Líbano nombra un nuevo primer ministro “de consenso”

El moderado Tammam Salam debe desbloquear las negociaciones para convocar elecciones Arabia Saudí gana peso ante la crisis siria

 Tammam Salam, sentado al lado de una foto de su padre, el exprimer ministro Saeb Salam, en su casa de Beirut, el viernes
Tammam Salam, sentado al lado de una foto de su padre, el exprimer ministro Saeb Salam, en su casa de Beirut, el viernesNABIL MOUNZER (EFE)

Líbano tiene desde hoy un nuevo primer ministro de consenso. El prosaudí moderado Tammam Salam ha sido nombrado este sábado como sucesor del magnate prosirio Najib Mikati , tras haber recibido el visto bueno de 124 de los 128 diputados. “Agradezco a todos los grupos la confianza que me han dado”, ha declarado esta mañana, después de recibir la confirmación del cargo, “este consenso en este preciso momento ayuda a revitalizar la democracia”. Salam, hasta ahora diputado independiente por Beirut vinculado al liberal Movimiento del Futuro del ex primer ministro Saad Hariri, debe formar un Ejecutivo que desbloquee la situación de parálisis institucional en la que se encuentra el país.

El nuevo primer ministro ha resaltado instantes después de su nombramiento la necesidad de someter su mandato a los “intereses nacionales” y ha hecho hincapié en su imagen de independiente: “No me he comprometido con ninguna fuerza política. Todas las dicusiones sobre la formación de un nuevo Gobierno están sujetas a consultas”.

Salam fue propuesto el jueves como candidato de consenso tras una reunión mantenida en Arabia Saudí entre Hariri y el líder druso Walid Jumblat. El respaldo de Jumblat, integrante del anterior Gobierno y cercano a las exigencias de las fuerzas chiíes, ha garantizado el visto bueno imprescindible de Hezbolá, némesis política de Hariri, y sus aliados de Amal.

El nuevo primer ministro ha hecho hincapié en su imagen de independiente

Tras el nombramiento, la primera medida del presidente Michel Suleiman ha sido la firma de un nuevo decreto que retrasa las elecciones una semana, hasta el 16 de junio. El anterior Ejecutivo se vio obligado a dimitir en bloque  el pasado 23 de marzo ante la incapacidad de lograr un acuerdo en torno a las a las reformas necesarias para celebrar las elecciones este mismo año.

Tras casi un año de negociaciones infructuosas, el principal escollo es alcanzar la unanimidad en torno al sistema de distribución de voto, del que depende el peso de cada una de las comunidades mayoritarias (cristianos, chiíes y suníes) en el Parlamento. El propio Nahib Berri, presidente del Parlamento y líder de Amal, reconocía el viernes que “todos deberían cooperar por el futuro de Líbano” y justificaba la elección de Salam para encabezar “un Gobierno de consenso nacional” en un momento de máxima tensión en el país.

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La designación del suní Tammam Salam como primer ministro (la ley obliga a otorgar la jefatura del Gobierno a un suní para mantener el equilibrio sectario; la presidencia del Gobierno y del Parlamento se otorgan a un maronita y un chií, respectivamente) supone un giro con respecto al anterior Ejecutivo prosirio.

La designación del suní Tammam Salam como primer ministro  supone un giro con respecto al anterior Ejecutivo prosirio.

Salam, de 67 años y descendiente de una importante saga política libanesa, mantiene estrechos lazos con la familia real saudí, que financia la fundación caritativa que preside, y con el partido de Saad Hariri, en cuyas listas ha llegado a concurrir sin afiliarse definitivamente. Su nominación recibió el espaldarazo definitivo en Riad un día antes de iniciar la ronda de consultas para su nombramiento.

Ex ministro de Cultura en 2008 bajo el Gobierno liberal de Fuad Siniora, Salam ha apoyado la imputación de miembros de Hezbolá como responsables del asesinato en 2005 del entonces primer ministro Rafiq Hariri. Sin embargo, su oposición a la inclusión del partido-milicia en la lista negra de organizaciones terroristas y la conformidad con que mantenga su arsenal armamentístico le han granjeado el apoyo imprescindible del grupo chií, alineado con el régimen sirio de Bachar el Asad.

“El consenso entre los partidos políticos para nombrar a Salam (…) da a los libaneses alguna esperanza de que la nueva etapa liderada por él puede ser buena”, se ha pronunciado el embajador saudí en Líbano, Awad Asiri, quien confía en que el país sea “capaz de formar un equipo coherente” para superar la inestabilidad que sacude la región.

Más allá de deshacer el bloqueo sobre el proceso electoral, el nuevo primer ministro deberá aglutinar el apoyo de ambas fuerzas en otros asuntos que les enfrentan frontalmente, desde la composición de un Ejecutivo donde las carteras de Energía y Telecomunicaciones son las más disputadas, hasta la reactivación del Diálogo Nacional sobre el desarme de las milicias libanesas y la maltrecha política de disociación con respecto a la crisis siria, que amenaza con contagiar al estado levantino 

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