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REPORTAJE

Las vergüenzas del Imperio británico en el ocaso

El Gobierno publica miles de documentos que revelan detalles embarazosos sobre la política británica ante la proximidad de la independencia de la mayoría de las colonias

Veteranos Mau Mau de Kenia entregan una carta de protesta en la residencia del primer ministro británico en 2009.
Veteranos Mau Mau de Kenia entregan una carta de protesta en la residencia del primer ministro británico en 2009. REUTERS

Los Archivos Nacionales británicos han empezado a publicar este miércoles los 8.800 documentos del Ministerio de Exteriores sobre el ocaso del Imperio británico que milagrosamente aparecieron el año pasado después de haber estado extraviados durante varios decenios. Los documentos revelan numerosos detalles embarazosos sobre la política de Londres en un momento en que la mayoría de las colonias buscaban la independencia, pero su publicación no ha disipado la sospecha de que nunca se conocerá toda la verdad porque muchos documentos fueron destruidos antes de entregar las colonias.

Los archivos ahora publicados documentan desde la política de incautación de ganado a los locales para impedir que alimentaran a los rebeldes Mau Mau en Kenia a la oposición de Londres y Washington a las becas para estudiantes keniatas en universidades estadounidenses –una oposición que de haber tenido éxito habría impedido que los padres del presidente Barack Obama se conocieran en Hawai en 1959–; así como el proyecto de probar armas químicas en la actual Botsuana durante la II Guerra Mundial, los planes para llevar al arzobispo chipriota Makarios a Seychelles para mantenerlo allí arrestado, o la idea para evacuar a la población de las islas Chagos para que Estados Unidos pudiera instalar allí una base militar.

Las sospechas de los historiadores se sustentan no solo en la supuesta destrucción de papeles o en el hecho de que miles de documentos fueran guardados en secreto, en un limbo legal porque no se ha cumplido la obligación de publicarlos al cabo de 30 años o prohibir expresamente la difusión de cada uno de ellos. Influye también el hecho de que Exteriores (Foreign Office) se niega a publicar el índice de los documentos –lo que permitiría a los historiadores saber cuáles han desaparecido– y porque hay un sorprendente vacío en algunos casos.

Por ejemplo, Richard Drayton, profesor de Historia del Kings College, ha declarado al Times su sorpresa por al ausencia de documentos sobre la Guyana a pesar de que “había allí mucha actividad durante los años 60, en particular debido a la revolución cubana”. A otros investigadores les ha llamado la atención las escasas referencias a la matanza de 24 trabajadores desarmados en Batang Kali en diciembre de 1948, durante el levantamiento de Malaya, una región que forma parte de la actual Malasia.

Tony Badger, el profesor de Historia de la Universidad de Cambridge nombrado por el Foreign Office para supervisar la publicación de los archivos, asegura que el Gobierno está publicando “todos y cada uno de los documentos que tienen interés”, aunque ha admitido que es “muy comprensible el legado de sospecha entre periodistas y académicos acerca de estos archivos”, que el año pasado fueron encontrados milagrosamente por el Foreign Office en su mansión campestre de Hanslope Park después de negar su existencia durante años. Los documentos afectan a 37 territorios de las antiguas colonias.

Esta primera entrega, de 1.300 documentos, afecta a los territorios de Adén, Anguila, Bahamas, Basutoland (Lesoto), Bechuanaland (Botsuana), Brunei, Chipre, Kenia, Malasia, Sarawak, las Seychelles y los Territorios del Océano Índico. El resto de los archivos se irán publicando de forma escalonada desde ahora hasta noviembre de 2013.

Uno de los documentos sobre Kenia revela las instrucciones para impedir que las informaciones más delicadas pasen del poder colonial al nuevo Gobierno y la indicación de que cierto material sea “quemado y destruido”. Un memorando de lo papeles sobre Kenia fechado en mayo de 1961 detalla los criterios fijados por el entonces ministro británico para las Colonias, Iain Macleod. Los papeles que no debían llegar al régimen surgido de la independencia son aquellos que “a) pueden avergonzar al Gobierno de Su Majestad u otros gobiernos; b) pueden avergonzar a miembros de la policía, fuerzas militares, funcionarios públicos u otros como por ejemplo informadores policiales; c) pueden comprometer fuentes de ka inteligencia; d) pueden ser utilizados de forma poco ética por ministros del Gobierno sucesor”.

Los documentos tenían que catalogarse como “legado”, o material que podía dejarse en la ex colonia, y “a controlar”, que no podía llegar a manos del nuevo Gobierno tras la independencia. Ese segundo tipo de material solo podía ser manejado por personal “autorizado”. Es decir, personal del nuevo Gobierno keniata que fueran “ciudadanos británicos descendientes de europeos y que hayan superado una criba de seguridad para acceder a documentos clasificados”.