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Bahía, tomada por los narcotraficantes

Diez muertos y 16 autobuses incendiados en los últimos días

Bahía está en guerra. Lo reconoce el gobernador del Estado, Jacques Wagner, del Partido de los Trabajadores, que no ha descartado pedir que el Gobierno federal envíe tropas de la Fuerza Nacional de Seguridad para intentar llevar la paz Salvador de Bahía, acorralada por la violencia. Dirigidos, al parecer, desde la cárcel por el detenido Cláudio Campahna, que ya ha sido trasladado a otro penal fuera de Bahía, los grupos de narcotraficantes "han acorralado a la ciudad", según ha afirmado el senador Antonio Carlos Junior del oposicionista DEM.

El balance de los últimos días, además del pánico de una ciudad desorientada, es de 10 muertos a manos de la policía, más de 30 heridos y 16 autobuses públicos incendiados. Los "bandidos", como llaman a los traficantes de droga, secuestran el autobús en pleno día, hacen bajar al conductor y a los pasajeros, lo riegan con gasolina y le prenden fuego. Todo tan rápido que a veces los pasajeros son heridos.

A esto se suma la violencia sexual: más de cien casos de violación al mes. Los narcos deciden hasta el toque de queda, cuando lo desean, obligando a las tiendas a cerrar sus puertas y a los ciudadanos a encerrarse con miedo en sus casas.

Salvador de Bahía es una de las ciudades más visitadas por el turismo nacional e internacional. El 90% de la población es negra o mulata. Es una de las ciudades del país con mayor número de asesinatos. Solo en lo que va de año se han registrado más de 1.000 asesinatos frutos de la violencia callejera. Además, desde 2008 han sido asesinados 34 policías militares. La violencia ha crecido un 52% en un año. Los narcotraficantes no solo asaltan las casas: más de 90 pisos y 60 familias en un solo barrio de la ciudad en los últimos meses, también las delegaciones de policía. La delegación número 34, en el Barrio Vila Abrantes, ha sido robada 154 veces en tres meses.

La llegada del Partido de los Trabajadores (PT) al poder en 2003 ha coincidido con la mayor ola de violencia de los últimos años. El gobernador Wagner, del PT, amigo personal del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, intenta tranquilizar a la población asegurándoles que las fuerzas del orden van a ganar esta guerra.