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Análisis:

Mijaíl Gorbachov: año ochenta

Seguidores de Yeltsin miran hoy hacia Gorbachov con nuevos ojos, como si al fin le reconocieran méritos que no vieron en los ochenta

Mijaíl Gorbachov, el último líder de la Unión Soviética, cumple ochenta años el 2 de marzo. Boris Yeltsin, el primer presidente de la Rusia postcomunista, los hubiera cumplido el 1 de febrero, si no hubiera fallecido en 2007. Estos dos aniversarios son motivo para reflexionar sobre el periodo de más de un cuarto de siglo que comenzó en la primavera de 1985, cuando Gorbachov puso en marcha la perestroika, tras ser elegido máximo dirigente del Partido Comunista. Fueron reformas que adquirieron una dinámica propia y acabaron destruyendo el sistema socialista y el Estado.

Los aniversarios obligan al Kremlin a situarse en un terreno resbaladizo, entre dos personajes históricos incómodos en los que no desea profundizar. Gorbachov es el símbolo de la democratización y la apertura informativa, dos valores en declive en la Rusia de hoy. Yeltsin está asociado a una época caótica y muy dura en la vida de los rusos. Vladímir Putin, el sucesor de Yeltsin, afianzó su poder distanciándose de los "febriles noventa". Con ocasión de su aniversario, sin embargo, ha subrayado su lealtad con la herencia de su protector. En contrapartida, los debates sobre el fallecido Yeltsin se centraron en la faceta humana y familiar del personaje y evitaron analizar las secuelas de su política. Algunas preguntas básicas no llegaron ni a formularse: ¿Cómo cedió Yeltsin el poder a un ex funcionario del KGB (Comité de Seguridad del Estado), la estructura soviética que tanto había denunciado? ¿Cómo se ha llegado a la corrupción actual? ¿Cómo fue posible que las elecciones, que Gorbachov había hecho realmente libres y democráticas, volvieran a ser manipuladas y falsificadas? ¿Por qué aquellos camaradas liberales de Yeltsin, hoy cómodamente colocados al frente de grandes empresas, no denuncian de vez en cuando la involución de la democracia?

Del aniversario de Yeltsin queda un monumento en la ciudad de Yekaterinburg, en los Urales, donde hizo carrera. Lo inauguró el presidente Dmitri Medvédev a los sones de una composición de Mijaíl Glinka, que fue el himno nacional de Rusia, hasta que Vladímir Putin lo sustituyó por el antiguo himno soviético.

Algunos seguidores de Yeltsin (no los más éxitosos en la Rusia actual) miran hoy hacia Gorbachov con nuevos ojos, como si por fin le reconocieran méritos que no le vieron en los ochenta, cuando le criticaban por ser demasiado lento y demasiado indeciso en las reformas. "Con el tiempo la talla histórica de Gorbachov ha crecido y vemos que tenía una dimensión universal. En cambio, la figura de Yeltsin cada vez me resulta más incomprensible, porque no aprovechó sus oportunidades y después entregó todas sus posiciones y se esfumó", decía un veterano miembro del equipo yeltsinista.

Los rusos no se han reconciliado aún ni con Gorbachov ni con Yeltsin. En diciembre una encuesta de centro Levada indicaba que sólo el 14% tiene una actitud positiva hacia Gorbachov, mientras el 38% se muestran negativos y el 41%, neutral. En relación a Yeltsin, las proporciones son del 17%, 35% y 42% respectivamente. En comparación, el 51% consideran positivo el papel de Stalin.

Los defensores de la Unión Soviética aún no le han perdonado a Gorbachov el desmoronamiento de aquel imperio. En febrero, en la Duma Estatal de Rusia (cámara baja del parlamento) Serguéi Ábelzev, un diputado del partido del populista Vladímir Zhirinovski, expresó un siniestro deseo. Refiriéndose al concierto que Gorbachov organiza el 30 de marzo en Londres, Abelzev dijo lamentar que "no haya un patriota" como Andréi Lugovói que le "organice un verdadero té de las cinco" al ex líder soviético. Para la justicia británica, Lugovói, diputado de la Duma en el mismo partido que Ábelzev, es sospechoso de haber asesinado al ex agente Alexandr Litvinienko en Londres con un té envenenado.

A diferencia de Yeltsin, Gorbachov no tiene responsabilidades por el mecanismo de toma de decisiones y la gestión de la Rusia actual y eso, combinado con su autoridad internacional, le confiere un peso que él utiliza para expresarse -de forma dosificada- sobre temas importantes cuando lo considera oportuno. Recientemente, en la televisión rusa, Gorbachov dijo que Rusia Unida, el partido de los seguidores de Putin, es una "mala copia" del partido comunista de la URSS y se pronunció por la liberación del oligarca Mijaíl Jodorkovski.

