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Muere de cáncer el exministro de Educación de México Alonso Lujambio

El funcionario público padecía un cáncer de médula ósea desde noviembre pasado, por lo que tuvo que abandonar el gabinete de Felipe Calderón

El senador mexicano Alonso Lujambio, durante la apertura de sesiones el 29 de agosto de 2012.
El senador mexicano Alonso Lujambio, durante la apertura de sesiones el 29 de agosto de 2012. EFE

Alonso Lujambio, académico, maestro, funcionario público, escritor y efímero senador de la República Mexicana falleció este martes a la edad de 50 años, aquejado por un cáncer de médula ósea y males renales.

"Me atemorizan los malos, pero me horrorizan los buenos que no hacen nada", dijo Lujambio en una entrevista en 2011, cuando publicó Retratos de familia, un libro sobre algunos de sus ancestros.

Una de las últimas apariciones públicas de Alonso Lujambio fue el pasado 29 de agosto. Ese día llegó en silla de ruedas al Senado a asumir su cargo. La enfermedad lo había dejado sin pelo y necesitaba ayuda para ponerse en pie. A pesar de las huellas de la batalla que duraba ya 10 meses, mantenía el buen trato y la elocuencia que la vida pública de México le conoció en las últimas tres décadas.

Su presencia ese día en el recinto legislativo concitó un espontáneo homenaje de aliados y adversarios, quienes al aplaudirle reconocían una valiente lucha que daba al cáncer desde noviembre del año pasado, y que al mismo tiempo significaba un tributo a un hombre que a pesar de su juventud había recorrido ya importantes funciones antes de convertirse por fin en legislador.

Nacido el 2 de septiembre de 1962, con raíces vascas, su nombre completo era Alonso José Ricardo Lujambio Irazábal y comenzó su educación en una escuela religiosa donde sus mejores años ocurrieron cuando el Colegio Tepeyac dejó de estar regido por los padres benedictinos. Hizo estudios de Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), donde luego sería directivo y profesor. Con estudios de doctorado en Yale (EEUU) fue también académico en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana.

“Como maestro, vocación que ejerce desde los 24 años, Lujambio tiene fama de ser estricto y muy exigente. Sus alumnos de la clase de Ciencia Política en el ITAM son recibidos cada semestre con la advertencia de dar su máximo esfuerzo. En los exámenes que aplica, acostumbra ser directo: una mala calificación suele ser acompañada de una exhortación a cambiarse de carrera”, escribió la reportera Claudia Ramos en un perfil periodístico sobre Lujambio, publicado en la revista Quién cuando el nombre del entonces secretario de Educación comenzó a ser mencionado entre los precandidatos presidenciales del Partido Acción Nacional, organismo del que fue historiador y al que se sumó en 2009.

La carrera pública de Lujambio tiene su primer protagónico en 1996, cuando es designado como Consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), cuando este organismo inauguró su etapa de plena independencia del gobierno.

“Se trata pues de consolidar todo lo que 1994 avanzó de limpieza electoral y de legitimidad democrática, pero también de eliminar la inequidad en las condiciones de competencia, el gran valor democrático pendiente en nuestra agenda de transición. Hay que crear, ya, confianza -plena para los ciudadanos y para los partidos- de que los votos serán libremente emitidos, justamente computados, en juego limpio y equilibrado en elecciones federales”, escribió en noviembre de aquel año enReforma, al anunciar a sus lectores que debido a su nuevo encargo suspendería sus colaboraciones periodísticas en ese diario.

Como consejero electoral, presidió el comité de fiscalización del IFE que impuso multas multimillonarias al PRI y a los Amigos de Fox (ente creado para financiar al panista Vicente Fox) por rebase de topes de campaña e irregularidades en las finanzas de las elecciones de 2000. El caso priista se conoce como PemexGate e implicó una multa de mil millones de pesos. Amigos de Fox por su parte enfrentó una sanción por 497 millones de pesos.

