Los frentes de Bamako

La aportación de armamento libio y de excombatientes de Gadafi, ahora desocupados, ha puesto en jaque a los soldados de Bamako

Soldados malienses toman la radio y la televisión estatales este miércoles.
Soldados malienses toman la radio y la televisión estatales este miércoles.MALIN PALM (EFE)

El intento de golpe de Estado de este miércoles en Malí lo protagoniza el descontento en la lucha contra los independentistas tuaregs en el norte del país. Las familias de los soldados se quejan desde hace dos meses de que las tropas enviadas desde la capital, Bamako, carecen de armamento –e incluso provisiones- suficientes para detener el avance de los rebeldes.

Los nómadas se levantaron en armas el pasado 17 de enero, pero sus reivindicaciones se remontan a los años sesenta, cuando se independizaron los países en la zona. La rebelión busca controlar la cuna de los tuaregs, la región de Azawad, al norte del país. Desde entonces se han sucedido los enfrentamientos —y las treguas— entre los rebeldes y el Ejército. Pero este año el conflicto se ha reanudado como un efecto colateral de la primavera árabe: miles de combatientes tuaregs que trabajaban para el depuesto líder de Libia, Muamar el Gadafi, han regresado a su tierra cargados de armamento libio y se han sumado a los combates.

La aportación de armamento libio y milicianos desocupados ha puesto en jaque a los soldados de Bamako que, precariamente armados, intentan sin éxito frenar el avance tuareg en un territorio desértico e inhóspito para los militares del sur. Pero el Ejército tiene en el norte de Malí otro enemigo: los terroristas de Al Qaeda en el Magreb Islámico. Algunos grupos tuareg se codean con estos yihadistas, sobre todo para participar en los beneficios del lucrativo negocio de secuestros, tráfico de drogas, armas y personas en el Sáhara y la franja del Sahel.

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La población del norte de Malí, temerosa del fuego cruzado y de las represalias de ambos bandos, busca refugio en los países vecinos. Según la ONU, más de 130.000 personas han abandonado sus hogares desde el comienzo del conflicto el pasado mes de enero. No solo huyen de la violencia, sino también del hambre. La Agencia de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y varias organizaciones no gubernamentales advierten que la sequía, el alto precio de los cereales y la reducción de las remesas de los emigrantes pueden convertirse en una “emergencia humanitaria a gran escala”. Calculan que al menos 13 millones de personas necesitan alimentos en el Sahel.

La crisis del norte de Malí llegó por primera vez al sur del país a principios de febrero, cuando mujeres e hijos de soldados se manifestaron contra el Gobierno en Kati, una ciudad a unos 20 kilómetros de Bamako. El motivo de las protestas era la precariedad del armamento de los militares en la lucha contra los independentistas. El descontento popular derivó en violencia y durante dos días en la capital se vivió una caza de brujas: se incendiaron negocios y casas de familias árabes y tuareg y muchas personas de piel clara tenían miedo de salir a la calle. Bamako se pacificó en menos de una semana, pero desde entonces se han intensificado los rumores de que un sector del ejército planea un golpe de Estado.

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El desencadenante de intento de golpe de este miércoles también tuvo lugar en Kati. La visita del ministro de Defensa, Sadio Gassama, al cuartel de la ciudad (uno de los más importantes del país) reavivó el malestar de los soldados, que atacaron con piedras al ministro y comenzaron a sacar sus armas de los arsenales, según ha dicho una fuente militar a Reuters. Los disparos al aire de los soldados en los alrededores de Bamako se interpretaban como una señal de la desesperación del ejército frente a las múltiples crisis que sufre el norte de Malí. Una fuente diplomática añadía a primera hora de la tarde del miércoles que el motín no parecía ser un golpe de Estado, sino una expresión de “frustración y enfado”. Sin embargo, conforme pasaron las horas, lo que parecía una rebelión militar derivó en un ataque al palacio presidencial.

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