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Caen dos altos cargos de Guerrero por la muerte de dos estudiantes

El gobernador del Estado mexicano destituye al procurador y al jefe de la policía tras la represión violenta de una protesta

Agentes resguardan la zona de los enfrentamientos en México. Ampliar foto
Agentes resguardan la zona de los enfrentamientos en México. EFE

El violento desalojo de una manifestación estudiantil, en el que murieron dos jóvenes el pasado lunes, ha costado sus cargos al procurador general (fiscal) y al jefe de la policía del Estado mexicano de Guerrero, cuyo cese ha sido anunciado por el gobernador, Ángel Aguirre Rivero, después de que múltiples organizaciones sociales iniciaran protestas para denunciar el exceso policial.

Las autoridades afirmaron que hubo infiltrados en la manifestación e informaron de la detención de un joven al que acusan de poseer un rifle AK 47, pero fotografías y vídeos del suceso mostraron que agentes guerrerenses vestidos de civil y miembros de la Policía Federal dispararon contra quienes protestaban en demanda de una cita con el gobernador.

Los agentes tenían orden de ir desarmados a contener la manifestación que bloqueaba la carretera que comunica la capital mexicana con Acapulco, según afirmó el procurador (fiscal) del Estado de Guerrero, Alberto López Rosas, cuyo cese fue anunciado más tarde por el gobernador.

Las fotografías y los vídeos desmentían las afirmaciones de López Rosas. No solo los agentes uniformados iban armados, sino que, en contra de toda regla, otros miembros de la policía guerrerense vestidos de civil apuntaron armas de alto calibre contra los manifestantes. El procurador afirmó que se enfrentaban a personas armadas con rifles y granadas. Del otro lado de la calle lo que quedaron fueron piedras, cócteles Molotov, autobuses destrozados y dos estudiantes muertos.

Las fotografías y los vídeos desmienten la versión de las autoridades

Una secuencia fotográfica publicada en primera plana por el periódico Reforma muestra cómo uno de los dos fallecidos, Gabriel Echeverría de Jesús, corre hacia la policía. En su mano derecha Gabriel lleva una piedra del tamaño de una naranja. Dos segundos después yace en el suelo, muerto. Unos metros más allá quedó el cuerpo de otro estudiante, Jorge Alexis Herrera Pino. Las autoridades afirmaron ayer que necesitaban tiempo para saber quiénes son los autores de los disparos, aunque reconocieron que algunas de las personas que aparecen vestidas de civil en los vídeos y en las fotografías con rifles en posición de disparo sí son policías del Estado.

Los hechos ocurrieron en la ciudad de Chilpancingo, capital de Guerrero, cuando los estudiantes comenzaban un bloqueo de la vía en demanda de que el gobernador los recibiera, para reclamarle el incumplimiento de sus promesas de garantizar plazas a los profesores formados en la escuela Normal de Ayotzinapa. El Gobierno ha alegado que tuvieron que intervenir después de que los manifestantes prendieran fuego a una gasolinera. Una veintena de manifestantes fueron detenidos tras la refriega, y uno de ellos está acusado de posesión de un rifle. Los estudiantes han rechazado los cargos y denunciado que fueron torturado y al menos uno de ellos obligado a disparar el arma de alto calibre para incriminarlo.

La última vez que Ángel Aguirre Rivero llegó al poder en Guerrero lo hizo aupado por 17 cadáveres. Policías estatales habían emboscado y matado, en un vado llamado Aguas Blancas, a 17 campesinos. Eso fue en junio de 1995. El entonces gobernador Rubén Figueroa sólo renunció cuando meses después un video mostró la criminal celada. Era marzo de 1996, y el gobierno priista, fiel a su costumbre de que alguien de los suyos caído en desgracia se puede ir a su casa pero nunca a la cárcel, maniobró para dejar en el poder a uno de los suyos. Ese fue Aguirre Rivero, que ahora de nuevo es gobernador de ese estado (en esta ocasión ganó las elecciones bajo las siglas de la izquierda), en donde este lunes, policías estatales, y federales, aplastaron una protesta estudiantil, con un saldo hasta el momento de dos jóvenes muertos, y uno más en estado grave. Otra vez Guerrero, otra vez Aguirre, otra vez muertos.

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