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Bossi abandona el liderazgo de la Liga Norte acosado por la corrupción

El exsocio de Gobierno de Berlusconi aportó al partido dinero de dudoso origen

Los fiscales creen que la formación financió los gastos de dos de sus hijos

Umberto Bossi abandona la sede de su partido en Milán, tras dimitir ayer. Ampliar foto
Umberto Bossi abandona la sede de su partido en Milán, tras dimitir ayer. EFE

Umberto Bossi deja su partido. El exministro de las Reformas para el Federalismo, histórico socio de gobierno de Silvio Berlusconi, líder incontestado de la independentista Liga Norte, ha presentado este jueves su dimisión “irrevocable” por un escándalo de supuesta apropiación indebida y estafa por parte del hasta ahora tesorero de la Liga, Francesco Belsito.

La posición de Bossi se había hecho insostenible tras una semana de filtraciones sobre el trabajo de los fiscales de Milán, Nápoles y Reggio Calabria, que investigan las cuentas del partido. Este jueves se ha conocido una escucha telefónica, en la que se habla del supuesto dinero negro que Bossi dio hace tiempo a la formación y que según los investigadores puede tener varios orígenes, desde comisiones ilegales a corrupción.

En la caja fuerte de Belsito en el palacio del Congreso de Roma fue encontrada una carpeta titulada The Family. Los magistrados barajan la hipótesis de que de la caja de la Liga Norte se sacara dinero para pagar los estudios universitarios, los coches de lujo y el abogado de dos de los hijos de Bossi, Renzo y Riccardo. Sin embargo, de momento ningún miembro de la familia aparece en la investigación, que nació a partir de una serie de movimientos financieros en el extranjero que desembocaron en inversiones sospechosas de fondos electorales de la Liga en Tanzania y Chipre.

“Dimito por el bien del movimiento y de los militantes. La prioridad es el bien de la Liga y seguir con la batalla”, ha dicho Bossi ante la cúpula de su partido, según contó a la emisora del partido, Radio Padania, Matteo Salvini, europarlamentario y concejal en Milán. La decisión —bastante inesperada— llegó durante una junta reunida para elegir a un nuevo tesorero. Hasta el próximo congreso, que con toda probabilidad se celebrará en otoño, el partido queda en manos de un triunvirato compuesto por el exministro de Simplificación Normativa Roberto Calderoli, el extitular de Interior Roberto Maroni y la dirigente del Véneto Manuela dal Lago.

La Liga es la fuerza más antigua de Italia: nunca cambió de nombre, de símbolo ni de líder desde que Bossi la fundó, en el salón de su casa, en 1991. Ayer dimitió el hombre famoso por su frase “nosotros, los de la Liga, la tenemos dura”; el hábil político que inventó Padania como espejismo para un electorado cansado de la corrupción de los partidos tradicionales; el responsable del éxito de una fuerza que los adversarios tachaban de folclórica pero que en 20 años pasó del 3% de los votos a superar el 12%.

“No dimite solo el líder máximo, sino un grupo político entero —sintetiza Alessandro Trocino, periodista de Il Corriere della Sera y coautor de un libro sobre el irresistible ascenso de la Liga Norte, Razza Padana—. Desde el ictus que sufrió en marzo de 2004, Bossi mantuvo su papel de jefe puro y duro, pero se arropó con el llamado círculo mágico”, es decir, un restringido grupo de personas en las que confiaba, que decidían junto a él, como en una especie de oligarquía, y que se dedicaba a expulsar del partido a los críticos. Respetado y venerado como fundador y director de orquesta del sueño federalista, Bossi no era avalado por el voto del congreso federal desde muchos años. “El último partido leninista de Italia”, lo definió una vez el exministro Maroni.

El cambio de guardia en el partido más personalista de Italia —aún más que el berlusconiano Pueblo de la Libertad— va a tener consecuencias en el Parlamento. O por lo menos, en el ala derecha. El panorama político se ha vuelto a fragmentar de nuevo desde que Mario Monti sustituyó a Berlusconi, en noviembre. Paradójicamente, en el momento en que los partidos parecen más de acuerdo, otorgando un apoyo casi unánime a los tecnócratas, aunque todos se preparan para las próximas elecciones. El ocaso de Bossi puede enmarañar para siempre las relaciones entre la Liga y el Pueblo de la Libertad. La alianza entre Bossi y Berlusconi, que empezó ante las generales de 1994 y duró hasta noviembre de 2011, siempre fue algo más que política.