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Los planes petroleros de China sufren un tropiezo en Costa Rica

Se frena la instalación de una refinería en el Caribe, el principal proyecto chino con su único aliado en Centroamérica

La presidenta de Costa Rica recibe al presidente chino.
La presidenta de Costa Rica recibe al presidente chino. EFE

Era el viernes 8 de junio del 2007 y llegaba a Costa Rica el primer diplomático chino, 24 horas después de que el presidente Óscar Arias anunciara que Costa Rica se había convertido ya en el primer aliado de Pekín en Centroamérica. El funcionario Wang Wei Wa era la primera voz oficial china en la primera conferencia de prensa y uno de los primeros proyectos que mencionó fue el construir en suelo costarricense una planta refinadora de petróleo. Planteaba de entrada un megaproyecto.

Ese proyecto fue tomando forma en los cinco años siguientes. Lo reafirmó el presidente Hu Jintao cuando llegó a Costa Rica en 2008 y su sucesor, Xi Jinping, ahora en junio, durante su visita al país base para los intereses chinos en Centroamérica, una región clave por su ubicación geográfica. Pekín y San José pretendían empezar la construcción de la refinería este mismo año a pesar de crecientes dudas legales, financieras y ambientales, pero un dictamen de la Contraloría de la República dejó todo al borde del precipicio.

El proyecto, previsto para una inversión de más de 1.300 millones, quedó frenado porque la entidad controladora de los trámites del Gobierno confirmó irregularidades en el estudio de factibilidad hecho por la empresa Soresco, formada por capital público chino y costarricense para levantar la nueva refinería. El estudio lo realizó la firma china HQCEC, relacionada con China National Petroleum Corporation International, socia en Soresco de la estatal Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), entidad que tampoco logró precisar los beneficios que tendría la planta refinadora para Costa Rica. Su presidente, Jorge Villalobos, renunció este jueves al conocer las objeciones de la Contraloría.

El dictamen indicó también que la rentabilidad proyectada para la refinería, de 16,28%, podría estar sobreestimada, entre otros señalamientos. Se confirman así numerosas dudas surgidas en sectores académicos y políticos sobre la conveniencia y la legalidad de la refinería. Ahora China deberá esperar a que el Gobierno de Laura Chinchilla, a diez meses de su salida, replantee el proyecto que permitiría a la potencia asiática participar de una refinería que, según analistas, le serviría a mediano plazo para procesar petróleo que obtiene de sus surtidores de la región, en especial Venezuela.

No lo tiene fácil Chinchilla, que enfrenta mil y un problemas de legitimidad, opositores políticos activados por la cercanía de la campaña electoral y hasta críticas del candidato oficialista, Johnny Araya, por el manejo errático de proyectos de infraestructura de gran calado. La representación diplomática china no ha comentado aún intenciones o posibilidades de volver a negociar para revivir el plan, nacido como alternativa a una opción de refinería multilateral que China tanteó en 2007 con otros países de la región. Esta opción con Costa Rica está proyectada para procesar 65.000 barriles diarios, 15.000 más del consumo promedio costarricense.

Además de las dudas legales y financieras, el gobierno de Chinchilla recibió críticas por llevar adelante un proyecto petrolero que chirría con el discurso ecologista y de promoción de energías limpias, además de contradecir la intención de convertirse en un país carbono-neutral en el 2021, año en que cumple 200 años de independencia. “Instalar una refinería en Costa Rica es un giro al pasado”, escribió hace dos semanas Mónica Araya, una experta en cambio climático que representaba a Costa Rica en negociaciones internacionales. Ella denunció en la prensa haber sido retirada de tales funciones después de su opinión opuesta a la refinería, por decisión del ministro de Ambiente, René Castro.