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La derrota pone a prueba la unidad de la oposición

La frustración tras la nueva victoria de Chávez puede poner en peligro hasta la propia unión de los opositores

Henrique Capriles reconoce su derrota el domingo por la noche.
Henrique Capriles reconoce su derrota el domingo por la noche. REUTERS

“No se sientan derrotados, siéntanse orgullosos. El camino se construyó. Hemos sembrado muchas semillas por toda Venezuela”. Con estas palabras trató de elevar la moral de sus partidarios el líder de la oposición, Henrique Capriles, nada más reconocer su derrota ante el presidente Hugo Chávez la noche del domingo. Y ayer volvió a la carga a través de su cuenta de twitter al escribir: “Voy a seguir trabajando y no están solos, somos millones”. Pero todo aliento será poco para sacar a sus simpatizantes del abatimiento y frustración que ha generado el resultado electoral. Los opositores habían concebido grandes esperanzas, tal como se había desarrollando la campaña, de que esta vez sí era posible ganar al comandante y evitar seis años más de populismo excluyente.

La oposición, unida por primera vez bajo el rótulo de Mesa de la Unidad Democrática (MUD), alianza de una veintena de partidos que van desde la derecha a grupos afiliados a la Internacional Socialista, había encontrado al fin un líder con identidad popular y cuya juventud le hacía inmune a cualquier ataque por complicidad con el viejo sistema político que colapsó en 1998. Capriles además hizo una gran campaña, recorriendo el país varias veces, dando dos mítines diarios, con un discurso centrado en la incompetencia de los Gobiernos de Chávez, que aceptaba su obra social y evitaba entrar en el cuerpo a cuerpo de las descalificaciones. La victoria parecía estar cerca.

Pero el sueño se desvaneció la noche del domingo y ahora la frustración de la derrota puede poner en peligro hasta la propia unión de los opositores. Ramón Guillermo Aveledo, secretario ejecutivo de la MUD, se apresuró a enviar ayer un mensaje de tranquilidad: “La unidad no se va a acabar. Debe permanecer. Hay un camino y sería lamentable que perdamos todo lo que hemos ganado. No tenemos un país de repuesto”.

Esa unidad se pondrá a prueba en las elecciones a la gobernación de varios Estados y alcaldías previstas para mediados de diciembre. Algunos analistas creen que dentro de la MUD algunos partidos se pedirán explicaciones unos a otros por el fracaso electoral del domingo. En concreto, no se explican cómo se pudo perder en el Estado de Zulia, territorio teórico del partido Nuevo Tiempo. La candidatura de Capriles solo venció en dos Estados –Táchira y Miranda- de los 24 que forman la República de Venezuela. Sin embargo, mantener la MUD parece la única garantía de lograr un resultado que sirviese de consuelo y consolidación del proyecto político opositor y evitar que sus simpatizantes, galvanizados ayer por esta campaña, vuelvan a la abstención mañana.

La oposición, pese a perder, obtuvo más de seis millones de votos, el 44.5% de los votos, a nueve puntos de Chávez, la distancia más corta lograda hasta ahora en las elecciones celebradas en estos 14 años, que suponen casi dos millones más que los obtenidos en 2006 . Ese año, el comandante venció al candidato opositor entonces, Manuel Rosales, por el 25,94% de los sufragios; en 2000 a Francisco Arias Cárdenas por el 37,52% de diferencia y el 1999 a Henrique Salas Romer por el 31,48%.

Algunos opositores desempolvaron ayer la idea de fraude, pero era un debate estéril una vez que Capriles había aceptado desde el principio las reglas del juego. La oposición era plenamente consciente de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) estaba dominado por miembros chavistas en su dirección –cuatro rectores del oficialismo por uno solo de la oposición- y de que había hecho la vista gorda durante los meses de campaña al uso y abuso por parte de Chávez de los recursos del Estado. Pero nunca puso en duda que técnicamente en lo que se refiere al escrutinio de los votos el CNE era irreprochable.

El chavismo puede haber ejercido coacciones sobre los votantes o contar con un inmenso voto cautivo ganado con los subsidios, pero eso solo no explica su abultada victoria. La oposición debe buscar en sus propias filas los razones de la derrota, desde el fracaso para movilizar la simpatía espontánea que despertó hasta su relación con un pasado que aún hoy para millones de venezolanos sigue asociado a la corrupción de las élites pasando por una visión de su país, donde los excluidos ha sido considerados tradicionalmente figurantes de la historia.