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ANÁLISIS

AMLO: el líder sin un número dos

La ausencia temporal del dirigente evidenciará el tamaño de su liderazgo y también la total carencia de colaboradores de peso

El padecimiento cardiaco que ha obligado a Andrés Manuel López Obrador a hacer una pausa en su peregrinar político que dura ya 37 años siembra dudas sobre quién podrá sustituirle, aunque sea momentáneamente, al frente del movimiento de izquierda que el excandidato presidencial ha venido construyendo en los últimos años.

López Obrador, ingresado por infarto al miocardio este martes de madrugada en una clínica al sur de la capital mexicana, se repone satisfactoriamente, pero la dolencia le pilla en un momento crucial de su estrategia de movilizaciones callejeras para impedir la aprobación de la reforma energética del presidente Enrique Peña Nieto, que podría comenzar a discutirse en el Congreso mexicano esta misma semana.

¿Guardará López Obrador - conocido por una tozudez que lo mismo le ha dado satisfacciones que sinsabores— el previsible reposo? ¿O encontrará una manera de reincorporarse a la brevedad a la lucha contra la última de las reformas de Peña Nieto programadas para este año? Con AMLO, como también se le conoce, nunca se sabe qué pasará.

Pero lo que sí se puede adelantar es que su ingreso en el hospital Médica Sur deja un enorme hueco en el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el partido ideado por López Obrador que está en la fase final de su constitución luego de que hace cuatro semanas acreditó el número mínimo de asambleas estatales para obtener su registro legal.

El político hospitalizado, que en noviembre cumplió 60 años de edad, no es formalmente el presidente de Morena, pero eso no importa. Él es Morena, aunque Morena sea presidido por Martí Batres, que no sólo es un personaje de una liga de mucho menor nivel que López Obrador –dos veces candidato presidencial, exjefe de gobierno del Distrito Federal, excandidato a gobernador de Tabasco, su estado natal, etcétera-, sino que ha logrado lo que López Obrador quiso evitar a toda costa. El arribo hace un año de Batres a la presidencia del movimiento provocó fisuras en el entorno de AMLO, justo las pugnas que eran tan comunes en el partido de la Revolución Democrática (PRD), la organización que El Peje - otro de sus apodos - y los suyos abandonaron hace 14 meses, luego del fin de la etapa poselectoral de los comicios presidenciales de julio del año pasado.

Hoy Morena tiene fuerza en la calle pero no presencia en el Senado ni en la Cámara de Diputados. A Morena no se han sumado antiguos colaboradores de López Obrador, como Alejandro Encinas, que se ha mantenido en el PRD. Tampoco está con él Marcelo Ebrard, exalcalde de la ciudad de México (2006-2012) y quien en su tiempo fuera parte del gabinete de AMLO. Y el hoy convaleciente líder ha sido muy claro: quien quiera seguirle debe optar entre la antigua casa y la organización naciente.

La salud de López Obrador –que gusta de jugar semanalmente béisbol y de fumar, en privado, cigarros Raleigh- fue un tema fugaz en dos momentos de la campaña presidencial del año pasado. En una conversación a puerta cerrada, en febrero de 2012, comentó a empresarios que si perdía la elección se iría a su rancho en Chiapas, llamado La Chingada. Sus palabras fueron: “Tengo más experiencia ahora que antes, tengo menos vigor, eso sí, porque ya estoy muy cansado”. Al difundirse la declaración, el entonces candidato restó importancia a sus dichos. En la segunda ocasión fue el propio tabasqueño quien se mofó de parecer más viejo de lo que en realidad era.

Ocurrió en el segundo debate, el 10 de junio de 2012, cuando Andrés Manuel contestó a una recriminación de que no le había importado sumarse al PRI (su primera militancia) en 1971, tiempos marcados por la represión gubernamental de ese año y de 1968. “En 1971, yo estaba en primero de preparatoria, tengo 58 años, lo que pasa es que estoy aflojado en terracería. Es mentira lo que usted dice”.

Con “aflojado en terracería” se refirió a su propensión a recorrer por carretera de cabo a rabo la República Mexicana, forma de hacer política que inauguró en Tabasco en 1988, luego de sufrir una elección plagada de irregularidades.

Con más de 25 años de trajín por carretera –incluyendo dos marchas a pie desde la capital de su estado natal hasta la capital del país (750 kilómetros) para denunciar fraudes electorales-, el corazón de López Obrador le ha obligado a hacer una pausa.

Su ausencia evidenciará el tamaño de su liderazgo, pero también la total carencia de colaboradores de peso. Este martes, en la conferencia de prensa sobre su estado de salud, México conoció la voz del segundo de sus cuatro hijos, Andrés Manuel López Beltrán. El joven, de escasos 30 años, agradeció las muestras de solidaridad hacia su padre. Y anunció que el llamado a hacer un cerco en el Senado - formulado por AMLO el domingo desde el Zócalo de la Ciudad de México - está vigente y que la cita para el mismo es, como estaba fijado, este miércoles. De ese hijo (tuvo otro con su segunda esposa), López Obrador alguna vez dijo: “Es candela pura, me cuestiona, debatimos, es contestatario, muy inteligente”.

Aunque incipiente y nada definitiva, fue la escena más parecida al surgimiento de un número dos que se ha visto con AMLO en muchos años, quizá desde nunca con quien en 2005 fue descrito por su biógrafo Jorge Zepeda como “el personaje a vencer por parte de cualquier otro aspirante a la Presidencia del País (…) Andrés Manuel ha tomado por asalto a la opinión pública, para bien o para mal. Para algunos es la esperanza y para otros la pesadilla, pero a nadie deja indiferente”.

López Obrador ha sido obligado a hacer una pausa. Lo que no pudieron hacer sus adversarios –que no han dudado en tratar de meterlo preso, como ocurrió con un amañado proceso judicial en 2005— lo ha podido su corazón.

Al menos este miércoles en el Senado, la lucha de los suyos estará acéfala.