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El asesinato de Marisela Escobedo, la madre mexicana que protestó demasiado

Detenido el supuesto homicida de una mujer que fue ejecutada en medio de su campaña de denuncia por la muerte de su hija. El acusado dice que Los Zetas dieron la orden

J. E. Jiménez Zavala, supuesto asesino de Marisela Escobedo.
J. E. Jiménez Zavala, supuesto asesino de Marisela Escobedo.

A Marisela Escobedo le mataron a su hija Rubí Marisol Frayre en 2008. Doña Marisela no se resignó a que el caso fuera tragado por el hoyo negro de la impunidad mexicana que provoca que 98 de cada cien delitos queden impunes. Primero en Chihuahua, luego en todo México, se escuchó su reclamo de justicia. Fueron meses de activismo que lograron la detención y el juicio al asesino de Rubí, ni más ni menos que la expareja sentimental de su hija. Pero los jueces dijeron no encontrar pruebas de la culpabilidad del detenido y lo liberaron. Marisela no se resignó y se plantó en protesta afuera del palacio de Gobierno de Chihuahua, donde la mataron el 16 de diciembre de 2010. Indignación es una palabra muy pequeña frente a la impotencia que sacudió a los mexicanos al saber que esta madre había sido silenciada. Ayer domingo, el presunto asesino de Marisela fue presentado a la prensa. Los detalles de “las razones” de este homicidio hablan de poderosos criminales temerosos del reclamo de una madre.

La fiscalía del Estado de Chihuahua (norte de México) difundió este domingo un comunicado en donde informa que el asesino se llama José Enrique Jiménez Zavala, apodado El Wicked, de 29 años de edad, líder de una parte de la pandilla criminal Los Aztecas y quien además es acusado de haber participado en el ataque al bar El Colorado, en abril de este año en Chihuahua capital, donde murieron 16 personas.

La fiscalía asegura que Jiménez Zavala, quien ya había estado preso en Estados Unidos, aseguró que mató a doña Marisela “‘ya que el que asesinó a Rubí, Sergio Barraza, andaba en Zacatecas y andaba con los Zetas’, y las acciones de Marisela ya hacían mucho eco en las noticias”.

Lo que luego, siempre según el comunicado, El Wicked dijo sobre cómo mató a la indefensa activista es, literalmente, una película conocida: “Respecto a lo de Marisela cuando la privé de la vida, ella estaba en mero enfrente del Palacio de Gobierno, junto a la Suburban en su manifestación, había una mesa y unas sillas de plástico, unos cartelones colgados de la manifestación de ella, una cruz con listones, me bajé del carro por el lado de atrás de la Suburban, caminé hacia Marisela, le apunté el arma a la cabeza, jalé el gatillo y se me encasquilló, ella agachó la cabeza, el hermano agarró la silla y me la aventó, la silla me alcanzó a pegar en el brazo pero me la quité, en eso cargué otra vez, Marisela se echa a correr rumbo al Palacio, el hermano se va por el lado de enfrente de la Suburban, pero cuando él se percató que yo traía arma en mano se hizo para atrás, entonces yo alcanzo a Marisela le apunto arriba de la nuca y le doy un solo disparo y ella se cae en la banqueta a un lado del Palacio”. Y es una película conocida porque es público el vídeo que registró la absurda realidad de que frente al despacho del gobernador César Duarte (PRI) mataran, sin que nadie del gobierno interviniera, a una madre que pedía justicia.

Jiménez Zavala involucra a una cadena de supuestos criminales en la muerte de Marisela. El comunicado de la fiscalía dice que “la orden de matar a Marisela Escobedo (El Wicked) la recibió directamente de Jesús Antonio Rincón Chavero, alias ‘El Tarzán’, tercero en la estructura de mando de la organización La Línea y quien ya se encuentra detenido y recluido en un Cefereso (cárcel federal) del país. Además, que dicha orden venía de ‘más arriba’”.

La fiscalía dice que Jiménez Zavala fue detenido el jueves pasado, iba armado, con su familia y con otra persona también armada. Pero falta por ser apresado el causante de toda la tragedia, el asesino de Rubí, Sergio Barraza, quien tiene pendiente una condena de 50 años de cárcel que le impuso un nuevo tribunal. Una condena de papel en un desierto donde la justicia se toma años, demasiados años.

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