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Cuando golpear a una mujer se vuelve canción

Una melodía de Alejandro Fernández desata la polémica en México

Directora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México; Defensora del Televidente de Canal 22; conductora de radio y TV; articulista

"Unas nalgadas con pencas de nopal, una lección es la que te mereces..." -y que se desata la furia. La canción que provoca a la realidad, o viceversa, y la tensión propia de posturas enconadas. El tema: la violencia contra la mujer; el contexto: un inacabado debate a favor de la convivencia civilizada; el pretexto: ni más ni menos que Alejandro Fernández, El Potrillo.

No sé si cuando Fernández, conocido cantante mexicano que alterna entre el pop y la ranchera, presentó hace apenas unos días su nueva producción discográfica -Dos Mundos: Evolución + Tradición-, imaginó siquiera la reacción que provocaría. Posiblemente no.

Fue una canción la que lo comenzó todo: el tema Unas Nalgadas, corridillo juguetón y pegajoso, propone sanar el despecho amoroso mediante una leve tunda a la ingrata, tunda con pencas de nopal a más espinosas (no se explicita lo de espinoso, pero quien haya tocado una penca de nopal, sabrá de lo que hablo). La respuesta fue casi inmediata. Malú Micher, directora del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, acusó a Fernández de promover la violencia hacia la mujer a través de esta propuesta musical. Las palabras de Micher encontraron eco en diversos espacios mediáticos, incluidos algunos de los noticiaros más escuchados de la radio mexicana. El Potrillo salió al quite argumentando que nunca pretendió ofender a las mujeres y que "su nueva canción es una metáfora cargada de picardía mexicana". Hasta aquí el episodio, que podría haber quedado como tal, si no se tratara de uno de los cantantes más populares de habla hispana, y si el tema no fuese tan delicado: no sólo el de la violencia en contra de las mujeres, sino también el de los límites a la libertad de expresión en aras de un desarrollo equitativo de la sociedad.

En México, como en muchos otros lugares, se lleva arduo camino recorrido para combatir la violencia de género. Desde el 2006 se aprobó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y a partir de diversos foros e instancias se busca a diario no sólo proteger a las mujeres agredidas, sino también prevenir conductas de riesgo y fomentar una cultura de respeto a las diferencias. Todo esto no es cosa menor en un país en donde casi el 50% de las mujeres ha sido víctima de la violencia por parte de sus parejas sentimentales (según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares) y donde un 92% afirma haberse sentido intimidada en espacios públicos o comunitarios. Agreguemos a estas cifras propias de la vida doméstica el registro de las miles de mujeres asesinadas en diferentes zonas del país (una de las más sonadas, sin duda, la fronteriza Ciudad Juárez) y entenderemos que el tema de la violencia de género no es ni cosa del pasado, ni moda pasajera, ni tema de "viejas alborotadas".

¿Fueron entonces inoportunas las nalgadas de Alejandro Fernández? ¿Promueven este tipo de canciones la violencia en contra de la mujer? ¿O la justifican por lo menos? ¿Debemos prohibir estas manifestaciones en aras de un bien mayor? Vaya dilema.

No es tan clara la respuesta, y este debate nos recuerda otros muchos y muy recientes tampoco concluidos (como el que se suscitó en El País a raíz del artículo Revanchismo de género de Enrique Lynch). Sin duda, los contenidos que consumimos no son inocentes y en muchas ocasiones tienden a reforzar estereotipos y actitudes. Sin embargo, las audiencias tienen también la capacidad de diferenciar y comprender cuando lo que se dice es una incitación o un juego o una relación o una abierta descalificación. Las reacciones de propios y extraños a este episodio, en foros de las redes sociales y en llamadas a medios de comunicación, refuerzan la apreciación: la mayoría considera que la canción de Fernández es juguetona y divertida, más que promotora de la violencia en contra de la mujer, y la ubican dentro de la reconocida trayectoria de un cantante. Otras voces se han alzado para denunciar las letras mucho más violentas de canciones del reggaeton; y algunos hombres se quejan de discriminación a la inversa porque aseguran que cantantes como Paquita la del Barrio (y su Rata de dos Patas) son aún más ofensivas y "nadie les reclama". ¡Vaya sensibilidades!

El equilibrio es delicado para encontrar el justo medio que permita la libertad de expresión pero que ésta a la vez no fomente la discriminación ni la violencia. Otros debates similares se han dado, por ejemplo, en torno a los llamados narco-corridos (que ensalzan vida y obra de narcotraficantes): ¿deben o no permitirse? Mi postura va más que por la prohibición, por el reforzamiento de la actitud crítica de las personas: porque cuando comenzamos a prohibir, ya es difícil que nos contengamos.

"Unos rasguños con espina de maguey, hoy se me antoja jugar gato (tres en raya, como se le dice en España) en tus cachetes..." -más que las nalgadas con pencas de nopal, fueron estos versos los que me hicieron respingar un poco. Porque suena doloroso, sin duda. Y porque cuando golpear a una mujer se vuelve canción debemos tener las antenas un poco más en alerta. Sólo por no dejar, pero sin rasgarnos las vestiduras. También sabemos diferenciar al juguetón del que no lo es.