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El frente interno del conflicto se enquista en una guerra cada vez más sectaria

Los grupos rebeldes presionan en zonas de mayoría alauí, leales a El Asad

Un miembro del Ejército Libre de Siria cubre a un compañero durante una ofensiva en la ciudad de Khanasar, este lunes.
Un miembro del Ejército Libre de Siria cubre a un compañero durante una ofensiva en la ciudad de Khanasar, este lunes. REUTERS

Mientras se habla de la guerra que vendrá de fuera, en el interior de Siria el combate se mantiene enquistado en una dinámica de conquistas y retiradas, con el país polarizado entre las zonas bajo dominio de las tropas regulares y las que manejan los rebeldes. El presidente Bachar El Asad mantiene el control de la zona sur que confluye con Jordania, en un arco que se extiende hasta el Mediterráneo, incluyendo ciudades como la capital, Damasco y Homs. Los insurgentes siguen firmes en áreas importantes del norte, como Idlib y un bocado importante de Alepo, y en decenas de poblaciones en la zona oriental. El noreste es de los kurdos, asediados ahora por los grupos yihadistas.

El ministro de Exteriores sirio, Walid al Muallem, aseguró este martes que el régimen está preparado ante los “tambores de guerra” y que se defenderá “con todos los medios disponibles”. Muallem rechazó de plano las acusaciones en una rueda de prensa: “El pretexto de las armas químicas es falso. Si quienes acusan a nuestras Fuerzas Armadas de emplear armas químicas tienen alguna prueba, les reto a que la muestren a la opinión pública y a la comunidad internacional”.

“Llevamos semanas de victoria contra el terror”, decía a principios de mes el presidente sirio. Los avances que anunciaba eran ciertos e importantes en los alrededores de Damasco, como reconoció el rebelde Ejército Libre de Siria (ELS). Los barrios más alejados del centro, al este, mantienen su fidelidad a los sublevados, pero contra ellos se cargó supuestamente hace una semana con armas químicas. El Asad también se ha apuntado varios tantos en la cuenca del Éufrates, y los comunicados de la agencia oficial de noticas SANA de los últimos 15 días hablan de distintas redadas que habrían mermado a los rebeldes en el noroeste de la capital.

Sin embargo, en los últimos días, en este baile de pasos adelante y atrás, las victorias han sido para los opositores. Según el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, han tomado Khanasir, consiguiendo así bloquear la carretera con Alepo por la que las fuerzas leales al régimen recibían víveres y armas desde Hama, en el centro del país. En la ofensiva que ha dejado aisladas a las fuerzas regulares se ha informado de la muerte de 53 soldados del régimen y 16 rebeldes.

Los opositores denuncian que la respuesta de El Asad fue emplear el lunes bombas de fósforo blanco y napalm, prohibidas internacionalmente, contra sus milicias y la población. Para demostrarlo distribuyeron vídeos por Internet, no verificados de forma independiente, que muestran a civiles con la piel enrojecida.

Desde el lunes los rebeldes intentan avanzar sobre Talkalakh, en Homs, a cuatro kilómetros de Líbano. Se considera clave porque garantiza el paso franco desde Damasco hasta el refugio costero donde reside gran parte de la minoría alauí a la que pertenece El Asad, uno de los lugares donde se ha especulado con que el presidente podría refugiarse. Durante semanas, el régimen ha reforzado este flanco para asegurarse ese control de la costa que se antoja vital, pero no ha informado de éxito alguno. Los opositores buscan entrar en la zona, lo que además les abriría las puertas a las villas rurales de Homs, a su agricultura y a sus caminos.

En Latakia, al noroeste, la lucha es diferente. La libran los islamistas Al Nusra, Al Sham, y Estado Islámico de Irak y Levante, que han comenzado una ofensiva contra feudos alauíes que incluso ha llevado a la Coalición Nacional Siria —considerada por Occidente como representante legítima del pueblo— a reprender su actitud para no abundar en el sectarismo. “No hay minorías en Siria más que la minoría que nos atenaza”, defiende un portavoz de la Coalición en Estambul.

Estos grupos, vinculados a Al Qaeda, que al inicio del conflicto eran insignificantes, han ido creciendo. Se han reforzado en número de integrantes vía Irak y en medios, vía Turquía, según inteligencias como la israelí. La “batalla por la liberación de la costa” tiene una importancia estratégica —porque la zona está compuesta por montañas desde las que se controla Latakia, principal puerto del país— y simbólica, por el golpe a los alauíes. Al Nusra, a través de Internet, ha dicho que está ya a 22 kilómetros de Qardaha, donde nació El Asad.

Los tres grupos yihadistas han llegado a Salma, a 50 kilómetros de Latakia, donde supuestamente saudíes y cataríes les prestan ayuda militar. El régimen denuncia “matanzas terribles”. Entre los muertos se halla, según el Observatorio, Bard Ghazal. Este destacado líder religioso alauí, fue secuestrado en un suburbio de la ciudad portuaria el 5 de agosto junto a 150 civiles más de los que no se sabe nada. Al Nusra, que ha mostrado fotos de su tortura y fusilamiento, lo acusa de ser el cerebro de Mihrac Ural, un grupo armado defensor de El Asad al que atribuyen matanzas como la de Banyas (mayo), con cerca de 70 muertos. Su muerte, dicen los yihadistas, es el “ojo por ojo” al supuesto ataque químico de Ghuta.

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