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El espionaje masivo de EEUU

Espías con vistas al Reichstag

La Embajada de EEUU instaló un complejo sistema de vigilancia en el corazón político de Alemania

La Embajada de EEUU, junto al Reichstag, en Berlín.
La Embajada de EEUU, junto al Reichstag, en Berlín. Getty Images

El moderno edificio que sirve de sede a la Embajada de Estados Unidos en Berlín está escasamente vigilado por la policía local, ofrece una imagen de paz y prosperidad a los peatones y aún sigue causando envidia. En un radio no mayor a un kilómetro, se aprueban las leyes que marcan el destino de la República, se bendice el presupuesto de la nación y, de tiempo en tiempo, se envía a soldados alemanes a combatir a regiones inhóspitas.

“Es un lugar ideal para los diplomáticos y también para los espías”, señala el semanario Der Spiegel al revelar que la moderna fortaleza diplomática también se ha convertido en la sofisticada sede de una moderna red de espionaje electrónico amparada por la impunidad que siempre han tenido los servicios secretos americanos en territorio germano.

El semanario que se edita en Hamburgo, después de tener acceso a documentos internos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y material recopilado por el exanalista Edward Snowden, ofrece en su último número una nueva exclusiva a sus lectores: la Embajada cuenta con un sofisticado equipo electrónico instalado en la terraza del edificio que le permite escuchar, monitorear y grabar las comunicaciones que se realizan en el “corazón político de Berlín”, incluido el famoso móvil de la canciller Angela Merkel.

Según un documento de la NSA clasificado como “altamente secreto” y fechado en el año 2010, en la Embajada estadounidense trabaja un exclusivo grupo de espías que obedece al nombre de Special Connection Service (SCS) y que coopera con la NSA y la CIA. El exclusivo “ejército electrónico” actúa en 80 lugares repartidos por el mundo, entre ellos 19 en Europa, Madrid incluido. Las herramientas de trabajo de este grupo de élite, que tiene cobertura diplomática en embajadas y consulados, le permiten captar todo tipo de comunicaciones, tanto telefonía móvil como correos electrónicos, comunicaciones de internet inalámbricas y comunicaciones de satélite.

Sus orejas (sofisticados aparatos de rastreo y escucha) están instaladas en los techos de las sedes diplomáticas y, en el caso de la Embajada estadounidense en Berlín, camufladas con un material especial que impide ver en su interior. Una de las antenas que utiliza el CSC fue bautizada con un nombre apropiado: Einstein.

“Todo indica que fue el SCS el que logró identificar el móvil de Merkel”, señala el semanario. Después de revisar los documentos secretos en poder de Snowden, la revista descubrió que uno de ellos hacía mención al número de móvil de la canciller: 0173-XXXXXXX. “Es un móvil con el cual la canciller se comunica con sus amigos del partido, ministros y gente de confianza, especialmente mediante mensajes SMS”, dice la revista.

El espionaje del móvil de la canciller ha generado una ola de críticas en el país y, según la prensa germana, podría haber arruinado la frágil amistad que existía entre Merkel y Obama. Pero el escándalo, que estalló en el mes de junio, también puede tener consecuencias políticas para la propia canciller, quien restó importancia al espionaje de la NSA para no envenenar la campaña electoral que se avecinaba.

El próximo 18 de noviembre el Bundestag celebrará una sesión especial sobre el espionaje de Estados Unidos en Alemania y posiblemente se formará una comisión especial de investigación, dos medidas no exentas de riesgo para las dos formaciones más importantes del país, la CDU-CSU y el SPD. Si los parlamentarios deciden investigar a fondo, pueden descubrir que las actividades de la NSA en territorio alemán fueron autorizadas por el canciller Adenauer en 1955 y, desde entonces, han actuado bajo la protección de las leyes alemanas en el país.

“Desde entonces hay acuerdos que permiten el espionaje. En ellos no se estipula que puedan espiar el móvil de Merkel, pero tampoco en ninguna parte se dice que no lo puedan hacer”, dice el experto Josef Foschepoht a EL PAÍS. Según Foschepoht, autor del libro Alemania vigilada, Merkel debía haber estado informada de que su país era, y sigue siendo, un rehén de la NSA en lo que a vigilancia electrónica se refiere.

El Gobierno alemán se vio obligado la semana pasada a lanzar una ofensiva política para denunciar el espionaje, después de que la revista confrontara al portavoz de Merkel, Seffen Seibert, con las informaciones que tenía entre manos. Para evitar un escándo doméstico, Merkel decidió actuar y llamó personalmente a Obama. El domingo, el ministro del Interior, Hans-Peter Friedrich, amenazó a la NSA desde el diario Bild am Sonntag con “medidas legales”. “Si los estadounidenses han escuchado móviles en Alemania, han quebrantado la ley alemana sobre suelo alemán”, dijo el ministro. “Escuchar es un delito y los responsables deben rendir cuentas”.