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Análisis:

La extrema derecha gana terreno en Italia

La Liga Norte, el único partido que gana votos, es el claro triunfador.- La abstención y la indefinición política dañan al centro-izquierda, que pese a todo mantiene siete regiones y casi empata en sufragios con Berlusconi

Los resultados definitivos de las elecciones regionales italianas confirman el tsunami histórico de la Liga del Norte. El partido más antiguo del país, aliado xenófobo del Gobierno de Silvio Berlusconi, casi triplica sus votos respecto a hace cinco años, y obtiene un 12,7% a escala nacional. Gracias al mensaje visceral y organizado a la vez de Umberto Bossi, y al desastre del centro izquierda en Lacio, Calabria y Campania, Berlusconi no paga el peaje de mitad de mandato y arrebata cuatro grandes regiones al centro izquierda, aunque el Pueblo de la Libertad del primer ministro logra el 26,7% de los votos frente al 26% del Partido Demócrata.

Ese empate virtual castiga sin embargo más al PD, que venía de una situación soñada y se despierta en la cruda realidad: antes del fin de semana gobernaba once regiones y 34 millones de personas; hoy gobierna siete regiones con 16,8 millones de personas, mientras la derecha pasa de administrar dos regiones a conducir seis: de 14,7 millones de personas a 32,6 millones.

Paradójicamente, el plebiscito que planteó Berlusconi no acaba en un arrollador triunfo personal del primer ministro. Pese al triunfalismo de los medios conservadores y el derrotismo de los progresistas, Il Cavaliere salva la cara pero anda muy lejos de movilizar a las masas. El PDL logra 5,9 millones de votos frente a los 5,8 millones del PD. La abstención golpea a los dos grandes partidos nacionales, y es la Liga el motor real de la derecha. La formación xenófoba crece tanto que presentándose solo en el centro-norte consigue cerca del 40% de los votos de su aliado, 2,7 millones.

Respecto a elecciones anteriores, Berlusconi pierde fuelle de forma evidente: su 26,7% supone casi cinco puntos menos respecto al 32,3% de las europeas de 2009, y casi siete menos respecto a las generales de 2008. Incluso si se compara con el desastre de hace cinco años en las regionales, sale mal parado: entonces obtuvo el 31,4%. Pese a todo, el primer ministro ha interpretado hoy el resultado como "un premio al Gobierno". Mientras lo decía, el ministro Renato Brunetta iba perdiendo por diez puntos el recuento de los votos del ayuntamiento de Venecia.

Avance de la Liga Norte

La cita se recordará sobre todo por el avance de la Liga, único partido que mejora sus números en todas partes: rompe su techo histórico con el 12,7% de los votos a escala nacional, alcanza picos del 40% en muchas ciudades del Véneto y Lombardía, y se anota una victoria inédita en Piamonte con un candidato joven y mediocre como Roberto Cota. El líder del centro izquierda, Pierluigi Bersani, ha resumido hoy ese éxito de una forma peculiar: "Al Norte y sobre todo en Piamonte nos ha arruinado la lista de Beppe Grillo. Allí el desahogo lo expresan así: quieren votar contra Berlusconi y votan a Bossi".

De hecho, los verdes padanos duplican su porcentaje en el Piamonte con un 16%; vuelan en Lombardía del 15% al 27%; en Liguria obtienen el 10% y en regiones rojas como Emilia Romaña triplican sus votos hasta el 14%; en Las Marcas y Toscana superan el 6%, y bajan hasta Umbría donde superan a los democristianos de la UDC. Bossi ya ha empezado a pasar la factura, y hoy ha reclamado la alcaldía de Milán. El PDL ha descartado entregársela.

¿Un giro a la extrema derecha, pues, del electorado italiano? A primera vista parece indiscutible. El norte del país, la parte productiva, reclama sobre todo un nuevo reparto federal del dinero público. Pero una lectura atenta de los datos plantea algunas cauciones. El gran mensaje político de las elecciones es el hartazgo del electorado, la antipolítica: la abstención crece ocho puntos respecto a hace cinco años: ha votado el 63,6% del censo, la cifra más baja desde que nació la República italiana en 1948. 14 millones de personas se quedaron en casa mientras 26,3 millones fueron a votar. Uno de cada tres prefirió no hacerlo.

Por otro lado, el centro izquierda se hace con más regiones que la derecha, siete contra seis. La victoria puramente numérica no es un gran consuelo. Comparado con la última cita, que acabó once a dos, es más bien un desastre. Pero era imposible un resultado semejante. Aquellas elecciones fueron una debacle descomunal para Berlusconi, un resultado a la búlgara que rara vez se produce en las democracias occidentales. Il Cavaliere estaba en el ocaso de su segundo mandato, y Romano Prodi acababa de dar forma a la Unione, la gran alianza de izquierda que se hizo añicos dos años después.

Su heredero, el Partido Demócrata, resiste a duras penas el tirón visceral y populista, demuestra que es todavía un experimento amorfo. Ha tenido tres líderes en un año, y se expresa con una indefinición patética. Pese a todo, debe dar gracias a la santa paciencia de los italianos, que se resisten a mandar a casa a una clase dirigente anquilosada, incapaz de renovarse. La gran esperanza de la izquierda surge, de hecho, fuera del PD: es Nichi Vendola, el gobernador de Apulia, que repite victoria y se convierte en el único líder de izquierda real capaz de movilizar a los jóvenes y de ofrecer un relato distinto.

RESULTADOS EN LAS ELECCIONES REGIONALES

Partito Democratico 5.843.420 votos (26,10%)

Italia dei Valori 1.626.416 votos (7,27%)

Sinistra ecologia e libertà, 678.309 votos (3,03%)

Federazione della Sinistra, 612.321 votos (2,74%)

Lista Bonino-Pannella, 124.831 votos (0,56%)

Alleanza per l'Italia, 130.925 votos (0,58%)

Liste governatori centrosinistra, 860.622 votos (3,84%)

Popolo della libertà, 5.994.741 votos (26,78%)

Lega Nord, 2.749.176 votos (12,28&)

La destra 158.579 votos (0,71%)

Liste governatori centrodestra, 1.749.174 votos (7,81%)

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