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Moldavia se aproxima a los separatistas del Transdniéster

Señales positivas en un conflicto legado por la URSS

Un tren de pasajeros en ruta de Chisinau, la capital de Moldavia, a la ciudad ucrania de Odessa concreta hoy la esperanza de solucionar el conflicto separatista del Transdniéster, una herencia de la URSS muy delicada para la Unión Europea (UE) por la cercanía a sus fronteras y por los intereses que afecta. El tren, cinco vagones encabezados por una locomotora Diesel, salió de Chisinau y se paró en la ciudad de Bendera, para que los separatistas hicieran sus controles, y después, en Tiraspol, la capital del Transdniéster, para seguir hacia el mar Negro. Era la primera vez que eso sucedía desde 2006, cuando la conexión ferroviaria fue suprimida tras las sanciones impuestas a los secesionistas por Moldavia, entonces presidida por el comunista Vladímir Voronin.

Las sanciones, apoyadas por el presidente ucraniano, Víctor Yúshenko, y por la UE, perjudicaron la economía del Transdniéster y de Ucrania, pero no ablandaron a Igor Smirnov, el líder del Transdniéster. Smirnov, el ex director de una fábrica, dirige esa región industrial situada a la orilla izquierda del Dniéster, que en el pasado fue una autonomía de Ucrania. Stalin unió aquel territorio a Besarabia, que ocupó en virtud del pacto germano-soviético de 1939. Así, dos regiones de diferente biografía histórica, pasaron a formar la república socialista de Moldavia, una de las 15 integrantes de Unión Soviética. Al desaparecer la URSS, los habitantes del Transdniéster, en su mayoría rusos y ucranios, rechazaron el rumbo prorumano de Moldavia, temerosos de ser absorbidos por Bucarest. Desde el alto el fuego que concluyó la guerra en 1992, el conflicto ha estado congelado y sometido a un formato regulador (conocido como "cinco más uno"), en el que Ucrania, Rusia, la OSCE son mediadores, y la UE y EEUU, observadores. Las negociaciones con sus altibajos no han dado resultado, pero se han reanimado recientemente con varias rondas informales (las últimas, en la OSCE en Viena, esta semana).

Las señales positivas para la resolución del Transdniéster surgen de condiciones que podían considerarse desfavorables. Paradójicamente, en Moldavia, el Gobierno presidido por Vlad Filat, del Partido Liberal Democrático, considerado demasiado prorumano en el Transdniéster, está dando pasos prácticos que no dio Voronin, de retórica antirumana. Filat ha tomado iniciativas para fomentar la confianza y ha puesto en marcha la llamada "diplomacia del fútbol", reuniéndose con Smirnov en el estadio de Tiráspol. Resultado de su política es a partir de hoy el paso del tren de pasajeros que recorre 187 kilómetros y que evita el desvío de 250 kilómetros por Ucrania que el tren Chisinau-Odessa efectuaba desde 2006 para cubrir el trayecto.

Para exportar sus mercancías las empresas industriales del Transdniéster se someten a los trámites aduaneros de Moldavia. Las formalidades se podrían simplificar si progresa el acercamiento y se reanuda el tráfico de trenes de mercancías a través del Trasdniéster. En la frontera con Ucrania (la única exterior del Transdniéster) actúa una misión fronteriza de la UE (EUBAM). El Transdniéster no se ha pronunciado sobre la propuesta hecha por esta entidad para que aduaneros moldavos y separatistas trabajen juntos en la frontera, explicó el viceprimer ministro de Moldavia, responsable de la reintegración, Víctor Ósipov. Según éste, el jueves en un partido de fútbol en Tiráspol, Smirnov y Filat trataron de la necesidad de reconectar las líneas telefónicas entre las dos orillas del Dniéster.

En Moldavia, donde la correlación de fuerzas políticas no permitió elegir un presidente desde 2009, se celebran elecciones parlamentarias el 28 de noviembre y el gobierno de Filat quisiera nuevos progresos tangibles antes de esa fecha. El representante especial de la UE para Moldavia, Kalman Mizsei, ha exhortado a celebrar una ronda de negociaciones formales "5 más 2" antes de la cumbre de la OSCE de diciembre y ha pedido a las partes mostrar "valor" y "responsabilidad" para resolver un conflicto que "es resoluble".

A la mejora del clima en torno al Transdniéster contribuye el contexto internacional. Pese a los pronósticos negativos, con la llegada de Víctor Yanukóvich a la presidencia, Kiev realiza una política más activa en la región. "El tren entre Chisinau y Odessa no hubiera podido ponerse en marcha sin Kiev", afirma Ósipov. Para la credibilidad de sus idesa sobre la seguridad en Europa, al presidente ruso Dmitri Medvédev le vendría bien que el Transdniéster se resolviera por la vía diplomática y marcara la diferencia con Osetia del Sur y Abjazia, en Georgia.

La UE, a su vez, ganaría tranquilidad si pone fin a los sobresaltos internos que genera de forma intermitente Rumanía con su ambigua política haciaMoldavia y sus conflictos con Ucrania. Bucarest no ha reconocido la frontera conMoldavia y las declaraciones populistas de los políticos rumanos sobre la recuperación de los territorios históricos no contribuyen a consolidar aMoldavia como Estado. En mayo, en Berlín, la canciller de Alemania, Angela Merkel, prometió ayuda a Filat para solventar el conflicto.Moldavia ha comenzado a negociar un acuerdo de asociación con la UE y es uno de los países más pobres de Europa. Para poder emigrar a Europa, muchos moldavos se han acogido a las facilidades de Bucarest para convertirse en ciudadanos rumanos y en consecuencia de la UE.