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El programa nuclear sobrevuela las urnas

El principal favorito es Said Yalilí, actual jefe del equipo negociador atómico

Las fotos de los candidatos electorales copan las portadas de los periódicos en un quiosco de Teherán.
Las fotos de los candidatos electorales copan las portadas de los periódicos en un quiosco de Teherán. AFP

¿Qué candidato conviene más a Occidente para reducir la tensión respecto al programa nuclear de Irán? Es la pregunta que sin duda se hacen en estos momentos muchos analistas y diplomáticos europeos y estadounidenses. La preocupación, aunque de distinta forma, también existe en Teherán. El hecho de que el favorito del régimen en las próximas presidenciales sea Said Yalilí, el actual jefe del equipo negociador nuclear, da una idea de la centralidad de ese asunto para los gobernantes de la República Islámica. Se ha convertido en un axioma que cualquiera que sea el presidente elegido no tendrá ningún impacto en la política nuclear de ese país. Es una afirmación que hacen tanto los portavoces iraníes como los expertos extranjeros. Sin embargo es cierta solo a medias.

Como el resto de los asuntos de política exterior y de seguridad nacional, el programa nuclear, que Irán niega que tenga objetivos militares como sospechan Israel, Estados Unidos y sus aliados, depende directamente de la máxima autoridad, el líder supremo Ali Jamenei. El propio Yalilí reiteró hace unos días en una entrevista con Euronews que “los resultados de las próximas elecciones no van a afectar a las actividades de enriquecimiento, que van a continuar a toda máquina”.

Precisamente el enriquecimiento es el punto de fricción. Ese proceso sirve para fabricar combustible nuclear, que Irán asegura necesitar para sus futuras centrales eléctricas atómicas (la única en funcionamiento, la de Bushehr, recibe el combustible de Rusia), pero también para producir el material fisible de las bombas nucleares.

Hasta ahora, se supone que asesorado por sus hombres de confianza, tanto entre el clero como en el cada vez más políticamente relevante Cuerpo de Guardianes de la Revolución (Pasdarán), el líder supremo, Ali Jamenei, ha rechazado limitar los trabajos de enriquecimiento a pesar de las devastadoras sanciones internacionales y las amenazas de posible ataque militar. Este empecinamiento se ha interpretado como prueba de que el dossier nuclear se ha convertido en la última tabla de salvación del régimen.

A pesar de esta situación, la experiencia demuestra que no es irrelevante quién sea el presidente que esté al frente del Gobierno. Tras descubrirse en 2002 el programa secreto en el que Irán había estado trabajando durante casi dos décadas, la voluntad de mayor apertura internacional y disposición al diálogo del reformista Mohamed Jatamí (1997-2005) permitió lograr una suspensión del enriquecimiento durante dos años.

Según defiende Hossein Mousavian en su libro The iranian nuclear crisis, fue la falta de recompensa adecuada y no el cambio de Gobierno tras la elección de Mahmud Ahmadineyad lo que motivó que se reanudara el controvertido proceso.