En 2005 Alonso Lujambio fue designado comisionado del Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos (IFAI), el órgano para la transparencia en México. Al presidir ese organismo promovió una reforma constitucional sobre el derecho a la información, lo que se logró en 2007. Dejó el IFAI en abril de 2009, cuando fue nombrado por el presidente Felipe Calderón, su amigo de tiempo atrás, secretario (ministro) de Educación Pública. Fue en ese puesto donde enfrentó una de las posiciones más difíciles, no solo porque le tocó lidiar con la poderosa líder del sindicato magisterial Elba Esther Gordillo, sino porque también heredó un desaseado y polémico comité encargado de la organización de los festejos del bicentenario de la independencia en 2010, organismo caracterizado por suntuosos gastos y una obra conmemorativa que estuvo lista más de un año después de la fecha debida.

Apenas se supo de manera oficial la noticia del fallecimiento, en su cuenta de Twitter el Presidente Felipe Calderón escribió: "descansa en paz querido Alonso, te extrañaremos mucho. Seguiremos tu ejemplo de sensatez, alegría, honestidad, patriotismo y amor por la vida". Después, desde Nueva York donde se encuentra de visita, Calderón dijo que “México pierde a un hombre de Estado. Perdemos a uno de los mexicanos más lúcidos, a un académico plenamente comprometido con la transformación de la realidad y con la construcción del bien común. Un gran servidor público y un gran político; a un ser humano bondadoso y congruente. Perdimos, también, a un amigo leal, alegre y valiente. Es una gran pérdida”.

Por su parte, el presidente electo Enrique Peña Nieto publicó también en twitter: “Lamento el triste fallecimiento del Senador Alonso Lujambio, hombre dedicado al servicio de México. Mis condolencias a sus seres queridos”.

Autor, entre otras obras de La democracia indispensable. Ensayos sobre la historia de Acción Nacional (El Equilibrista, 2009), El porvenir posible. Carlos Castillo Peraza (Fondo de Cultura Económica, en coautoría con Germán Martínez Cázares, 2006), la citada Retratos de Familia. Un dramaturgo liberal, un historiador católico y un espiritista maderista (Arkhé Ediciones, 2011). Así como también del Estudio Introductorio a una edición del Instituto de Investigaciones Jurídicas (UNAM) de las obras La Constitución Inglesa, de Walter Bagehot, y de El gobierno congresional, de Woodrow Wilson.

“El legado que Alonso nos deja es una cicatriz de compromiso con la libertad. Eso nos deja al PAN y a México. Y deja un compromiso y un coraje por el parlamento. Era su sueño llegar al congreso y llegó”, dice a EL PAÍS Germán Martínez Cázares, quien destaca que ha muerto quizá el mayor experto mexicano en parlamentos. “Esa faceta de Alonso se conoce poco. Lo acompañé en Madrid a buscar arquitectura parlamentaria, coleccionaba discursos del parlamento inglés, del español, de Francia. Conocía perfectamente los debates de la Constitución del 57. Nadie tenía tan claro el sentido liberal que Acción Nacional debe tener. El PAN pierde a una de las últimas conciencias liberales, que podían darle de nuevo rumbo al partido. Es una pérdida mayúscula. Y el PRI pierde un aliado liberal para las reformas de Peña Nieto”.

En noviembre del año pasado un mal renal le alejó temporalmente de la secretaría de Educación. En enero se trasladó a Estados Unidos. Le daban tres meses de vida, triplicó eso y vivió para tomar posesión de su cargo de senador.

En una entrevista con Joaquín López Dóriga, Lujambio tras reaparecer en público dijo sobre el mal que le afectaba: “Es un cáncer. Lo haces pedazos, lo dejas muerto y después viene el otro round y se levanta con fuerza endemoniada. Le doy una tranquiza y después se levanta como si nada, parece caricatura, y es un poco lo que sucede con este cáncer, que con unos químicos matas muchas células cancerosas, y en ocho días están otra vez ahí”. Con voz cansada pero lucidez intacta agregó en esa conversación que había aprendido que no valía la pena tener prisa: “Con el acercamiento con la muerte te cambia radicalmente la visión de la vida, he podido reflexionar y hablar con mis hijos, es muy difícil pero muy productivo […] he cambiado ahora voy con más tranquilidad, sin urgencia loca, que afecta ser menos eficaz”.

Al momento de su muerte, Lujambio preparaba una nueva batalla: presentaría junto con su partido una iniciativa para aprobar la reelección de legisladores.

Le sobreviven su mujer Teresa Toca, sus hijos Íñigo, Tomás y Sebastián, y decenas de amigos y alumnos.

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