Israel exige a las potencias mundiales que no cedan ante Irán

Netanyahu advierte de que Israel no descarta ataques preventivos en casos extremos La exigencia es que Irán no pueda enriquecer uranio bajo ningún concepto

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asiste a una ceremonia con motivo de la celebración del 18º aniversario del asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asiste a una ceremonia con motivo de la celebración del 18º aniversario del asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin.GALI TIBBON / POOL / EFE

Con las miras puestas en Ginebra, Israel se ha quedado solo alertando a gritos de la inminente llegada del lobo. La intensa campaña de presión de Benjamín Netanyahu y sus más cercanos ministros en los pasados días, a ambos lados del Atlántico, no impidió ni las muestras de buena voluntad ni los comunicados conjuntos de Irán y las potencias mundiales ayer en Ginebra. Algún progreso debe haber, cuando ambas partes han aceptado volver a negociar en noviembre. Y ante la posibilidad de ceder un solo milímetro en las sanciones contra Irán, el gobierno israelí no ha dudado en emplear ni una sola de las cartas a su alcance: ni la de comparar las conversaciones con Irán con las de los nazis en 1938 ni la de advertir de posibles ataques preventivos.

Hay una condición que para Israel es innegociable: Irán debe renunciar al enriquecimiento de uranio. Hay 15 países que lo enriquecen, e Irán puede comprarlo a ellos, como otras 170 naciones, para uso civil. La razón, según detalló esta semana un alto funcionario israelí bajo condición de anonimato: “Su ideología es la aniquilación del Estado de Israel. Y ya tenemos malas experiencias con dictadores que querían aniquilar al pueblo judío”. Y si de recurrir a la Alemania nazi se trata, ahí no se detuvo el gobierno israelí.

“No podemos permitir que las conversaciones de Ginebra se conviertan en Múnich en 1938”, dijo el lunes en una conversación con la prensa el ministro de Asuntos Estratégicos Yuval Steinitz, en referencia a las conversaciones de los poderes europeos con la Alemania nazi, que precedieron a la anexión de parte de Checoslovaquia. “Esta es, por cierto, la primera vez que veo a un país definir su identidad u orgullo nacional por cuantas centrifugadoras puede tener rodando”, añadió.

Netanyahu ya advirtió en la Asamblea General de Naciones Unidas, en el último discurso de la sesión, contra aligerar las sanciones económicas a Irán por acuerdos provisionales o meras promesas. Quedó como una voz grave y sombría, que pasó desapercibida tras lo que en Israel se ha bautizado como la estrategia de encantamiento del nuevo presidente iraní, Hasan Rohaní.

De vuelta a Jerusalén, Netanyahu no cedió ni un milímetro en un discurso ante el parlamento el martes. “Un ataque preventivo no es necesario en cada situación, pero debería sopesarse como opción viable”, dijo. A principios de 2012 ya trató de que Washington se uniera a esa causa de un ataque precautorio. No triunfó entonces. Tal vez por eso, en los pasados meses, el primer ministro ha repetido tanto una frase ya común en sus discursos: “Israel debe saber defenderse solo”. Puede ser una estrategia. O una resignación.

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