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Transición en la derecha francesa

La UMP declara ganador a Copé y Fillon le acusa de “golpe”

Los perdedores maduran la posibilidad de formar grupo parlamentario propio

Jean-François Copé comparece hoy ante la prensa en París.
Jean-François Copé comparece hoy ante la prensa en París. AFP

La guerra civil que vive la Unión por un Movimiento Popular (UMP) se recrudeció este lunes cuando el Comité Nacional de Recursos del grupo opositor francés dictaminó que el ganador definitivo de las primarias por la jefatura del partido celebradas hace ocho días es Jean-François Copé, con un resultado de 86.911 votos contra 85.959 de François Fillon, es decir, 952 votos de ventaja. El nuevo presidente oficial, paladín de una derecha sin complejos, admitió la existencia de “numerosos fraudes”, pidió a François Fillon que no lleve a la justicia “a su partido, a su familia política”, y le ofreció sumarse a la nueva dirección. “Necesitamos a Fillon”, enfatizó, prometiendo que nunca pactará con la extrema derecha.

Pero el líder de la corriente centrista no aceptó, un día más, la decisión del aparato controlado por Copé, la definió como ilegal, y acusó a su adversario de “hacerse proclamar ganador mediante un golpe”. La indignación de los fillonistas, que ha ido in crescendo desde que su oponente se atribuyera la victoria antes de que fueran públicos los primeros y ajustadísimos resultados oficiales, subió de tono tras su tercera proclamación de victoria, lo que anoche parecía conducir al partido hacia un largo conflicto judicial y una escisión probable.

 Los seguidores de la facción comandada por el ex primer ministro se reunirán el martes por la mañana en la Asamblea Nacional para, entre otras cosas, decidir si abandonan la disciplina de la UMP y forman un grupo parlamentario propio. De confirmarse, esto supondría la ruptura en dos mitades casi perfectas del partido conservador, cofundado en 2002 por Jacques Chirac y Alain Juppé, y presidido desde 2007 hasta ahora por Nicolas Sarkozy.

 La batalla fratricida entre los aspirantes a suceder al exjefe del Estado no supone una novedad en una derecha francesa que desde Charles De Gaulle se caracteriza por el culto a la personalidad y por las feroces luchas de egos. La novedad es que nunca hasta ahora los posgaullistas habían elegido a su líder en unas primarias convocando a sus militantes al voto. El caótico desarrollo de los comicios y su desastroso desenlace sugieren que quizá este sea el primer y último ensayo democrático de ese tipo.

Algunos analistas opinan que el culpable y beneficiario de la fractura ideológica y moral que ha despedazado de la UMP es Nicolas Sarkozy. El exlíder carismático abandonó ayer su retiro para hablar por teléfono con Copé y almorzar con Fillon. La presunta mediación no fue precisamente un éxito, aunque ambos candidatos presumieron de haber mantenido contactos “muy calurosos” con el político populista. Tras el almuerzo, Fillon pidió a la justicia civil que enviara procuradores a la sede de la UMP para requisar todas las papeletas, pero el partido alegó que no podía porque eso “paralizaría su actividad”.

 El equipo del perdedor oficial informó de que, de los 25 colegios electorales impugnados por Fillon, el comité de recursos no analizó siquiera uno. Y afirmó que Copé obtuvo al menos 30.000 votos a través de procuraciones (sufragios delegados por los militantes en otra persona) poco claras o directamente inventadas. Por supuesto, continuará.