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Médicos Sin Fronteras mantiene un hospital clandestino en Siria

La organización ha reiterado que la comunidad internacional "no está haciendo lo suficiente" para garantizar el acceso a organizaciones humanitarias

Personal de Médicos Sin Fronteras atiende a un herido en un hospital clandestino al norte de Siria.
Personal de Médicos Sin Fronteras atiende a un herido en un hospital clandestino al norte de Siria.

Con el apoyo de siete expatriados, un pequeño grupo de especialistas extranjeros y 50 voluntarios sirios, la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) ha conseguido tratar a 300 heridos y realizar cerca de 150 intervenciones quirúrgicas en un hospital clandestino al norte de Siria. MSF declinó detallar la ubicación exacta del centro médico para proteger al personal que trabaja ahí.

El director general de la organización, Felipe Ribeiro, afirmó ayer en París que, pese a que el Gobierno sirio de Bachar el Asad les ha prevenido en repetidas ocasiones de que "no son bienvenidos", el Ejército no ha intervenido para echarles. Médicos Sin Fronteras, que consiguió instalar un equipo médico estable en Siria en junio pasado, ha denunciado además que la falta de medicamentos, equipo e infraestructura hace que la atención que brindan sea "insuficiente" para la población siria afectada por los combates de una guerra civil que se ha cobrado ya 18.000 vidas desde el inicio de las protestas en marzo de 2011. Tan sólo este martes, 198 personas murieron en todo el país. MSF ha reiterado que la comunidad internacional "no está haciendo lo suficiente" para garantizar el acceso a organizaciones humanitarias.

La cirujana Anna Nowak, una de las especialistas que ha trabajado en el hospital clandestino, describe que el centro, instalado en una casa abandonada todavía en construcción, tiene 12 camas, una habitación para esterilizaciones, una más para emergencias, otra para recuperación y un quirófano improvisado. Algunos de los heridos que atienden viajan "hasta 150 kilómetros", comenta. Si bien la mayoría de los pacientes que trata son de zonas rebeldes, Nowak aclara que el hospital también está abierto para los que apoyan el régimen. "Los primeros pacientes llegaron el 22 de junio, el día después de abrir el hospital. [...] Entonces comenzó a llegar gente herida por todas partes. Tuvimos que organizarnos, incluso con camas en la terraza. A veces los heridos no llegaban durante el día, por causa del conflicto. A veces llegaban por la noche o al amanecer", cuenta.

Los heridos, en su mayoría, son civiles, según describe la anestesista australiana Kelly Dilworth, con nueve años de experiencia en Médicos Sin Fronteras y que trabajó en el hospital sirio durante un mes. "Participé en cerca de 100 operaciones. El 90% de las intervenciones quirúrgicas obedecían a heridas producto de la violencia, predominantemente por explosiones y bombardeos", describe. El también australiano Brian Moller, un enfermero de 56 años de edad con experiencia en una decena de países, distingue que las víctimas rebeldes no pertenecen a un grupo homogéneo. "Son personas con pasados diferentes y con reivindicaciones también diferentes. Lo único que parecen tener en común es su ira contra el régimen sirio".

Los tres especialistas coinciden en que la falta de medicinas, suministros, sangre y material médico hacen extremadamente difícil la atención en el centro médico, pero destacan la "solidaridad del pueblo sirio" en medio del caos. "Hace algunos días" —recuerda Moller— "unas mujeres del pueblo llegaron con dos bolsas enormes cargadas de suministros médicos, de vendas y medicinas, que habían comprado en farmacias locales. De dónde salieron estos suministros es difícil de verificar y, por ejemplo, si [en condiciones normales] no sabes de dónde sale la anestesia, no sabes si se utilizar. Pero en muchos conflictos bélicos no hay siempre opción de hacerse estas preguntas".