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La superviviente de Bangladesh: “No pensé que vería de nuevo la luz”

Rescatada una costurera 17 días después del colapso de un edificio de talleres en Bangladesh

Con 1.050 muertos, es el peor desastre industrial tras Bhopal

Bangladesh, conmocionado por el colapso de un edificio de talleres textiles que ya ha matado a un millar de personas que intentaban ganarse la vida, siguió este viernes en directo por televisión los 45 minutos que duró el rescate de Reshma Begum. La dicha fue absoluta cuando la vieron, viva, en una camilla, vestida de morado con un fular fucsia. Diecisiete días después del desastre que ha colocado en primer plano las condiciones en que se cose la ropa que comercializan las grandes marcas internacionales, un oficial del cuerpo de ingenieros del Ejército bengalí oyó un ruido entre los escombros y una vocecilla que decía “sálvame”; mandó parar las máquinas, según el diario local The Daily Star. Era Begum, golpeando con un riel de cortina. “Los últimos días oía las voces de los rescatadores. Golpeaba las ruinas con palos y piedras, pero nadie me oía. Nunca soñé con volver a ver la luz”, declaró a un canal de televisión desde el hospital adonde fue trasladada en un estado envidiable dadas las circunstancias.

“Encontré algo de comida deshidratada. Eso es lo que comí durante 15 días. Los últimos dos días solo tenía agua. Solo bebía un poquito, para guardarla. Encontré unas botellas de agua”, explicó la mujer. Nadie creía que todavía se pudiera localizar a alguien vivo. Begum, originaria de un pueblo a 270 kilómetros de Dacca, era parte de ese ejército de costureras (la mayoría mujeres jóvenes) que cose prendas que se venden a precios irrisorios en tiendas de todo el mundo. Las marcas Primark, El Corte Inglés, Bon Marché, Joe Fresh y Benetton confirmaron que tenían producción en el edificio siniestrado y han anunciado ayudas. Mango había hecho un pedido de prueba.

1,5 céntimos duplicarían un sueldo

N. G.

Empresas textiles internacionales y el sindicato IndustriALL, que representa a 50 millones de trabajadores en 140 países, negocian un acuerdo sobre seguridad y prevención de incendios en edificios de Bangladesh. La urgencia obedece a la magnitud de la tragedia del edificio Rana Plaza —más de mil muertos y 2.500 heridos— y a que cuando ocurrió solo habían pasado cinco meses desde el anterior desastre, un fuego que mató a 112 personas en la factoría Tazreen. Reunidas a finales de abril en Alemania, ambas partes se dieron de plazo hasta el día 15 para lograr un acuerdo.

IndustriALL sostiene, en una nota, que “la responsabilidad de las empresas se ilustra con el pequeño porcentaje de los beneficios que destinan a costes laborales y de seguridad”. Y ofrece los siguientes datos: “1,5 céntimos de euro de beneficio medio en una camiseta duplicaría el salario de quien lo ha hecho en Bangladesh. 7,7 céntimos de beneficio en cada prenda pagarían la transformación de las normas de seguridad en toda la industria”.

Tras la tragedia de Tazreen el sindicato y una red de ONG propusieron un pacto que solo suscribieron la empresa dueña de Tommy Hilfiger y Calvin Klein, la estadounidense PVH, y la alemana Tchibo. El objetivo de los activistas es que las empresas se adhieran a ese pacto, o que, al menos, se acuerden unos mínimos que incluyan un sistema coordinado de inspecciones.

El Gobierno de Bangladesh se ha comprometido ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que envió una misión a Dacca, a una reforma laboral que garantice el derecho a sindicarse y a la negociación colectiva, y a reclutar y formar a centenares de inspectores.

El sector del textil —clave para ese crecimiento económico superior al 6% en el que Bangladesh lleva años instalado— ocupa a más de tres millones de personas y supone un negocio de 15.000 millones. Las grandes compañías del sector desembarcaron allí atraídas por el salario mínimo más miserable del mundo (29 euros al mes) ante el aumento de costos en China. Begum y su hermana, empleada en otra empresa textil, vivían de alquiler en Dacca. La hermana y la madre de ambas hicieron guardia junto a los escombros durante días, como el viernes seguían haciendo centenares de parientes de desaparecidos.

Las investigaciones apuntan a que el edificio se derrumbó como si fuera de papel cuando encendieron unos potentes generadores tras un corte de luz. Las vibraciones de los generadores, sumadas a las de las miles de máquinas de coser, pudieron con la frágil estructura del edificio —construido sobre terreno inestable y con tres pisos levantados sin permiso— en el que la víspera habían aparecido unas grietas que preocuparon a los trabajadores. Muchos se quejaron a sus jefes pero, al día siguiente, el de la tragedia, fueron obligados a regresar a sus puestos.

Begum contó a la televisión Somoy que trabajaba en la segunda planta y que, cuando el edificio empezó a caerse, corrió con otros hacia la escalera, donde quedó atrapada, sola, en un hueco. El dueño de inmueble, un jefecillo local del partido gobernante metido a empresario textil como muchos, está detenido.

Las autoridades, temerosas de que las grandes compañías extranjeras del textil se planteen irse a otro país preocupadas por los accidentes y el consiguiente daño a su reputación, cerraron esta semana 18 fábricas por falta de seguridad, aunque seis reabrieron tras la inspección. El verano pasado había 18 inspectores para controlar los miles de talleres de la capital, según denunció Human Rights Watch.

Este desastre es ya el mayor de la industria en ese país acostumbrado a los accidentes —el miércoles murieron ocho personas en un incendio nocturno en otra empresa de confección— y el más grave del sector tras el de Bhopal —un escape químico que mató a 15.000 personas en India en 1984—. Además del millar de muertos, el derrumbe dejó unos 2.500 heridos, incluidos numerosos mutilados. Y además han perdido sus trabajos. La red internacional Ropa Limpia —integrada por ONG y sindicatos— pidió a las compañías que fabricaban en el Rana Plaza que mantuvieran los sueldos y que ayudaran a pagar la asistencia médica. La Asociación de Fabricantes y Exportadores del Textil de Bangladesh empezó esta semana a pagar sueldos a los supervivientes, según la prensa local.

Los equipos de rescate recuperaron hasta ayer 1.050 cadáveres. La cantidad ha aumentado exponencialmente desde que abandonaron la búsqueda manual, cuatro días después del colapso, para utilizar excavadoras. Los cadáveres en los que hallan un DNI o un teléfono móvil son más fáciles de identificar, el resto requiere análisis de ADN.

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