México aparca su plan para acoger a Zelaya en el exilio

Una ola de mensajes por Twitter dio al traste con la operación secreta

Sobre las 20.30 horas del miércoles (siete horas más en España), un avión de la Fuerza Aérea mexicana despegó con destino a Tegucigalpa. Objetivo: recoger a Manuel Zelaya. Desde unos días atrás, y en absoluto secreto, el Gobierno de Felipe Calderón había mantenido negociaciones con el Gobierno golpista de Honduras para que permitiera la salida del país del presidente depuesto, quien desde el pasado 21 de septiembre se encuentra refugiado en la embajada de Brasil en Tegucigalpa. Zelaya estaba al tanto y conforme. Pero, cuando el avión militar sólo llevaba unos minutos en el aire, hasta cuatro mensajes consecutivos firmados por "seguidores de Zelaya" recorrieron Twitter. Decían que el presidente ya estaba abandonando la embajada de Brasil, que iba de camino al aeropuerto de Toncontín, que ya se encontraba en el avión, que ya había despegado...

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Los mensajes no eran ciertos, pero el oleaje que provocaron dentro y fuera de Tegucigalpa sí lo fue. Los focos sobre el conflicto de Honduras se encendieron de nuevo y, también de nuevo, Zelaya y el gobierno de facto se entramparon en una guerra de declaraciones que dio al traste con la operación. Al ser preguntado por los periodistas, el presidente derrocado el pasado 28 de junio quiso dejar claro que se iba con la cabeza alta: "Yo no pido, no solicito, no acepto, no quiero asilo político absolutamente de nadie. En caso de una eventual salida, tendría que ser como huésped ilustre, dentro de mi calidad de presidente de los hondureños...".

A lo que el gobierno todavía presidido por Roberto Micheletti se negó de plano: "Si México quiere darle asilo político", declaró el canciller del Gobierno de facto, Carlos López Contreras, "nosotros estaremos encantados de permitirlo, pero tiene que ajustarse a la Convención de Caracas. México pide un salvoconducto, pero no detalla cómo va a recibir al señor Zelaya ni en calidad de qué". Ya para entonces, 22.00 horas de México, el comandante del avión de la Fuerza Aérea mexicana había recibido la orden de abortar su viaje a Tegucigalpa y aterrizar en San Salvador. Operación frustrada.

Hoy, la secretaria de Exteriores de México, Patricia Espinosa, ha explicado: "Por el momento, y después de haber tenido una conversación telefónica con Zelaya, todo parece indicar que las posibilidades de que este traslado se dé no están vigentes". Y ha añadido algo que deja mal a Zelaya: "La gestión del salvoconducto fue a solicitud del presidente Zelaya. Él nos lo pidió". México, señalan fuentes diplomáticas, tiene una larga tradición hospitalaria: "Pero no está dispuesto a recibir órdenes -ni del presidente legítimo ni del gobierno golpista- con respecto a la forma en que tiene que formalizar el asilo".

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