Al frente de la URSS, Gorbachov puso fin de la Guerra Fría, abogó por un mundo desnuclearizado y firmó importantes acuerdos de reducción de armamento con EEUU. Gorbachov renunció a la violencia tanto con los aliados europeos como en su propio país, dejó que los "satélites" soviéticos tomaran las riendas de su destino y apoyó la reunificación alemana cuando los aliados occidentales de la RFA no acababan de decidirse todavía. El presidente de EEUU, Barak Obama, ha retomado en parte las ideas del líder soviético, mientras el presidente ruso, Dmitri Medvédev, intenta reciclar algunas de ellas, como la "casa común" desde Vancouver a Vladivostok y la nueva arquitectura de seguridad europea.

En la historia rusa, dominada por personajes autoritarios, Gorbachov tiene el papel de "antihéroe" y "anti-Stalin", según el politólogo Dmitri Furman. Pero "para la arcaica conciencia rusa, Gorbachov estaba muy por delante de su época. Irritaba y era incomprendido por la sociedad y la élite y por la inmensa mayoría de la intelectualidad liberal", señala Furman. Yeltsin, en cambio, respondía al "arquetipo" ruso de la lucha contra el poder, en la cual el fin justifica los medios". Putin, el heredero de Yeltsin, es una versión "superlight" de Stalin y vuelve a situarse ya en las tradiciones del dirigente duro, que oprime a los disidentes e inspira temor a los vecinos, opina el analista.

"Rusia", dice Furman, "no pudo mantener el nivel de democracia que logró con Gorbachov", y que permitió a su rival Borís Yeltsin vencer en elecciones libres y honradas. Después, Yeltsin no permitió ya la repetición de elecciones como esas y los comicios se transformaron en una pura ficción. En Rusia se ha creado un sistema del mismo tipo que en la mayoría de los Estados postsoviéticos y semejante a los que se "resquebrajan y se desmoronan en Oriente Próximo". El análisis de la experiencia de Gorbachov debe tener un lugar central en el próximo intento de democratizar Rusia, afirma.

Según la analista Lilia Shevtzova, la parte políticamente activa de la sociedad rusa resultó no estar preparada para expresar sus anhelos y esperó a que un líder le encontrara la salida. "Decepcionados de Gorbachov, nos lanzamos a buscar la respuesta en Yeltsin, confirmando así nuestra incapacidad de hacer uso de la libertad que había caído sobre nosotros".

A sus ochenta años, Gorbachov es un personaje histórico, pero también un ser humano real. Le caracteriza su "vitalidad", aunque últimamente el se refiere a su "media vida", porque la otra media desapareció con Raísa, su esposa fallecida de leucemia en 1999. En la televisión rusa el domingo, Gorbachov decía que le "faltaba terriblemente la relación con Raísa". Tanto que "incluso quiero creer que cuando muera nos podremos encontrar", afirmaba, tras haberse declarado "ateo". Gorbachov tiene sendido del humor y disfruta de un buen vino o de una buena conversación. Tiene sentido de las proporciones, tal vez porque nació en una familia campesina del sur de Rusia que no perdió los vínculos con la tierra y la cultura tradicional. Su armonía con la naturaleza le da una dimensión mediterránea, a diferencia de Yeltsin, que fue un personaje mucho más atormentado y extremo, como el clima de Siberia.

En Moscú, dos exposiciones fotográficas conmemoraban los aniversarios de los rivales. En la primera, dedicada a Gorbachov, la biografía del hombre se entreteje con la historia de la sociedad y el país. Impresionantes fotografías en blanco y negro sumergen al espectador en las grandes esperanzas y decepciones de los años ochenta. La exposición de Yeltsin, que muestra sobre todo la década de los noventa, es más caótica, aunque incluye un episodio (hoy "políticamente incorrecto") como la reunión de Yeltsin con los separatistas chechenos, que Putin declararía después delincuente y serían perseguidos o exterminados.

Las exposiciones tienen algo en común. La de Gorbachov trata de evitar la imagen de Yeltsin y la de Yeltsin, la de Gorbachov, como si ambos discurrieran en paralelo por la historia sin relacionarse entre sí. El detalle indica que la relación entre estos dos protagonistas de la historia sigue siendo un tema espinoso, pendiente de un análisis desapasionado. ¿Fueron Gorbachov y Yeltsin los representantes de dos épocas diferentes o dos caras de la misma Rusia?

Gorbachov celebra hoy su aniversario en compañía de sus amigos en Moscú. El 30 de marzo lo hará en el Albert Hall de Londres con un concierto para recaudar fondos con destino al centro médico Raísa Gorbachov para niños enfermos de leucemia de San Petersburgo. En la capital británica habrá galardones para personajes que han hecho algo por la humanidad. Serán el premio Perestroika, el premio Glasnost (Transparencia Informativa) y el premio Uskorenie (Aceleración). Para que nadie se olvide que tres palabras claves de la filosofía de Gorbachov son todavía procesos inacabados.