Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La Corte Suprema británica rechaza el recurso de Julian Assange

El fundador de Wikileaks agota sus opciones para evitar la extradición a Suecia, donde se le acusa de delitos sexuales

Julian Assange, en diciembre de 2010.
Julian Assange, en diciembre de 2010.

A Julian Assange solo le quedará Estrasburgo. Una apelación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos es lo único que podría frenar su extradición a Suecia. El editor australiano perdió esta tarde su última batalla legal en el Reino Unido. El Tribunal Supremo británico tumbó el último quiebro legal de su equipo de abogados, que intenta evitar que Assange aterrice en Suecia, país que le reclama para interrogarle como sospechoso de cuatro delitos de índole sexual.

Los abogados de Assange disponen de dos semanas. La extradición no se hará efectiva antes de ese plazo, comunicó ayer la máxima instancia judicial del Reino Unido. Jennifer Robinson, miembro del equipo legal de Wikileaks, ha confirmado a este periódico que la apelación a Estrasburgo está siendo considerada. Si se apela y Estrasburgo admite el expediente, la extradición se podría volver a paralizar. Si no, el próximo 7 de julio, el editor australiano sería entregado a las autoridades suecas.

Los siete jueces del Tribunal Supremo desestimaron por unanimidad la revisión del caso. El pasado 30 de mayo, el Tribunal Supremo ya había decidido dar luz verde a la extradición del australiano, por cinco votos a dos. Pero una hábil maniobra de última hora de la abogada Dinah Rose consiguió congelar la extradición por espacio de dos semanas. Rose arguyó en aquella mañana ante el juez Phillips que la decisión del tribunal se había basado en una interpretación de la Convención de Viena en materia de tratados y leyes que no había sido argumentada durante el proceso; cuestión esta ante la que la defensa del australiano no había podido plantear objeciones. Pues bien, el Supremo tumbó ayer por unanimidad esta argucia.

El Supremo británico también hizo ayer, al comunicar su decisión, un ejercicio de autocrítica y dio la razón en un aspecto a la abogada Rose. En su sentencia del pasado 30 de mayo, los jueces deslizaron erróneamente la palabra “acusado”, para referirse a Assange, cuando lo cierto es que el australiano aún no ha sido formalmente acusado de nada: lo que existe es una petición de extradición para interrogarle. La fiscalía sueca le reclama para estudiar si abre un caso contra él ante las denuncias que dos mujeres suecas presentaron contra él en agosto de 2010. La denuncia de una de ellas podría desembocar en una acusación de violación.

Jennifer Robinson, miembro del equipo legal de Wikileaks, ha comentado por correo electrónico que el australiano ha encajado bien la decisión gracias a las muestras de apoyo que recibe: “Ha sido un momento difícil, pero el apoyo ha mantenido a flote su espíritu”. El equipo de abogados de Assange sigue manteniendo la tesis de que la extradición a Suecia es una escala de cara a una futura extradición a Estados Unidos. “Estados Unidos sigue siendo reservado acerca de sus planes de procesar a Julian”, sostiene Robinson, “hay un gran jurado en marcha y el Fiscal General se ha negado a anunciar si le van a juzgar o no”.

El Tribunal Supremo británico no hace otra cosa que ratificar la decisión que tomó el pasado 30 de mayo, cuando dio carpetazo al último recurso del australiano, que pretendía invalidar la orden de arresto internacional contra él al estimar que la fiscalía sueca no era autoridad judicial competente para emitirla.

El editor australiano lleva 555 días bajo arresto domiciliario. Las dos mujeres que le denuncian llevan casi dos años esperando a que se le interrogue: una de ellas acusa a Assange de haberla forzado a mantener relaciones sexuales sin preservativo aprovechando que estaba dormida.