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La reforma laboral bloquea las negociaciones para el rescate griego

El FMI presiona para recortar la indemnización por despido y el plazo de aviso

Manifestación en Atenas de médicos y enfermeros contra los recortes.
Manifestación en Atenas de médicos y enfermeros contra los recortes. AP

Dos veces comenzaron las negociaciones para evitar que Atenas caiga en la bancarrota y dos veces se interrumpieron. El motivo de este nuevo traspiés entre el Gobierno griego y los prestamistas internacionales es ahora la muy controvertida reforma del mercado laboral. Los temidos hombres de negro se levantaron este martes de la mesa en dos ocasiones ante la evidencia de que no iban a alcanzar un acuerdo con el Gobierno que encabeza el conservador Antonis Samarás sobre la paga a los funcionarios.

Los inspectores de la troika —Comisión Europea, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI)— no solo pretenden minimizar el coste de los trabajadores públicos. El FMI también presiona para impulsar medidas tan impopulares como recortar la indemnización por despido en el sector privado, reducir de seis a tres meses el plazo para comunicarlo, acabar con los aumentos salariales por antigüedad e imponer la semana laboral de seis días. Y no son estos buenos días para la popularidad del FMI, después de que el organismo multilateral admitiera la semana pasada que el impacto negativo de los recortes y subidas de impuestos en el crecimiento ha sido entre un 100% y un 300% superior al que había previsto.

“La situación está totalmente bloqueada”, aseguró a la agencia Efe un funcionario del Ministerio de Trabajo. Otras fuentes gubernamentales restaban importancia a la suspensión de las conversaciones. “No es una ruptura. Ya ha ocurrido más veces que se interrumpan estas negociaciones”, dijo un portavoz del ministerio, que sin embargo admitió que todavía hay serios desacuerdos entre las dos partes.

El representante del FMI, Poul Thomsen, abandonó la reunión que se celebró por la mañana para consultar con su jefa, la directora gerente del Fondo, Christine Lagarde. Dos horas y media más tarde, los inspectores volvieron a la mesa negociadora, que también se saldó con un fracaso. La cadena de televisión Skai no descartaba este martes que los contactos se retomaran en breve.

Pese al bloqueo en las negociaciones, el Gobierno griego da ya casi por descontado que finalmente recibirá los 31.500 millones del rescate que esperaba ingresar en julio para recapitalizar los bancos y pagar las deudas del Estado. Fuentes del Ministerio de Finanzas aseguran que el desembolso de dinero de europeo se producirá a finales octubre o a principios de noviembre, tras cerrar el plan de ahorro estimado en 11.500 millones.

Samarás tiene cada cada vez mayores problemas para mantener la unidad de una coalición en la que también participan los socialistas del Pasok y el partido de izquierdas Dimar. “Las peticiones de la troika alimentan la recesión y disparan el desempleo”, dijo el líder de Dimar, Fotis Kuvelis. Alexander Tsipras, jefe de la izquierda radical Syriza, ya habla abiertamente de un inminente caída del Gobierno.

En las cancillerías europeas se instala el convencimiento de que finalmente la gravedad de la recesión les obligará a flexibilizar los plazos de reducción del déficit que exigen a Grecia y a conceder alguna medida más de gracia. Pero mientras tanto, sus inspectores tratan de arrancar reformas que incluso un Gobierno proausteridad como el de Samarás considera inaceptables.

Por ahora, los sindicatos ya han convocado otra huelga general para el próximo jueves 18 de octubre, la quinta en lo que va de año. Se celebrará el mismo día en el que comienza la cumbre de líderes europeos. Los representantes de los trabajadores amenazan con incendiar las calles mientras el primer ministro esté en Bruselas, como ya hicieron el pasado 26 de septiembre entre insultos a los agentes de policía como “traidores” o “cerdos de Merkel”.