios occidentales en Europa y Estados Unidos hacen recaer toda la culpa en las autoridades ucranias y no califican como deberían las acciones de los extremistas”, declaró Lavrov. Esta situación, dijo, preocupa a Rusia, “porque vemos claramente un doble rasero”. Además, “los estadounidenses ya han aplicado sanciones [contra Ucrania], creando con ello un estímulo adicional para la oposición intransigente”.

Lavrov afirmó que quienes exigen la celebración de elecciones anticipadas en Ucrania persiguen que Kiev se decida por la integración con la Unión Europea. En su conferencia de prensa en la capital iraquí, el ministro ruso dijo también que Moscú está “profundamente” preocupada por la forma en que los medios occidentales cubren los acontecimientos ucranios. “Presentan la situación de manera extremadamente distorcionada”. Al mismo tiempo, silencian los hechos de violencia contra los gobernadores de diversas regiones ucranias, así como los intentos de tomar los depósitos de armas, se quejó el ministro.

Mientran tanto, la mayoría de los ciudadanos rusos observan con estupor y miedo los hechos que se viven en Ucrania, país vecino con el que mantienen estrechos lazos culturales, económicos e incluso familiares. Estupor porque no se explican la pasividad del Gobierno de Yanúkovich, y miedo porque temen que se desate una guerra civil que pueda desestabilizar toda la región y termine golpeando económicamente también a Rusia.

La información que dan las televisiones rusas —los principales canales pertenecen al Estado o están controlados por este— responsabiliza a la oposición por los desórdenes en Ucrania y acusa a los extremistas de atacar con armas de fuego a la policía. El corresponsal del primer canal mostraba ayer desde Kiev un escudo policial en el que se veían perforaciones de balas, según dijo, de pistola; además, exhibió casquillos de fusiles Kaláshnikov y otras huellas de armas de guerra, todo lo cual, afirmó, demostraba que los activistas radicales buscan provocar un derramamiento de sangre y un golpe de Estado. Las cámaras muestran el vandalismo de los extremistas mientras el público ruso piensa mayoritariamente que la culpa de todo lo tienen los grupos prooccidentales.

Esta es la posición oficial, que han repetido en diversas ocasiones los máximos dirigentes rusos. Las voces divergentes vienen principalmente de algunos intelectuales críticos con el Kremlin en ciertos medios relativamente independientes, como la radio Eco de Moscú.

El estupor ante la pasividad del Gobierno ucranio la comparten todos, desde la gente de a pie hasta los máximos dirigentes. Así, primer ministro Dmitri Medvédev, declaró que Rusia está dispuesta a continuar su colaboración con Ucrania, pero para ello es necesario que el Gobierno de ese país “sea legítimo y eficaz” y que no permita “que lo usen como trapo para limpiarse los zapatos”.

 

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