Aung San Suu Kyi podrá hacer su primer viaje fuera de Myanmar en 24 años

La opositora birmana se desplazará a Oslo el próximo mes de junio

Aung San Suu Kyi, ayer durante la celebración del año nuevo en Kawmu, Myanmar.
Aung San Suu Kyi, ayer durante la celebración del año nuevo en Kawmu, Myanmar.NYEIN CHAN NAING (EFE)

La normalización de Myanmar (la antigua Birmania) marcha a pasos agigantados. Ayer, Estados Unidos reducía las sanciones impuestas a los militares que la gobernaron con puño de hierro hasta marzo de 2011. Hoy, Aung San Suu Kyi, símbolo de la lucha por la democratización de ese país del sureste asiático, pone fin a sus 24 años de encierro y acepta las invitaciones para visitar Oslo, la capital noruega a la que debería de haber viajado en 1991 a recibir el Premio Nobel de la Paz, y Reino Unido, país donde residía hasta que en 1989 decidió volver a Rangún (la antigua capital birmana) para cuidar de su madre enferma.

Suu Kyi, de 66 años y elegida el pasado 1 de abril diputada con el 90% de los votos de su distrito, ha elegido Noruega y Reino Unido como primer destino de salida para revestir el viaje de su compromiso incondicional con los valores democráticos. En estas dos largas décadas, los militares que reprimían a su pueblo siempre estuvieron dispuestos a dejarla salir del país, para cerrarle las puertas después. El enemigo cuando está lejos es menos poderoso. Pero Suu Kyi, que sabía que nunca más le permitirían reunirse con los millones de birmanos que confiaban en ella, rechazo esa libertad envenenada, incluso durante la lenta agonía que acabó con la vida de su marido -británico de nacionalidad- que permaneció en Reino Unido junto a sus dos hijos, a la espera de que el espíritu indomable de la madre venciera a la dictadura.

Cuando Suu Kyi -hija del general Aung San, héroe de la independencia birmana que una traición le impidió saborear- volvió a Rangún en 1989, se encontró un país levantado contra la Junta militar que lo gobernaba desde 1962. Le pidieron, y ella aceptó, que se pusiera al frente de un partido para impulsar un proceso de democratización nacional. Fundó entonces la Liga Nacional para la Democracia (LND) y en 1990 acudió a las únicas elecciones democráticas (aparte de las parciales celebradas el pasado 1 de abril) habidas en el país.

Bajo el liderazgo de Suu Kyi, la LND se hizo con el 59% de los votos emitidos y el 81% de los escaños, pero nunca llegó al Parlamento. Los militares no reconocieron los resultados. Humillados públicamente, se negaron a aceptar la contundente victoria de los demócratas y desataron una brutal represión. Toda la cúpula de la LND fue detenida al igual que miles de simpatizantes. La cárcel y el arresto domiciliario, alternados con cortos periodos de libertad, han sido desde entonces los espacios vitales de esta mujer de sonrisa de seda y voluntad de acero.

El próximo 23 de abril, Suu Kyi y otros 42 miembros de la LND tomarán posesión de 43 de los 45 escaños en liza del Parlamento nacional y de las asambleas regionales en los comicios parciales del pasado día 1. Esta victoria, sin embargo, no impide que la mayoría absoluta del Legislativo siga en manos del Partido del Desarrollo y la Solidaridad de la Unión (PDSU), que lidera el actual presidente birmano Thein Sein.

La urgente necesidad romper el aislamiento internacional y poner freno al derrumbe económico de un país muy rico en recursos naturales llevó a la Junta militar a organizar unas elecciones ‘dirigidas’ en noviembre de 2010 para dejar paso a un gobierno civil. Los militares colgaron el uniforme y llenaron las filas del PDSU. Aung San Suu Kyi rechazó participar en la “farsa” y la LND fue ilegalizada por incluir en sus filas a exconvictos por motivos políticos.

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Tras anunciarse los resultados electorales, la dirigente opositora fue liberada de su arresto domiciliario y comenzó entonces el largo camino de la reconciliación nacional. La designación, en marzo de 2011, del exgeneral Thein Sein como presidente dio un vuelco a la situación. Centenares de presos políticos han sido amnistiados, la cesura de prensa ha sido levantada, se han iniciado conversaciones de paz con las guerrillas de movimientos de liberación étnicos en lucha contra el Gobierno casi desde la independencia (1948) y la LND volvió a ser legalizada.

Firme en sus convicciones democráticas pero dialogante, Suu Kyi se reunió por primera vez con Thein Sein en agosto pasado lo que permitió acelerar la apertura del país. Europa y Estados Unidos que habían impuestos duras sanciones económicas a la Junta militar han apreciado los gestos y han dictado una reducción de esas sanciones.

La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, se reunió con la líder opositora en diciembre. El primer ministro británico, David Cameron, se entrevistó el viernes pasado con Suu Kyi y hoy se ha sabido que la Mandela asiática aceptó su invitación para visitar Reino Unido, incluido Oxford, la ciudad en la que realizó sus estudios y se graduó en Políticas y Filosofía, en 1969. La cárcel de cristal se ha hecho añicos.

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