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Arranca el juicio contra siete científicos por el terremoto de l'Aquila

La Fiscalía acusa a los técnicos de la Comisión de Grandes Riesgos de no haber informado a la población sobre los riesgos antes del seísmo de 2009, que causó 309 muertos

Les tranquilizaron. Despejaron sus temores por los temblores que hacían titilar las ventanas y oscilar las lámparas, el miedo por las grietas que se ensanchaban en las paredes; les dijeron que podían dormir tranquilos en sus casas. Los siete miembros de la Comisión de Grandes Riesgos se reunieron el 31 de marzo de 2009 en L'Aquila, alertados por los vecinos de las leves pero continuas sacudidas, y concluyeron que no había peligro alguno. En la noche del 6 de abril, un terremoto sacudió la tierra y devastó los pueblos de la región central de los Abruzos, su capital L'Aquila y mató a 308 personas. Muchos eran jóvenes universitarios. Los técnicos de la Protección Civil están ahora acusados de homicidio culposo por no haber sabido, con la negligencia de su estudio, defender a la población.

El juicio en su contra ha arrancado esta mañana. Seis de los siete imputados no estaban presentes en Tribunal. Se trata de un filón muy importante en la investigación que comenzó tras el seísmo, porque toca el tema delicado de la falta de prevención. ¿Se puede condenar a alguien por no haber previsto un fenómeno natural? Los Fiscales de la ciudad de los Abruzos consideran que sí. Los siete imputados elaboraron "una evaluación del peligro totalmente aproximada, genérica e ineficaz en relación a la actividad de la comisión y a los deberes de prevención y precisión del riesgo sísmico'.

Con su trabajo mal hecho -es la tesis de la acusación- los imputados ridiculizaron los temores de los habitantes, les indujeron a minimizar los riesgos reales y a asistir pasivos mientras la tierra se movía.

Los vecinos llevaban un buen tiempo denunciando los temblores que se registraban continuamente en los meses previos a la gran sacudida, de 5,8 grados de magnitud en la escala de Richter. De hecho, esta parte de la investigación sobre el terremoto se abrió después de que 32 familiares de las víctimas acudieran al magistrado denunciando que, tras la reunión, la Comisión de Grandes Riesgos no les alertó del peligro que podían correr sus vidas. Al revés, declararon frente a las cámaras y ante los periodistas que nada grave se estaba preparando en el vientre de la tierra.

Los testimonios son espeluznantes. "Hubiéramos dejado nuestro piso si no hubiera sido por aquellas palabras tranquilizadoras de la Comisión. Solíamos salir de casa, sobre todo tras sacudidas tan fuertes [una sobre las 13.00 del día anterior a la tragedia y otra sobre la una de la misma noche, respectivamente de 3,9 y 3,5 en la escala Richter]", dijo al Fiscal Vincenzo Vittorini, que bajo los escombros causados por el seísmo perdió a su mujer y a su hija de nueve años. "Estaba preocupado pero acababa de escuchar a los científicos decir que si la tierra se descargaba un poco era mejor y que no iba a haber sacudidas de magnitud superior de las que ya habíamos sufrido", explicó.

Gianfranco Di Marco, que en el pueblo de Onna vió morir a su madre, su hermana y el hijo de ésta, contó más o menos lo mismo, según recuerda el semanal L'Espresso. "El 30 de marzo, en la plaza central había muchísimas personas que no querían dormir en casa. Allí se quedaron hasta muy entrada la noche. El 5 de abril, solo salieron un puñado", contó Di Marco. Nadie pretendía que los "siete sabios" pudieran prever la fecha y la hora de la sacudida más fuerte. Sin embargo, debían alertar a la población para que se mantuviera despierta y preparada. Sus informaciones imprecisas, incompletas y contradictorias -según el Fiscal- frustraron hasta las medidas más elementales de prevención que la gente de aquella zona estaba acostumbrada a adoptar.

No se trataba de ser adivinos. Tampoco se trataba de desencadenar el pánico. Todo el mundo intentó tranquilizar a los vecinos de L'Aquila y del territorio. Por ejemplo lo hicieron el alcalde Massimo Cialenti o su concejala, Daniela Stati. Pero la Fiscalía subraya que el papel desempeñado por los científicos de la Comisión era distinto: es normal que un político intente evitar que cunda el miedo, no es justo que hagan lo mismo los asesores de la Protección Civil, que son técnicos y científicos. Su voz tiene un calado más profundo en la moral y en las reacciones de la gente, porque representan a la flor y nata de los expertos en seísmos del país. Por eso, ahora están acusados de homicidio culposo el presidente de la Comisión de Altos Riesgos, Franco Barberi; el subdirector del sector técnico del departamento de la Protección Civil, Bernardo De Bernardinis y el entonces presidente del Instituto nacional de Geofísica y Vulcanología, Enzo Boschi, el director del Centro Nacional Terremotos, Giulio Selvaggi; el director del Centro Europeo para la Formación y la Investigación de la Ingeniería Sísmica (Eucentre), Gian Michele Calvi; el profesor de Física de la Universidad de Génova, Claudio Eva y el director de la Oficina de Riesgo Sísmico de la Protección civil, Mauro Dolce.

Su profesionalidad queda esculpida en una frase de la rueda de prensa que siguió su reunión del 31 de marzo: "Bebámonos una botella de Montepulciano [vino tinto típico del centro Italia]". La pronunció De Bernardinis, entonces subdirector del sector técnico de la Protección Civil, hoy ascendido a jefe del mismo departamento. Y también imputado.