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Asesinado por un Jeep

La muerte de un jefe de la policía encargado de la seguridad en Caracas evidencia el alto índice de criminalidad

Al hombre encargado de hacer más segura Caracas, la capital venezolana, también lo mataron para robarle el coche. Hasta este sábado, el mayor de la Guardia Nacional Delio Amado Hernández Acosta era el coordinador del Plan Caracas Segura en el oeste de la ciudad; un programa instrumentado por el Gobierno central en 2007 para reducir los índices de criminalidad, que superan la tasa de 96 homicidios por cada 100.000 habitantes. Esta cifra convierte a la capital venezolana, según estadísticas de la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, en la segunda ciudad más peligrosa del mundo.

Hernández acababa de salir de las oficinas del Centro de Coordinación Policial, en el barrio caraqueño de La Pastora, cuando dos hombres a bordo de una motocicleta lo interceptaron para robarle su coche, una camioneta Jeep modelo Cherokee. El mayor se resistió al asalto y le dispararon. La bala le hirió en un costado, justo donde no le protegía el chaleco antibalas de su uniforme de reglamento. Horas más tarde, murió en el hospital al que le llevaron. Tenía 36 años. Además del coche, los asaltantes también le robaron su arma de reglamento. Ayer se celebró su funeral en Valencia, a 120 kilómetros de Caracas.

Como Hernández, otros 36 caraqueños fueron asesinados entre la noche del viernes y la noche del domingo como consecuencia de la violencia callejera. De media, cada fin de semana mueren en Caracas entre 30 y 50 personas, en medio de robos o enfrentamientos entre bandas. El peor de ellos fue el registrado entre el viernes 10 y el domingo 11 de octubre, cuando mataron a 57 personas. Las víctimas suelen ser jóvenes de 16 a 22 años de edad.

La impunidad suele ser peor que el duelo. Según estadísticas del Instituto de Investigaciones de Convivencia y Seguridad Ciudadana de Venezuela, el 94% de los expedientes que procesa la fiscalía queda sin resolverse. En el caso de los homicidios, sólo tres de cada 10 casos superan la fase de investigación policial y sólo uno suele llegar a juicio. El de Hernández podría ser uno de los que se resuelva, pues la División contra Homicidios de la policía científica prometió encontrar a los asesinos.