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El ministro de Deportes de Brasil dimite arrastrado por un escándalo de corrupción

Orlando Silva es el sexto miembro del Gobierno de Rousseff obligado a dejar su cargo y el quinto por acusaciones de corrupción

Orlando Silva se dirige a la prensa.
Orlando Silva se dirige a la prensa. AP

Orlando Silva, Ministro de Deportes de Brasil y miembro del partido comunista PcdoB, ha dimitido tras una reunión con la presidenta Dilma Rousseff. Así lo ha anunciado la dirección de su partido, que ya busca un sustituto dentro entre sus filas, aunque la decisión final será solo de Rousseff. El titular de Deportes ha cedido a las presiones de los medios de comunicación, acusado de haber montado dentro del ministerio un esquema de corrupción a través varias ONG para el enriquecimiento propio y del partido.

Silva se convierte así en es el sexto ministro obligado a dejar el Gobierno desde inicios de junio y el quinto por motivos de corrupción. Solo el titular del Ejército, Nelsom Jobim, fue forzado a dimitir por haber criticado duramente a dos de las ministras de confianza de Dilma.

Los ministros anteriores que dejaron el Ejecutivo acusados de corrupción fueron los de la Casa Civil, Transportes, Agricultura y Turismo. Los seis fueron heredados por Rousseff del anterior Gobierno del expresidente Lula da Silva, algunos de ellos por petición expresa suya del exmandatario.

La presidenta brasileña ha seguido el mismo guion que otras veces. Ante las acusaciones de corrupción de los medios ha pedido al interesado que se explique y se defienda ante el Congreso. Así lo ha hecho Silva, aunque sin éxito. Roussefg después pide a los órganos de vigilancia del Estado que investiguen las acusaciones y, solo tras esto, toma su decisión sin perder tiempo y sin que los problemas se le pudran sobre la mesa.

Esta vez, el proceso ha durado un poco más porque el ministro Silva pertenece a un partido que, a pesar de contar solo con 15 diputados, es una formación de izquierdas que luchó contra la dictadura militar y que fue fiel a Lula desde la primera vez que se presentó como candidato a las presidenciales, en los años 80. El propio Lula llamó por teléfono a los dirigentes del PcdoB y les pidió que “resistieran” y sostuvieran al ministro, quien continuaba defendiendo su inocencia.

Las quejas de Lula

Dilma, que ya había decidido días atrás sacar al ministro, acabó aparcando el caso hasta que anteayer se encontró con el expresidente en Manaos en la inauguración de un puente. En el viaje, en el avión presidencial, ambos hablaron a solas. Poco después Lula se quejó de que el PcdoB no le había informado cabalmente de los pormenores del escándalo y que había tenido que enterarse de algunas acusaciones contra el ministro “por los periódicos”. Apenas 48 horas después, y tras anunciarse hoy que el Tribunal Supremo había abierto una investigación acerca de la posible participación de Silva en el desvío de fondo públicos destinados a incentivar el deporte entre jóvenes y niños, Dilma tomó su decisión.

El PcdoB, que se ha visto muy dañado en su reputación al aparecer como un partido corrupto más tras un historial de lucha contra la dictadura, llegó a ver el caso como una conspiración del partido hermano de la izquierda, el Partido de los Trabajadores de Rousseff y el propio Lula, para hacerse con un ministerio, el de Deportes, hasta ayer considerado menor y hoy muy codiciado al depender de él los preparativos del Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio de 2016 que van a mover miles de millones en obras públicas. Pero es muy posible que el ministerio se quede de nuevo con el PcdoB.