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Turquía se acerca con precaución a la revolución libia

Más de 4.000 turcos esperan ser rescatados en las próximas horas por las autoridades de su país

La actitud ambigua del mandatario turco hacia revolución libia está levantando críticas entre la sociedad turca. La tibieza del ejecutivo ante el baño de sangre libio, contrasta con el claro posicionamiento del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, con el pueblo durante las revueltas de Egipto. Los turcos reclaman a su líder, que se ha forjado una imagen política como "hombre del pueblo y por el pueblo", que sea claro en su condena al régimen de Trípoli y que devuelva, como primer gesto, el Premio a los Derechos Humanos que Muamar el Gadafi le entregó en pasado noviembre. "Mientras el galardón de Gadafi repose en las estanterías del Gobierno de la República de Turquía, la responsabilidad por las masacres que están teniendo lugar en Libia recae sobre nosotros" explicó el portavoz de la plataforma reformista Jóvenes Civiles.

Pero parece que ninguna de las reivindicaciones van a ser, por ahora, atendidas. Erdogan explicó ayer, horas antes de dirigir un discurso ante su grupo político en Ankara donde explicó las directrices a seguir en la crisis de Libia, que la devolución del galardón "estaba fuera de cuestión".

Durante la alocución, cuidadosamente redactada, el Primer Ministro Turco quiso dejar claro su compromiso con la democracia y los derechos fundamentales para las poblaciones en los países árabes. Sin embargo también argumentó que hablar de valores universales puede tener implicaciones peligrosas para los turcos en Libia y sus inversiones económicas, que ascienden a 11.000 millones de euros anuales.

El volumen de negocio y los 4.000 ciudadanos turcos que esperan todavía ser rescatados en Libia y que podrían sufrir represalias, explicarían para los analistas, este cambio de actitud de Turquía frente a Libia. Erdogan fue ayer muy claro a este respecto, colocando la seguridad de sus ciudadanos como su "máxima prioridad", a la vez que tildó de oportunistas a quienes le exigen mayor contundencia contra Gadafi.

El ejecutivo turco, que evacuó a todo los ciudadanos turcos antes de pedir la salida de Mubarak de Egipto, no ha escatimado esfuerzos para evacuar a su población por tierra, mar y aire, desde que empezaron las revueltas en Libia. Y es que con 25.000 personas, los turcos son la comunidad de expatriados más numerosa del país. Casi todos trabajan en alguna de las 200 constructoras turcas que operan en la zona y que en los últimos días se han convertidos en improvisados refugios donde aguardar el rescate.

Por eso el Primer Ministro turco instó ayer al ejército y al pueblo libio a proteger a los extranjeros y criticó las acciones de represión. "Las medidas crueles tomadas contra las demandas democráticas del pueblo solo exacerbarán la espiral de violencia y pondrán en peligro la unidad nacional".

El discurso de Erdogan es, según fuentes diplomáticas, el inicio de una nueva postura en política exterior basada en los intereses nacionales. Un postura que según el Centro de Estudios Estratégicos para Oriente Medio, "estará presente en el caso de estallar revueltas similares en países aliados como Siria" y que se aleja de la excesiva confianza en su capacidad para establecer el orden en la región, que el ejecutivo de Erdogan ha mostrado hasta la fecha.

Turquía está viendo como su alianza con sátrapas como Muamar el Gadafi, con cuya administración firmó un tratado prioritario de comercio en 1975, le está trayendo problema. Ankara deberá ahora hilar muy fino si busca mantener su rol como modelo de democracia islámica sin perder de vista sus intereses económicos en la región.