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EEUU envía ‘drones’ para ayudar al Gobierno de Irak contra los yihadistas

El Ejército ha cercado Faluya y ha atacado ya posiciones en Ramadi

Estados Unidos ha prometido acelerar el suministro de misiles y dispositivos de vigilancia

Milicianos suníes protestan contra el gobierno iraquí en Faluya el martes 7 de enero.
Milicianos suníes protestan contra el gobierno iraquí en Faluya el martes 7 de enero. AP

En Irak la revuelta suní tiene cada vez más la apariencia de una guerra. El ejército desplegó este martes tanques y artillería alrededor de la ciudad de Faluya, para cercar a los insurgentes que desde el jueves han hecho suyas diversas partes de la provincia de mayoría suní de Al Anbar. El presidente, el chiíta Nuri al Maliki, aceptó el domingo la demora de esa contraofensiva en Faluya, para darle la oportunidad a las tribus suníes locales de que expulsen a los insurgentes, muchos de ellos afiliados a Al Qaeda y que han tomado edificios públicos, mezquitas y prisiones. En Ramadi, la otra ciudad capturada, las batidas de la fuerza aérea y los ataques con artillería y misiles provocaron este martes al menos una treintena de bajas insurgentes.

En esta revuelta ha tomado especial protagonismo el Estado Islámico de Irak y Siria, un grupo yihadista en el que militan numerosos extranjeros, procedentes de lugares que abarcan desde Chechenia a Yemen. Esa formación lucha abiertamente contra el régimen de Bachar el Asad y, desde la semana pasada, contra el gobierno de Al Maliki. Los conflictos en ambos países tienen un gran componente sectario. En Siria una mayoría suní combate al régimen que lidera la confesión alauí —una derivación del chiísmo— a la que pertenece El Asad. Más de un 60% de la población iraquí es chií, como lo es también el presidente y su principal aliado en la escena internacional, el régimen de los ayatolás en Irán.

Desde el lunes varios líderes tribales suníes de Al Anbar han formado un consejo para gestionar la ciudad, con sus propios grupos armados, en un intento de contener el empuje de Al Qaeda, alineándose tácitamente con el gobierno chiíta de Al Maliki, lo que da idea de que la fuerza de los insurgentes en la región es limitada. “Se puede decir que el proyecto de establecer un eje único desde Siria a Irak para desestabilizar la zona comienza a fallar, aunque no cabe duda de que el Estado Islámico tratará de seguir intentándolo”, según Aymenn Jawad al Tamimi, investigador Shillman-Ginsburg en la organización Middle East Forum.

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Cientos de familias han abandonado las localidades asediadas de Ramadi y Faluya, hacia el sur, a la provincia de Kerbala, que es de mayoría chiíta. El ejército se ha desplegado en varios de sus accesos instalando puestos de control, en un intento de que con los refugiados internos no entre en esa región parte de los insurgentes que han convertido en los pasados días a Al Anbar en un campo de batalla. Kerbala es uno de los lugares más sagrados de la vertiente chií del islam, pues allí se halla enterrado alguien a quien veneran, Hussein, nieto del profeta Mahoma.

Los enfrentamientos en Al Anbar los desató la decisión de Al Maliki el 30 de diciembre de desmantelar a la fuerza una acampada de protesta contra su gobierno en Ramadi, que es capital provincial. La indignación que provocó entre la población la fuerza del ejército llevó a este a replegarse, algo que permitió la revuelta que lideraron varios grupos suníes y los yihadistas afines a Al Qaeda que militan en el Estado Islámico. Pronto esos insurgentes tomaron lo edificios públicos y mezquitas, y abrieron las puertas de varias prisiones.

En sus nueve años de guerra en Irak, las tropas norteamericanas sufrieron un tercio de sus 4.486 bajas en Al Anbar, epicentro de la resistencia suní tras la caída del régimen de Sadam Hussein. Hubo dos feroces batallas por Faluya en 2004, que según varios analistas pusieron a prueba a las tropas estadounidenses como no lo había hecho un enemigo desde los peores años de la guerra de Vietnam. En esa localidad llegaron a entrar 10.000 soldados estadounidenses. Es un punto estratégico también porque se halla apenas 40 kilómetros al oeste de Bagdad, la capital.

Finalmente dos factores lograron inclinar la balanza del lado norteamericano: la decisión de varias tribus suníes de alinearse con EE UU y el nuevo gobierno chiíta que este puso en pie, y el refuerzo ordenado por el expresidente George W. Bush en 2007, de un total 20.000 soldados. Las tropas norteamericanas se replegaron por orden de Barack Obama en diciembre de 2011.

La revuelta suní de Al Anbar es la primera gran prueba a la que se somete el ejército iraquí, entrenado y armado a un elevado precio por el Pentágono. La negativa del gobierno de Al Maliki de prometer inmunidad a las tropas norteamericanas impidió que quedara en Irak una presencia, aunque fuera testimonial, de ellas, que ahora podría apoyar al débil gobierno en su intento de recuperar el control de Al Anbar. Según anunció el lunes la Casa Blanca, EE UU enviará remesas de misiles Hellfire y drones [dispositivos aéreos no tripulados] Scan Eagle y Raven al gobierno iraquí.

Al Maliki fue elegido en 2006. El gobierno debe renovarse en abril. En los últimos meses Irak ha visto un repunte de la violencia como no se veía desde los años en que EE UU mantenía una fuerte presencia militar en el país, sobre todo con atentados con explosivos y de corte suicida. En 2013 hubo más de 8.000 muertos en ese tipo de ataques, una cifra muy elevada para un país que nominalmente ya no está en guerra y, de hecho, la más alta desde 2008.