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COLUMNA

Merkel y la izquierda

La política del euro “fuerte” ha fortalecido a Alemania estos 10 últimos años; ha aplastado la competencia en Europa y ha impedido a los países en crisis poder relanzar sus economías

La crisis del euro ha demostrado varias tendencias de fondo en la zona monetaria. Primero: las causas de la crisis proceden no de las malas políticas adoptadas por algunos países (salvo Grecia), sino fundamentalmente de desequilibrios previos a la puesta en marcha del euro y de divergencias de los fundamentales entre los menos industrializados y los de la locomotora (Alemania, Países Bajos, Francia, Austria). En lugar de construir una zona monetaria orientada hacia la convergencia, desde 2004-2005 la zona entró en un ciclo de divergencias estructurales.

Segundo: la crisis mundial de los productos basura, desvelando un endeudamiento destructor e insostenible, empujó a los países sin tejido industrial competitivo ni importante capacidad exportadora, —aun teniendo una política presupuestaria sana (España, por ejemplo)— al precipicio. Tercero: los mercados financieros, responsables de la crisis mundial, teniendo en cuenta la derrota de las élites políticas frente a esta situación, atacaron a los países tocados, especulando sobre sus endeudamientos. La prima de riesgo se disparó y los efectos destructores de la crisis se multiplicaron, haciendo de los países del sur de Europa un paisaje de guerra social con millones de parados.

Cuarto: la crisis del euro también demostró la vacuidad del concepto de Europa. El retraso de la Europa política frente a la económica dejó desde el principio que dos países, Alemania y Francia, tomasen las riendas, repitiendo una única consigna: “rigor y más rigor”. Por supuesto, la responsabilidad de los bancos de los países del sur de Europa era y es enorme. La creación de los mecanismos de rescate fue un alivio, pero no solucionó nada, pues no tocó los problemas de fondo que yacen sobre todo en los desequilibrios internos de la zona euro. En la reunión de Bruselas en junio de 2012 se adoptaron pocas decisiones estructurales, tan solo el mantenimiento de la política de estabilidad sin verdaderas medidas para el relanzamiento de la economía.

Quinto: aquí radica otro nivel de contradicciones, esta vez entre Francia y Alemania. La situación desastrosa en cuanto al crecimiento a nivel europeo la debemos fundamentalmente a la política alemana de deflación salarial, de ahorro forzado y de exportación dentro de la zona euro, puesta en marcha a partir de 2002-2003. En este sentido, también se puede decir que la crisis del euro tiene que ver con la estrategia financiera alemana. La política del euro “fuerte” ha fortalecido a Alemania estos 10 últimos años; ha aplastado la competencia en Europa en beneficio de este país y ha impedido a los países en crisis poder arrancar un nuevo ciclo de crecimiento. La conclusión es obvia: es una política que somete la zona euro a los intereses alemanes. Francia puso, en enero, el dedo en las heridas provocadas por la política del euro fuerte. Pero Alemania hace oídos sordos, no quiere cambiar de orientación monetaria, no quiere una política de relanzamiento común a escala europea (la única salvación para Europa). El porqué de esta ceguera no se puede aclarar a día de hoy, pero llegará el momento en que se desvele…

Ahora Francia ha entrado en la tormenta. Frente al eje Comisión Europea-Berlín, tiene que someterse a una cura de rigor drástica, aniquilando las promesas electorales de François Hollande. El país padece “un crecimiento negativo” (en torno al 0,3% del PIB para 2013), eufemismo para no confesar una recesión “pasiva”, es decir, el inmovilismo paralizante de la economía. Ninguno de los objetivos para este año va a ser conseguido: seguirán el déficit más allá del 3%, el aumento de los impuestos, del paro y la reducción de las políticas públicas. Este ahogo resulta de los objetivos impuestos por el pacto de estabilidad europeo. Bien lo sabe Hollande, ya que busca apoyo a nivel europeo para obligar a Angela Merkel a adoptar medidas de relanzamiento (lo que significa, por lo menos: flexibilidad del déficit, bajada de nivel del euro e inversiones productivas en obras europeas). La tragedia es que en la zona euro no hay nadie que apoye esta vía, pues los Gobiernos liberales se aprovechan de la situación para privatizar y acabar con los últimos acervos sociales. El liberalismo europeo ha destrozado la alternativa socialista: ¿va a acabar con la izquierda el euro “fuerte” impuesto por Angela Merkel?