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La policía vigila la embajada de Ecuador en Londres donde permanece Assange

Assange permanece atrincherado en el edificio diplomático a la espera de que Correa decida. El presidente ecuatoriano analiza la cuestión de manera "muy seria"

Un policía vigila la embajada ecuatoriana en Londres, donde simpatizantes de Assange han colgado letreros.
Un policía vigila la embajada ecuatoriana en Londres, donde simpatizantes de Assange han colgado letreros. AFP

Julian Assange ha cumplido su segunda noche bajo la protección de la Embajada de Ecuador en Londres, un territorio diplomático inaccesible para la policía británica, a la espera de la decisión del gobierno de Quito sobre su demanda de asilo político. Las autoridades británicas están pendientes del gesto del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, que en caso de ser favorable amenaza con enquistar la presencia del fundador de Wikileaks en la legación, provocando un conflicto político. Porque Scotland Yard se dispone a detener al ex hacker australiano en el momento en que abandone el recinto, aunque fuera con rumbo al país latinoamericano.

El propio presidente Correa, quien no ha escondido sus simpatías hacia la causa de Assange, descartó la inminencia de un anuncio sobre la concesión de asilo, ante la necesidad de tiempo para verificar si objeto de persecución política y de si “ha tenido el debido proceso o existe peligro de muerte”. El creador de Wikileaks tomó la drástica decisión de parapetarse en la Embajada de Ecuador una vez agotadas todas las vías legales en el Reino Unido para evitar su extradición a Suecia, donde la justicia quiere interrogarle sobre cuatro presuntos delitos sexuales. Desde el entorno de Assange justifican que no buscó con ello eludir las acusaciones de dos mujeres suecas, que él niega, sino la posibilidad muy real de su futura extradición a Estados Unidos, donde podría afrontar la pena capital si acaba formulándose el cargo de traición por filtrar en su sitio web miles de cables diplomáticos.

El experto informático australiano, de 40 años, todavía no ha quemado un último cartucho legal fuera del territorio británico, presentar su caso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo. Tiene de plazo hasta el 26 de junio, aunque fuentes legales consideran improbable que fuera aceptada su demanda. Por eso permanece atrincherado en la legación diplomática de Ecuador, cuya titular, la embajadora Ana Albán, mantuvo el miércoles conversaciones “cordiales y constructivas” con funcionarios del Foreign Office. Horas después, el viceministro de Exteriores ecuatoriano, Marco Albuja, aseguraba que la decisión sobre la petición de asilo se haría pública este mismo jueves, extremo que Rafael Correa descartó después. “Ecuador es un país que rechaza la persecución por motivos ideológicos. Hay que ver si existe algo de esto”, manifestó el presidente.

La huida hacia delante de Julian Assange ha suscitado sorpresa entre el grupo de famosos simpatizantes, entre los que figuran el director de cine Ken Loach y la rica heredera Jemima Kahn, que pagaron las 200.000 libras de su fianza para avalar su arresto domiciliario desde el pasado diciembre. Su estancia en la Embajada ecuatoriana como demandante de asilo político ha violado los términos de su libertad provisional y fuerza a la policía a detenerle en cuanto abandone el recinto. Ni siquiera la supuesta concesión de un pasaporte diplomático por parte de Ecuador le procuraría inmunidad ante la justicia británica, al no estar acreditado ante la Corte de St James’ por el Foreign Office. La única opción que le resta es entregarse o bien permanecer sine die en ese bastión diplomático del elegante barrio de Knightsbridge