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La confusión reina en Italia tras la victoria mínima de Berlusconi

Los destrozos en el mobiliario decoran las calles de Roma el día después de los altercados.- Varios analistas coinciden en que el Gobierno de 'Il Cavaliere' está demasiado debilitado para llegar a 2013

La victoria de Berlusconi por la mínima no basta para dar a Italia un Ejecutivo fuerte y estable. Lo sabe el primer ministro, que empezó su mandato hace dos años y medio con una ventaja de 100 diputados. Lo ha subrayado la oposición: "Una victoria pírrica, que no cambia nada en el panorama: este Gobierno está muerto", ha comentado Pierluigi Bersani, líder del Partido Democrático. No cambia la realidad de un Ejecutivo débil y casi sin capacidad de maniobra, "pero Berlusconi ha conseguido un importante éxito personal de cara al rival Gianfranco Fini", comenta Stefano Folli, el analista político del Sole 24. La rebelión del presidente del Congreso, Fini, acabó con una humillación parlamentaria. "Ahora podrá ser Il Cavaliere quien gestione esta nueva fase -sigue Folli- o bien intentando ampliar su mayoría hacia los centristas de Pier Ferdinando Casini [el partido católico Unión de Centro] y los arrepentidos de Futuro y Libertad [el partido de Fini nacido a raíz de la escisión de julio] o bien convocando elecciones anticipadas".

Muchos analistas ya apuestan por la segunda opción, parece improbable que un Gabinete tan cojo pueda aguantar hasta 2013. Otros subrayan que al menos siete finianos estarían a un paso de volver a Berlusconi y que Casini podría apoyar al Cavaliere (con su 35 diputados) en cambio de alguna buena promesa. El día después del voto, arranca la negociación bajo la mesa.

Todos los partidos buscan alianzas, pero ninguno tiene la fuerza para imponerse y tampoco se vislumbran coaliciones capaces de ofrecer una alternativa estable al Gobierno. Un primer examen para tantear los nuevos equilibrios parlamentarios está previsto para el 22 de diciembre cuando se votará otra moción de censura, esta contra Sandro Bondi, ministro de Cultura, presentada tras el derrumbe de la Escuela de los Gladiadores en Pompeya a principios de noviembre.

Mientras, parece siempre más desgarrada la fractura entre lo que pasa en los edificios del poder y lo que transcurre en las calles. "El muro entre política y país", resumía Mario Calabresi, director de La Stampa, el diario de la familia Agnelli, hablando de "dos galaxias lejanas años luces".

En la mañana de hoy han vuelto a abrir restaurantes y tiendas de la via del Corso y de la plaza del Popolo en Roma, escenarios de los altercados entre policía y grupos antisistema que el martes se unieron a la marcha pacífica de estudiantes, obreros y movimientos críticos con Berlusconi. Un centenar de personas resultaron heridas (entre manifestantes y agentes). La ciudad buscaba hoy su normalidad, mientras las calles del centro seguían con cubos y macetas arrancados, adoquines extirpados, chirimbolos y carteles rotos. Veintiséis de los 41 arrestados se enfrentan al juicio por resistencia a público oficial y actos de vandalismo. El alcalde Gianni Alemanno ha anunciado que el municipio de Roma se va a presentar como acusación particular y ha evaluado en 20 millones los daños. La oposición pide que Roberto Maroni, ministro de Interior, de cuenta al Parlamento sobre la actuación de la policía.