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Una joven sobrevive al accidente del avión yemení en el Índico

La aeronave con 153 personas a bordo se estrella cerca de las islas Comoras - El Airbus, de una compañía yemení, tenía prohibido volar en territorio francés por problemas técnicos

Un pariente de las víctimas que iban en el avión que se precipitó en el océano Índico, con 153 personas a bordo, a una decena de kilómetros de las islas Comoras, fue muy claro al denunciar a gritos lo que había ocurrido: "En Yemen nos meten en ataúdes volantes". Un Airbus 330 nuevo de la compañía Yemenia, con todos los controles en regla y todas las bendiciones técnicas, despegó el lunes por la mañana de París. Tras hacer escala en Marsella, el avión volvió a despegar, esta vez con destino a Saná, en Yemen.

Allí empezaron las irregularidades, lo que no paran de denunciar los parientes de los muertos o los miembros de las nutridas colonias de originales de las islas Comoras que existen en los alrededores de París y en Marsella. En vez de despegar el Airbus 330 nuevo, los pasajeros con destino a Moroní, la capital, se subieron en otro, un Airbus 310 al que las autoridades francesas habían prohibido volar en Francia debido a ciertas irregularidades encontradas en 2007.

Cerca de la una de la madrugada del martes (hora española), a unos pocos kilómetros del aeropuerto de Moroní, cuando el piloto se disponía a aterrizar, sin que aún se sepan las causas, el avión se precipitó al mar y se estrelló contra el agua. Sólo hay un superviviente: una adolescente de 14 años que fue encontrada por la mañana a unos 40 kilómetros de la costa, flotando en medio del océano, milagrosamente viva y sana.

A las pocas horas de que la noticia diera la vuelta al mundo, los familiares y amigos de las víctimas se reunían en los aeropuertos de París y de Marsella. Hay 65 muertos de nacionalidad francesa: la mayoría, familias de las islas Comoras que iban de vacaciones, que vivían en barrios de la periferia de estas dos ciudades.

Hace exactamente un mes se estrelló otro Airbus, esta vez de Air France, en medio del océano Atlántico. En esa ocasión, los parientes de las víctimas no hablaron. En este caso sí: la rabia y la indignación les hicieron denunciar que "en Yemen cambian siempre de avión, meten a los pasajeros en aviones-basura". Incluso existe una asociación, SOS Viaje a Comoras, creada hace más de un año, cuyo principal objetivo era denunciar las condiciones de este vuelo.

"Entre Saná y Moroní, el viaje se hace con aviones que no responden a las normas internacionales. Se trata a las personas como animales, les amontonan, no respetan nunca los horarios, siempre hay problemas técnicos", aseguró a la agencia France Presse Farid Soilihi, el portavoz de esta asociación.

El secretario francés de Estado de Transportes, Dominique Bussereau, confirmaba en la Asamblea Nacional francesa que la compañía Yemenia no está en la lista negra de la Unión Europea, pero que el avión que partió de París no era el mismo que no llegó a aterrizar en Moroní. "Ese avión en concreto fue excluido de volar en territorio nacional porque hace unos años se le detectaron problemas importantes", manifestó.

Es decir: el trayecto París-Yemen y Yemen-París se hace con un avión que responde a los controles exigidos. El de Yemen-Moroní y Moroní-Yemen, con otro, más viejo y más defectuoso. Una parisina natural de las islas Comoras lo explicaba en la radio: "Así se bajan costes y se consigue dar el billete más barato". La argucia es legal: el billete debe consignar la compañía aérea que se utiliza, pero no el tipo de aparato en el que se va a volar.

Las autoridades yemeníes aseguraron que una posible causa del accidente es el mal tiempo que, a su juicio, se ensañaba el lunes por la noche con el archipiélago de las Comoras: "Había vientos de 60 kilómetros por hora", precisó el vicepresidente de la aviación civil yemení, Mohamed Abdelrahman Abdelqader. Tras el accidente, la Comisión Europea propuso que se cree una lista negra mundial para incluir a las aerolíneas que no son seguras.

La noticia ha sobrecogido Francia, un país que lleva un mes pensando y elucubrando con lo que pasó el 1 de junio en el Airbus 330 que despegó de Río de Janeiro y se hundió horas después en medio del Atlántico. Mañana se cumple el plazo para encontrar la caja negra de ese avión, hundida en algún lugar del océano a 5.000 metros de profundidad: la batería de la baliza que emite una señal localizadora, en teoría, se agota hoy.