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Los neonazis revalidan su éxito electoral de mayo

Aurora Dorada es ya el quinto partido, con 18 diputados y se consolida como depositaria del voto de castigo más visceral y desesperado

Simpatizantes del partido ultraderechista Aurora Dorada celebran el resultado electoral
Simpatizantes del partido ultraderechista Aurora Dorada celebran el resultado electoral AFP

Aurora Dorada, el partido ultranacionalista y fascista que sorprendió en mayo al lograr el 6,9% de los votos (y 21 diputados), ha revalidado su éxito electoral con parecido porcentaje de sufragios y 18 escaños, según resultados provisionales. Las encuestas de intención de voto les daban en torno al 5%.

No importa que uno de sus diputados electos, Ilias Kasidiaris, esté en busca y captura por agredir a una contertulia —también parlamentaria electa— en un programa de televisión, que uno de sus portavoces fuera detenido por tenencia ilícita de armas de fuego; o que otra candidata el 6 de mayo, Themis Skordelli, tenga pendiente un juicio (curiosamente, aplazado por sexta vez para que no coincidiera con las convocatorias electorales) por agresión racista contra tres afganos en septiembre de 2011.

Es el único grupo de la extrema derecha que mantiene su fuerza

Aurora Dorada se ha consolidado como depositaria del voto de castigo más visceral y desesperado, y contradice la opinión reinante tras los comicios de mayo de que sus votantes, asustados al comprobar el efecto de su pegada, rectificarían su elección en junio. Es más, Aurora Dorada es el único de los partidos pequeños de la franja de extrema derecha que revalida los resultados de mayo; el resto pierde varios puntos, sobre todo el ultra Griegos Independientes, que logró 33 diputados en mayo, y hoy solo 20.

En el río revuelto de la crisis griega, los neonazis de Aurora Dorada —rechazan con virulencia el calificativo, pero lo son, como la disimulada cruz gamada que adorna su bandera— han tenido suficiente con echar la caña y esperar. Con un esquema parecido al de los islamistas —una labor de zapa caritativa y social, en barrios y comunidades degradados—, los neonazis se han granjeado muchos apoyos ciudadanos con cursos de defensa personal para mujeres, reparto de comida y ropa —solo a griegos— y patrullas o milicias justicieras —una de ellas, liderada por la encausada Skordelli— encargadas de limpiar Grecia de inmigrantes. Hace dos semanas, el asesinato de un griego en Patras (tercera ciudad griega y gran punto distribuidor hacia Europa de miles de indocumentados) activó su virulenta respuesta, y durante varios días hubo enfrentamientos con policías e inmigrantes.

Al modo de una especie invasiva, los neonazis han parasitado el nuevo sistema político y amenazan con añadir litros de gasolina al ingobernable Parlamento electo. Su ideario es exactamente lo contrario de lo que Europa espera de los partidos prorrescate: no a Europa, no al euro, no a la ayuda internacional, ni en las condiciones del préstamo ni en los planes de ajuste asimilados; autarquía económica, vuelta al dracma y cierre y minado de fronteras para evitar la entrada de indocumentados.