Los cristianos iraquíes celebran la Navidad en medio de fuertes medidas de seguridad

Los templos de Bagdad han limitado las fiestas y han pedido máxima precaución en una jornada que ha transcurrido sin incidentes que lamentar tras las renovadas amenazas de Al Qaeda

Los cristianos iraquíes han celebrado el día de Navidad bajo estrictas medidas de seguridad debido a la preocupación causada por las últimas amenazas de Al Qaeda de llevar a cabo atentados contra esa comunidad. El temor ha causado que las celebraciones transcurran en silencio, aunque sin incidentes que lamentar. La mayoría de los cristianos han acudido a las iglesias cerca de sus casas y negocios para asistir a la misa en la mañana en vez de la tradicional Misa de Gallo a medianoche.

Los líderes de la Iglesia católica en el país de mayoría musulmana han instado a los fieles a que tomasen muchas precauciones, a la vez que han cancelado oficialmente los grandes eventos públicos relacionados con la fiesta navideña. Sin embargo, algunas iglesias han sido capaces de celebrar de manera más abierta en las regiones autónomas kurdas, en el norte de Irak, a donde han huido muchos cristianos en busca de refugio.

El Estado Islámico de Irak, grupo terrorista perteneciente a la red Al Qaeda, reiteró la semana pasada sus amenazas contra la comunidad cristiana. Entre sus exigencias está la liberación de un grupo de cristianos coptos que supuestamente fueron secuestrados tras haberse convertirdo al islam en Egipto. También acusaban a los cristianos iraquíes de proselitismo y fraternizar con las fuerzas de ocupación.

Benedicto XVI ha hecho hoy una mención especial a los cristianos iraquíes en su tradicional mensaje navideño Urbi et Orbi. "Mi pensamiento se dirige de manera especial a la amada patria de Irak", ha dicho el Papa en el Vaticano. "Que el mensaje reconfortante de la llegada de Emmanuel alivie el dolor y lleve consuelo en medio de los juicios a la querida comunidad cristiana en Irak y en todo Oriente Próximo", ha agregado el Pontífice.

Celebraciones limitadas

El temor a nuevos ataques ha obligado a los líderes cristianos a limitar las celebraciones de la Navidad. En la víspera de la Nochebuena, el único signo festivo era el coro de niños que ensayaba villancicos en la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación, bajo la atenta y nerviosa mirada de sus padres.

Los templos cristianos de la capital iraquí han reforzado su seguridad. Nuestra Señora de la Salvación ha estado rodeada de altos muros de alambre de espino. "Forma parte de las nuevas medidas de seguridad para las iglesias de Bagdad", cuenta el Mohammed Abed Aswad, de pie junto a la iglesia del Sagrado Corazón, en el céntrico distrito de Karrada.

Para algunos feligreses, los muros de protección son un recordatorio deprimente de los peligros a los que se enfrentan. "Te juro que me eché a llorar cuando la vi por primera vez," cuenta Jalid Yusif, un feligrés que acude al templo de Nuestra Señora de la Salvación con sus dos hijos. "Míralo. No parece a una iglesia. Se ve como una fortaleza o una prisión", dice mientras señala las marcas del ataque en los muros del templo.

Debajo de la elegante decoración de caligrafía árabe, las paredes están plagadas de agujeros de bala y en algunos aún son visibles las manchas de sangre. Los ventanales del edificio permanecen rotos. Delante del altar, sobre una alfombra verde, los fieles han colocado fotos de las decenas de muertos en el ataque.

Ataques a cristianos

La Nochebuena de Ban Zaki, una cristiana iraquí, ha sido distinta a todas las demás. Vestida de riguroso luto, ha acudido con sus tres hijos a la iglesia para honrar a su difunto esposo, asesinado junto a otras 51 personas durante el asalto de las fuerzas de seguridad a un templo donde habían sido secuestrados el 31 de octubre.

"Murió en este lugar", dice esta mujer de 49 años señalando el suelo de mármol de la iglesia católica. "Este año no habrá ni fiestas ni celebraciones. Las imágenes del ataque y la forma en que mataron a mi marido están todavía en mis ojos. Fueron cuatro horas que no olvidaré durante el resto de mi vida".

Zaki recibió un disparo en el abdomen durante el asalto. "Yo estaba aquí, en el suelo, sangrando", cuenta ella, con voz entrecortada."Mi marido estaba allí, a dos o tres metros de distancia de mí, pero no pude llegar a él. Tenía miedo de moverme, de dejar desprotegidos a mis hijos, que tenía abrazados".

"No estoy dispuesta a hacer más sacrificios", dice Zaki, que quiere abandonar el país que la vio nacer. "Ya es suficiente".

El ataque derivó en un nuevo éxodo interno de cristianos iraquíes. La agencia de refugiados de la ONU cifra en un miles las familias cristianas que han abandonado sus residencias habituales para dirigirse a zonas menos hostiles como el Kurdistán o Mosul. La población cristiana iraquí llegó a contar con alrededor de 1,5 millones de personas. En la actualidad ha quedado reducida a la mitad, de un total de 30 millones de habitantes.

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