Tribuna
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Últimos días contra la restauración

Como sucede en el trecho final de cada elección, las opciones terminan por polarizarse

Una simpatizante de Andrés Manuel López Obrador lleva unos pendientes con la imagen del candidato a la presidencia de México.
Una simpatizante de Andrés Manuel López Obrador lleva unos pendientes con la imagen del candidato a la presidencia de México.Esteban Felix (AP)

Mis recuerdos más lejanos de la temporada electoral en México son de ciudades tapizadas de escarapelas tricolores, el nombre del presidente por ungir repetido en cada pared y en cada poste. Las campañas no eran la exposición de nuestra pluralidad sino la fiesta del partidazo, que sólo toleraba disidencia si servía para legitimarlo.

Los colores que muy lentamente aparecieron en el paisaje (el azul del PAN, el rojo y amarillo de la izquierda) simbolizaban rendijas para atisbar la realidad oculta bajo litros de pintura: miseria rampante, censura, la corrupción como tótem del sistema. La construcción de un sistema democrático no solucionó los problemas pero sí permitió mirarlos con claridad. Aprender a mirar no es poca cosa. Esa facultad puede servirnos en las elecciones del 1 de julio.

Como sucede en el trecho final de cada elección, las opciones terminan por polarizarse. En México, la disyuntiva es entre dos bandos: por un lado la desgastada derecha gobernante y la maquillada vieja guardia del PRI, y por el otro la masa crítica que se ha aglutinado en torno a Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

El Partido Acción Nacional (PAN) tiene poco que ofrecer. Tras 12 años de gobierno México es uno de los países donde la libertad de expresión está más amenazada, el Estado parece impotente ante el sadismo criminal, la inmensa mayoría de los delitos permanece impune, y según cifras oficiales hay 52 millones de pobres. Así, los panistas se dedican a debatir quien de ellos lo ha hecho peor. El expresidente Fox apoya abiertamente la restauración priista y acusa al gobierno de Felipe Calderón de violar los derechos humanos. El vocero del PAN llamó a Fox megalómano y mercenario, y lo acusa de haber encabezado un gobierno omiso.

Justamente, si algo demuestra la experiencia foxista, es que un individuo vacío no es un individuo inocuo. Enrique Peña Nieto podrá ser un candidato sin ideas, pero no es un candidato sin historia: él es quien dijo “Yo ordené el operativo en Atenco \[en 2006\]”, refiriéndose a la brutal represión en que decenas de mujeres fueron torturadas y violadas; es él quien evita mencionar los más de 900 feminicidios ocurridos en el Estado de México durante su administración, la mayoría sin resolver. Estos dos hechos por sí mismos serían suficientes para descartar a un candidato en cualquier democracia moderna, pero no en México.

En verdad, no son quienes institucionalizaron la corrupción los indicados para combatirla. La opción realista para evitar la restauración autoritaria la representa hoy, con todos sus defectos, López Obrador, un hombre a quien por más que le han buscado no le han encontrado un solo acto de corrupción. AMLO tiene la virtud de darle visibilidad a los problemas que otros posponen y, más allá de abstractos debates ideológicos, como gobernante mejoró estándares básicos de la calidad de vida de los ciudadanos: fue en su gobierno que la Ciudad de México, entonces la más peligrosa del país, comenzó a ser vivible otra vez; fue entonces que se instrumentaron programas de combate a la pobreza que ahora políticos de otros partidos incluyen en sus promesas de campaña.

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En una elección se elige más que un servidor público: uno elige interlocutores. Creo que con AMLO no sólo dejaríamos atrás el país opaco de las escarapelas omnipresentes, con su candidatura también gana una población informada y exigente dispuesta a profundizar la lucha por las libertades.

Yuri Herrera es escritor mexicano, autor de Trabajos del Reino y Señales que predecerán al fin del mundo (ambos en Periférica).

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