Jordania amenaza con quebrarse bajo el peso de los refugiados sirios

Son ya 544.000 los refugiados sirios en el reino hachemita. La mayoría vive fuera de los campos. La vida se ha encarecido para los jordanos. Muchos sirios deciden regresar a su país.

Un refugiado sirio carga con provisiones de alimento en el campo de refugiados sirios de Zatari.
Un refugiado sirio carga con provisiones de alimento en el campo de refugiados sirios de Zatari.JAMAL NASRALLAH / EFE

“La guerra es mejor que esto”. Mohamed Rifai tiene 17 años y trabaja de camarero, de forma ilegal, en un restaurante en la calle principal de Mafraq, una localidad en la frontera norte de Jordania. Está a sólo 30 kilómetros de su verdadero hogar, en la ciudad siria de Deraa, donde comenzaron las protestas contra el régimen Bachar el Asad hace 27 meses. Cuatro meses atrás este joven luchó brevemente con el Ejército Libre Sirio. Le gustaría volver a hacerlo. Pero de momento no puede regresar. De su sueldo mensual de 170 dínares (unos 180 euros) depende su familia de seis miembros, que vive en un pequeño apartamento de una forma dolorosamente temporal, a la espera de que de Siria lleguen noticias del fin de una revuelta que se ha cobrado casi todo lo que tenían en la vida.

Muchos refugiados sirios se han cansado de esperar en la pobreza y están volviendo a su país. En los primeros 25 días de junio cruzaron la frontera de regreso más de 9.000 personas. Sólo el día 19 volvieron, con la ayuda del Gobierno jordano, 3.996, cuando la media diaria en los pasados meses ha sido de unos 100. Aun así, siguen siendo más los que huyen del conflicto, llegando a Jordania en cantidades ingentes. En lo que va de mes superan ya los 12.000. El Gobierno jordano estima que cuando rebase la cifra de 600.000 refugiados sirios, algo que al ritmo actual sucederá en los próximos meses, el coste para la economía nacional será de casi 400 millones de euros.

El peso económico y social de esos refugiados es enorme sobre Jordania, y ha provocado fricciones y muchos momentos de angustia y tensión. “Han hecho que la vida se encarezca mucho. Antes los precios eran más baratos”, explica Hussein Mashagaba, de 63 años, en su frutería en Mafraq, con un patente resentimiento. “Muchos sirios han abierto sus propias tiendas, y hacen dinero mientras reciben ayudas de las organizaciones humanitarias. En muchos casos incluso venden esos alimentos que reciben totalmente gratis”, añade.

Son 398.000 los sirios que viven fuera de los campos de refugiados en Jordania, familias enteras que han cruzado la frontera ilegalmente cuando sus casas han quedado destrozadas por fuego de artillería y misiles. Hasta julio de 2012 entraban directamente en Jordania y se asentaban en villas y ciudades. En aquel mes abrió el primero de seis campos de refugiados, Zatari, por el que ahora pasa la inmensa mayoría de desplazados, antes de salir a asentarse en los centros de población. En esos campos quedan 146.000 sirios, que reciben comida y asistencia médica directa de Naciones Unidas.

En total, un 10% de la población de Jordania, que es de 6,8 millones, lo conforman ya desplazados sirios. “Cuatro millones de refugiados viven en Jordania. Palestinos, libaneses, iraquíes y, ahora, sirios. Y ya está bien”, explica Anmar Al Hmoud, coordinador del comité especial jordano para los refugiados sirios. “Hemos sido muy tolerantes desde el principio, ante tantos refugiados, en tan grandes cantidades, en una zona tan pequeña. En el contexto de la llamada primavera árabe no queríamos emplear fuerza excesiva. Y el flujo continuó. Y cuanto más tolerante eres, más abusa de tu confianza la otra parte”, añade.

Jordania ofrece a los refugiados asistencia básica como atención médica gratuita y escolarización a los niños. Los desplazados no pueden trabajar, aunque muchos acaban haciéndolo de forma ilegal, por sueldos ínfimos. Los jordanos desempleados se ven con menos opciones de encontrar puestos de trabajo, cuando el paro supera el 12%. Los alquileres han aumentado notablemente en los pasados meses. Y, descontentos, algunos sirios incluso se han unido a las no muy grandes pero frecuentes manifestaciones en contra del Gobierno que tienen lugar, sobre todo, en Ammán, la capital.

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“¿En qué momento se quiebra el sistema? ¿Cuánta más presión puede seguir absorbiendo la infraestructura de Jordania sin recibir la ayuda necesaria?”, se pregunta Andrew Harper, coordinador humanitario de la ONU en Jordania. “Hay una gran cantidad de familias lideradas por mujeres”, añade. “Las mujeres, en situación de carestía, tienen como prioridad alimentas a sus hijos, y se pueden ver forzadas a hacer cosas que no deberían hacer, como la prostitución”. En total, un 54% de los refugiados sirios en Jordania son niños y un 52,2%, mujeres.

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