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La OIEA dice que Irán avanza su programa nuclear pese a las sanciones

El informe trimestral del organismo concluye que, con la instalación de más de 2.700 centrifugadoras, el país está preparado para aumentar la producción de uranio enriquecido

Irán ha terminado de instalar las 2.784 centrifugadoras previstas en la planta nuclear de Fordow, un bunker bajo una montaña a un centenar de kilómetros de Teherán, con lo que a partir de ahora puede aumentar su producción uranio enriquecido. Así lo afirma el informe trimestral que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) entregó ayer [ha entregado esta tarde para la web] a los países miembros, y que difundió la agencia Reuters. Casi un tercio de esos aparatos se han montado desde el pasado agosto, un gesto que confirma el empeño nuclear iraní a pesar del daño que le están causando las sanciones internacionales y agranda los recelos occidentales sobre sus intenciones.

De momento, solo 700 de esas centrifugadoras están activas, aunque según el informe su número podría doblarse muy pronto, incrementando la capacidad de la planta de Natanz, donde ya hay 7.000 máquinas en marcha. La misión de esos aparatos es enriquecer uranio, algo que a niveles del 5% sirve para producir combustible para las centrales nucleares, pero si alcanza el 90% se convierte en material fisible para una bomba atómica. A pesar de media docena de resoluciones de la ONU pidiéndole que interrumpa sus actividades nucleares hasta que deje clara su naturaleza civil, Irán insiste en que el Tratado de No Proliferación (TNP), del que es signatario, le da derecho a enriquecer y se niega a aceptar la suspensión.

Según el OIEA, Irán ha producido casi 233 kilos de uranio enriquecido al 20% desde 2010, los últimos 43 desde el pasado agosto. De todas formas, el informe también asegura que 93 kilos de ese material se han convertido en combustible para un reactor. Ese dato es importante porque aleja la posibilidad de que se enriquezca más hasta alcanzar el grado suficiente para una bomba. De ahí que fuentes diplomáticas insistan en que da tiempo para seguir buscando una salida diplomática al atolladero en que se ha convertido este asunto. También explicaría que desde hace algunas semanas Israel haya dejado de amenazar con un ataque inminente a las instalaciones nucleares iraníes.

De todos modos, el informe abre otros interrogantes como por qué Irán ha extraído combustible nuclear del reactor de la central de Bushehr, la única que hasta ahora ha construido. También refuerza las sospechas sobre el complejo militar de Parchin, a las afueras de Teherán, donde los inspectores sospechan que se han probado explosivos de alta potencia para detonar cargas nucleares. Después de reiteradas negativas en los últimos años, las autoridades iraníes habían dado a entender que iban a permitirles visitarlo el mes que viene, pero ahora el texto revela una “intensa actividad” de presunta limpieza que dificultaría seriamente la investigación.

Desde el verano de 2002, en que se descubrió el programa atómico secreto de Irán, sus responsables han estado jugando al ratón y al gato con los inspectores de la ONU, a la vez que sufrían el creciente aislamiento de Occidente y sus vecinos árabes, que desconfían de sus intenciones. Según un cálculo realizado por el diario británico The Telegraph, las sanciones internacionales le están costando a Irán 100 millones de dólares diarios.