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Dimite el jefe de la policía noruega por los graves errores en los ataques de 2011

La renuncia llega días después de un informe independiente que considera que el doble ataque con 77 muertos se pudo evitar

El jefe de la Policía noruega, Oystein Maeland, el 23 de julio de 2011.
El jefe de la Policía noruega, Oystein Maeland, el 23 de julio de 2011. EFE

Existen países donde se crean comisiones de investigación independientes. Y donde lo que estas revelan tiene consecuencias. Noruega es uno de ellos. El jefe de la policía, que solo llevaba dos semanas en el puesto cuando el ultraderechista Anders Behring Breivik perpetró el mayor ataque del país en tiempos de paz, se convirtió ayer en el primer dimisionario político por el asunto. Oystein Maeland renunció al cargo tres días después de que la comisión oficial concluyera que el doble atentado de Oslo y Utoya, en el que murieron 77 personas en 2011, pudo haberse evitado.

El mando policial dio como argumento la falta de confianza de la ministra de Justicia, Grete Faremo. “Tener la confianza de la ministra era crucial para seguir en el cargo. Como ella y otros miembros del Parlamento no lo han dejado claro, simplemente no puedo continuar con mi trabajo”, declaró en un comunicado. La ministra anunció la decisión el jueves por la noche mientras participaba en un debate televisado.

El demoledor informe, elaborado durante un año por la Comisión 22 de Julio (por la fecha de la matanza), revela gravísimos fallos policiales. Sostiene que el primer ataque se pudo evitar y que el segundo -el de la isla de Utoya, donde Breivik asesinó una a una a 69 personas, casi todas adolescentes- se pudo parar antes. “Se podían haber salvado vidas si Noruega hubiera afrontado el terror del 22 de julio con más profesionalidad”, declaró el lunes el grupo nacional de apoyo a las víctimas del doble atentado.

El predecesor de Maeland como jefe de la policía y el titular de Justicia cuando ocurrieron los atentados habían dejado sus cargos en los últimos meses.

“[El informe] es sin duda un verdadero golpe para la policía y probablemente afectará a la confianza de la gente [en las fuerzas de seguridad]”, explicaba horas después de la difusión de las conclusiones de la Comisión 22 de Julio Lise Hellebo Rykkja, investigadora de la Universidad de Bergen. Efectivamente, la ha mermado. Cuatro de cada diez noruegos tienen ahora menos o mucha menos confianza en la policía, según una encuesta del canal público NRK. “Habrá que ver cómo afecta a la confianza en general en el Gobierno”, añadió entonces Rykka. El primer ministro, el laborista Jens Stoltenberg, parece salir indemne por ahora. Un 72% de los electores considera que no debe dimitir a consecuencia del informe, según la última encuesta de NRK.

Las conclusiones de la comisión han sido mucho más duras de lo que muchos esperaban y ya antes de conocerse se pronosticaban profundos cambios en la policía. El dimitido Maeland, que no tenía experiencia como agente de policía, era un veterano militante laborista y fue padrino de boda del primer ministro Stoltenberg. El lunes por la tarde el jefe del Gobierno dijo que asumía la responsabilidad última de los fallos de las autoridades: “Llevó demasiado tiempo coger al perpetrador y la policía debería haber estado en Utoya antes. Es algo que lamento”. El jueves volvió a insistir en que permanecerá para mejorar las operaciones y el liderazgo de la policía.

El veredicto de Breivik, que confesó los crímenes, los asume pero no se ve culpable porque los considera parte de una cruzada antiinmigrantes y antimusulmanes, se conocerá el próximo viernes 24.

Los líderes de los partidos noruegos se enteraron de la dimisión mientras participan en un gran debate entre sí y con el público en Arendal, ciudad costera que ha acogido la primera edición de una iniciativa que pretende emular los encuentros informales entre políticos, empresarios y ciudadanos que acoge Suecia desde los ochenta.

La comisión 22 de Julio calificó de “inaceptable” los 35 minutos que tardaron los agentes en cruzar desde la orilla del lago a la isla y criticó muy duramente a dos patrulleros locales que llegaron primero al embarcadero pero no llegaron a cruzar hasta el campamento juvenil y prefirieron esperar a sus compañeros del equipo de élite. Además, las fuerzas de seguridad no hicieron caso hasta transcurrida una hora a una llamada de un testigo inmediatamente después de la explosión en la capital que describió al asesino, dijo que iba de uniforme, e incluso dio la matrícula del coche en el que huyó. El informe también sugiere que el espionaje interno pudo haber descubierto los planes de Breivik.