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Correa proclama la "nueva independencia"

La algarabía cívica con la que se desarrollaron los festejos organizados en plazas, museos y centros culturales en Quito y a lo largo del país con ocasión del bicentenario de la independencia convive con un ambiente de confrontación política nacional.

La celebración ha coincidido con la toma de posesión del segundo mandato de cuatro años de Correa, con opción a reelección. El mandatario, quien ha ofrecido "radicalizar" su "revolución ciudadana", ha llegado al 10 de agosto en el punto más bajo de su popularidad. Según la encuestadora Market, ésta ha bajado 19 puntos entre mayo y julio, alcanzando un 40%. Si bien en las calles se puede percibir que muchos ecuatorianos aún confían en el presidente, dicha cifra denota que hechos como el escándalo de los contratos por 80 millones de dólares que el Estado tenía con Fabricio Correa, hermano del presidente, así como las supuestas vinculaciones del Gobierno con la narcoguerrilla colombiana de las FARC, han minado la credibilidad gubernamental.

Si en julio pasado el presidente Evo Morales enarboló un discurso antiimperialista durante la conmemoración del bicentenario en Bolivia, ahora en Ecuador el presidente Correa ha afirmado que el grito de independencia de 1809 en Quito representa el inicio de un "proceso inacabado". "El bicentenario nos recuerda que continuamos en la lucha. Logramos la independencia política, pero todavía no logramos la independencia de estructuras tremendamente injustas, que han aplastado a nuestros pueblos", ha señalado el mandatario, quien ofrece lograr una "nueva" y "definitiva" independencia.

La Asamblea Nacional, establecida el 1 de agosto, desempeñará un papel vital en la consecución de los planes del Ejecutivo. De los 124 asambleístas, el oficialismo posee 58 y ha logrado el control de al menos nueve de las 13 comisiones legislativas, recurriendo a prácticas novedosas como el "préstamo" de asambleístas de Alianza País, el partido en el Gobierno, a grupos políticos con los que busca consolidar la hegemonía en la Asamblea, con el fin de que dichos grupos logren captar puestos de incidencia política en el Poder Legislativo. Este método ha generado críticas de quienes esperan que el Gobierno sea consecuente con su discurso de desterrar viejas formas de hacer política en el país.

Pero quizá el terreno en el que más se evidencia un ambiente de polarización tiene que ver con la guerra de Correa en contra de los medios de comunicación. Las críticas del mandatario a lo que él llama "prensa corrupta" son constantes. Correa ha querido ubicar a la prensa como enemiga de la revolución ciudadana. Miguel Rivadeneira, director de Ecuadoradio y uno de los periodistas más respetados del país, dijo que en este esquema de polarización, lo que se busca es identificar a los medios a favor o en contra del Gobierno, pero sostuvo que hoy más que nunca es necesario un periodismo riguroso.