Asesinado un periodista de investigación mexicano en Oaxaca

El reportero de 'El Imparcial' había tenido un incidente con la policía hace tres meses

Los cadáveres del periodista y otro hombre hallados en Oaxaca.
Los cadáveres del periodista y otro hombre hallados en Oaxaca.AFP

El periodista mexicano Alberto López Bello, de 28 años, fue brutalmente asesinado la madrugada de este miércoles en Oaxaca, al sur del país. El reportero cubría la nota policiaca para el periódico local El Imparcial y colaboraba con un programa de radio. Su cadáver fue encontrado con varios impactos de bala en un paraje a las afueras de la ciudad, junto a un riachuelo. “Buenas noches”, fue lo último que escribió en Twitter.

López había tenido un encontronazo con la policía en mayo que había llamado la atención de las organizaciones que se ocupan de velar por la seguridad de los periodistas. Fue detenido, junto a otro colega, por policías federales cuando informaba sobre la aparición de una narcomanta, colocada supuestamente por el crimen organizado en un pueblito. Los agentes sospechaba de los informadores por haber llegado demasiado rápido al lugar pero un juez los dejó en libertad y determinó que la detención había sido ilegal.

El periodista Alberto López Bello.
El periodista Alberto López Bello.

“Tenía que ir a volver a declarar a la Procuraduría –fiscalía- esta semana sobre este caso”, cuenta una de las últimas personas que lo vio con vida, Sofía Valdivia, compañera de profesión en la estación Radiorama Oaxaca y novia en los últimos meses. Se despidió de Alberto pocas horas antes de que apareciese muerto junto a un amigo, un policía del área de inteligencia de la corporación local, los conocidos como ‘orejas’.

El periódico El Imparcial publicó una nota en la que relaciona directamente su muerte con el ejercicio de la profesión. “Demuestra la vulnerabilidad a la que están expuestos los comunicadores en su labor diaria para informar veraz y oportunamente a la ciudadanía”, se lee en el comunicado. El gobernador de la región, Gabino Cué, pidió que se valore el crimen como de “alto impacto” para que de las investigaciones se ocupe la fiscalía nacional.

Los esfuerzos del Gobierno por acabar con el asesinato de periodistas no está dando sus frutos. Desde que en junio de 2012 se aprobara la ley para la protección de defensores de los derechos humanos y periodistas han sido asesinados cuatro reporteros y otros tres han desaparecido. “Hay una simulación del mecanismo de protección del que tanto alardea el Gobierno federal. En realidad no están haciendo nada”, opina Darío Ramírez, presidente de Artículo 19, que denuncia abusos e intimidaciones contra la libertad de prensa en México. Ramírez denunció hace meses que López Bello estaba amenazado y que las autoridades deberían protegerle. El resultado es demasiado evidente.

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En este tiempo, nueve medios de comunicación, como El Siglo de Torreón, ha sido atacados con explosivos o armas de fuego. La organización que dirige Ramírez ha documentado 258 agresiones contra periodistas, de las cuales el 40% han sido perpetradas por funcionarios públicos. “Las cifras siguen al mismo nivel o incluso son más altas que en años anteriores. La ley no ha servido para nada, por ahora. La indefensión de la prensa sigue siendo la misma”, recalca.

Sofia Valdivia recuerda que el periodista oaxaqueño asesinado vigilaba sus espaldas. Se desplazaba por la ciudad en moto porque esquivaba el tráfico y pensaba que era un modo de huir más fácil que en coche. Cuando estaban cenando en cualquier restaurante se sentaba de cara a la puerta. En Twitter se cambió uno de los apellidos. A diario cubría información delicada en una zona donde no operan los carteles de la droga de una manera tan cruenta como en otras partes del país pero sí donde sigue habiendo caciques locales que ejercen su poder como en el medievo. “Checaba siempre si lo seguían”, añade.

Apasionado del periodismo de investigación y de los intríngulis que rodean a los poderosos, López Bello vivía con su padre en un hotel que este regenta. Valdivía fue al paraje donde encontraron su cadáver y solo pudo reconocerlo por la ropa que traía puesta. Le habían dejado la cara desfigurada. “Era un excelente periodista de policiaca”, dice a modo de epitafio.

Sobre la firma

Juan Diego Quesada

Es el corresponsal de Colombia, Venezuela y la región andina. Fue miembro fundador de El País América en 2013, en la sede de México. Después pasó por la sección de Internacional, donde fue enviado especial a Irak, Filipinas y los Balcanes. Más tarde escribió reportajes en Madrid, ciudad desde la que cubrió la pandemia de covid-19.

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