Roweny, el comandante del Ejército egipcio: "Todo lo que queréis se cumplirá"

Hasta la fecha, los militares egipcios han mostrado una pasividad que reflejaba dificultades en alcanzar una posición común sobre qué hacer con Mubarak y el futuro del país

El Ejército ha tomado las riendas en Egipto. Tras 17 días de manifestaciones y con la plaza de la Liberación pidiendo la salida del presidente Hosni Mubarak, el comandante del Ejército egipcio, Hassan al Roweny, dijo a los miles de manifestantes que "todo lo que queréis se cumplirá". Unas declaraciones que esperanzaron a la multitud. Pero unas declaraciones que el Ejército realizó antes del discuros de Mubarak.

Roweny se dirigió a los manifestantes desde uno de los escenarios erigidos en la plaza, pidiendo a los manifestantes que cantaran el himno nacional y que mantengan la seguridad de Egipto. Al escuchar sus palabras, los manifestantes corearon: "El pueblo demanda la caída del régimen" y "el régimen ha caído". La noticia de la nueva posición tomada por el Ejército, coincidía con las informaciones de que Mubarak podría dimitir de su cargo y cedería su puesto de comandante militar al Ejército. Algo que finalmente ayer no sucedió.

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Esta fue la primera declaración pública de las Fuerzas Armadas egipcias desde que estalló la crisis. El Ejército egipcio reforzó ayer por la mañana sus posiciones con tanques y tanquetas en las proximidades del edificio de la radiotelevisión pública, ante el anuncio de que hoy se celebrará allí una manifestación masiva contra Mubarak, en el poder desde 1981. Aunque la plaza de la Liberación permanece custodiada por unidades blindadas del Ejército desde el pasado 28 de enero, no se habían visto tantos tanques como los que había ayer. También se nota que los militares han reforzado sus posiciones en los alrededores de la estación central de Ramses.

Actitud peligrosamente ambigua

Hasta la fecha los militares han asumido una actitud peligrosamente ambigua y poco decidida. Una pasividad que, según algunos analistas, reflejaba dificultades en alcanzar una posición común sobre qué hacer, sobre qué intereses priorizar.

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Las Fuerzas Armadas tenían que decidir entre defender el statu quo de un régimen del que han sido un pilar fundamental, dirigido por hombres formados en sus filas y que les ha ofrecido importantes privilegios, incluida la posibilidad de desarrollar lucrativas empresas en varios sectores; o apoyar las demandas del pueblo y satisfacer las presiones internacionales, y en especial la del aliado estadounidense, dando el último empujón al régimen. Al final, y tras muchos días de protesta, se han decantado por la segunda opción.

Pero los titubeos de las Fuerzas Armadas han sido una constante en esta crisis. Titubeos entre la lealtad al régimen y el interés en satisfacer las presiones de Estados Unidos, que contribuye al presupuesto militar egipcio con 1.300 millones de dólares (950 millones de euros) anuales. Los altos mandos militares egipcios mantienen estrechas relaciones con los estadounidenses, de los que reciben formación además de dinero.

A pesar de su papel ambiguo, el Ejército ha estado en el punto de mira de las organizaciones de derechos humanos. Según denuncia el periódico británico The Guardian, basándose en testimonios de víctimas de esos abusos, los militares egipcios han detenido de manera secreta a cientos, posiblemente miles, de supuestos opositores al régimen desde que estalló la revuelta social contra Mubarak. Las ONG aseguran que su neutralidad es solo aparente y les acusan de estar envueltos en desapariciones, torturas y abusos.

Los manifestantes abrazan a los militares egipcios en la plaza de la Liberación.
Los manifestantes abrazan a los militares egipcios en la plaza de la Liberación.REUTERS

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