Golpe letal a la candidatura europea de Blair por tener que explicar la guerra de Irak

El ex primer ministro británico y otros políticos laboristas deberán testificar en la investigación sobre las causas y consecuencias del conflicto

Bruselas / Londres - 13 nov 2009 - 18:38 UTC

Las posibilidades de Tony Blair de convertirse en presidente de la Unión Europea han recibido ayer un golpe probablemente letal con el anuncio de que deberá comparecer ante la comisión que investiga la polémica entrada de Reino Unido en la guerra de Irak. En algunos medios diplomáticos de la capital comunitaria se recibió la noticia con una sonrisa que decía más que el silencio que sigue envolviendo a una candidatura que sólo defiende empecinadamente Gordon Brown. "Va a reforzar la idea de quienes quieren un presidente menos controvertido", vaticina Antonio Missiroli, un politólogo de Bruselas.

Blair deberá declarar en enero o febrero ante la comisión de personalidades que busca arrojar luz sobre la participación británica en la invasión de Irak en 2003. El entonces primer ministro fundó su decisión, entre otros factores, en un informe gubernamental que daba por hecho que Sadam Hussein poseía armas letales capaces de alcanzar a Reino Unido en apenas 45 minutos. Londres llegó a enviar hasta 45.000 soldados a Irak y familiares de algunos de los caídos ya han manifestado en los trabajos preparatorios de la comisión que Blair engañó a la opinión pública y lanzó al país a una guerra ilegal.

La comisión, formada por cinco personalidades y presidida por John Chilcot, un antiguo funcionario, comenzará sus trabajos el próximo día 24, con pesquisas que cubrirán un amplio periodo temporal: desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos hasta el día de la retirada oficial de las tropas británicas de Irak, en julio pasado.

Según una nota emitida por el propio Chilcot, el informe final de los investigadores no se hará público hasta finales de 2010 o incluso en 2011. También confirmó, quizá para decepción de muchos, que los investigadores no emitirán veredictos de inocencia o de culpabilidad. Pero reiteró su compromiso de que será "extensa, rigurosa, justa y franca".

Los trabajos irán mucho más allá de la fecha de las elecciones generales de la próxima primavera, pero las jornadas previstas hacia principios de año para que comparezcan Blair y otros miembros del Gobierno deberían perjudicar al ya deprimido Partido Laborista al amenazar con reabrir el viejo debate sobre la guerra a meses vista de los comicios.

Más acuciante en el tiempo es su candidatura a la presidencia permanente de la UE, que se decide oficialmente la próxima semana. Con una sonrisa de oreja a oreja recibió la noticia una fuente diplomática continental, que hizo notar la feliz coincidencia entre la carrera presidencial y la decisión de Chilcot.

Las ambiciones europeístas del antiguo líder de la Tercera Vía tienen hastiados a muchos Gobiernos lo mismo que el juego febril a favor de su antiguo jefe que practica Gordon Brown. Una fuente que reclama el anonimato mantiene que Brown ha planteado a sus socios un referéndum sobre Blair. "Y el no ha ganado", señala la fuente, que daba por hecho el tándem Herman Van Rompuy, primer ministro belga para presidente, y de David Miliband para alto representante hasta que Brown retiró la candidatura de su ministro de Exteriores para volver a colocar a Blair. "Lo que está haciendo Brown es vergonzoso, pero hay un chantaje tal que nadie se atreve a decirlo", señala. Según este informante, "la comparecencia sobre Irak debería acabar con la candidatura de Blair" porque "¿quién va a querer como presidente a alguien que debe declarar ante tal comisión?".

Antonio Missiroli, director del European Policy Center, un centro de análisis de Bruselas, es más diplomático. El golpe recibido por Blair "va a reforzar la idea de quienes quieren un presidente menos controvertido", dice. Pero no se atreve a darlo por acabado.

La idea del chantaje y de atmósfera mafiosa es muy apropiada para describir lo que está ocurriendo con su candidatura. Nadie la defiende en público, salvo Brown, y muchos la critican en privado. Una destacada personalidad europea cuyo nombre se barajó para presidente de la UE decía recientemente, con elocuente ironía: "A ver qué papel presenta con sus logros como mediador en Oriente Próximo". Sería un papel en blanco.

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