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ERNESTO SAMPER | Ex presidente de Colombia

"Uribe puede salir como un héroe o como un autócrata"

Ernesto Samper (Bogotá, 1950) ha declarado que, durante el periodo en que ejerció como presidente de Colombia (1994 - 1998), se levantaba preguntando qué fuego habría que apagar. A 11 años de distancia, comenta que las cosas han cambiado. "Colombia tiene una posición geográfica privilegiada, está en la esquina de América y lo ha comenzado a aprovechar", subraya.

Las tasas de crecimiento de la economía colombiana habían alcanzado sus mayores niveles en 30 años, ubicando al país andino entre los más pujantes de la región. Un escenario muy distinto al que se enfrentó Samper. La lucha contra el narcotráfico fue un tema dominante en su gestión, llegando incluso a involucrarle en un escándalo sobre la financiación de su campaña. Su opositor y más tarde sucesor, Andrés Pastrana, le acusó de recibir dinero del cartel de Cali. La gestión de Pastrana y posteriormente la del actual presidente, Álvaro Uribe, han conseguido las condiciones para recibir una entrada de capitales sin precedentes en la economía colombiana, que le ha llevado a alcanzar tasas de crecimiento hasta de un 7% anual. EE UU, Inglaterra y España encabezan la lista de inversores. "Creo que se han conseguido logros muy significativos en cuanto a la inversión y el avance. Muchas empresas han elegido establecerse en Bogotá y eso ha favorecido al desarrollo del país". Samper conversó con EL PAÍS sobre la gestión de Uribe y la larga precampaña rumbo a las elecciones presidenciales de mayo de 2010, durante su estancia en España para participar en un foro de empresarios españoles y colombianos.

Pregunta. ¿Cuáles son los principales retos del próximo Gobierno colombiano?

Respuesta. Quizá el mayor es la resolución del conflicto. Al menos tres millones de colombianos han sido afectados. Si no ofrecemos una salida clara se puede caer en un círculo vicioso, como ha ocurrido con Guatemala y El Salvador. El asunto es que Colombia vive una paradoja. Tiene los retos de un escenario posconflicto sin haber salido del conflicto. Al próximo Gobierno le corresponde establecer un equilibrio entre el gasto militar y el gasto social. Si el pueblo deja de preocuparse por su seguridad, es normal que ahora le preocupe la seguridad en el empleo, en la salud, en la educación. Colombia llega a un cruce de caminos en ese aspecto.

P. ¿El conflicto entre el Gobierno y la guerrilla influye en la gestión del presidente Uribe?

R. Claro. Y su gestión no ha sido la adecuada. Respaldo sus logros, en concreto los económicos, pero Uribe confunde la naturaleza militar de la guerra con la deshumanización del conflicto. Una cosa es que el Gobierno enfrente a la guerrilla y otra que no se apliquen los principios humanitarios básicos. No se trata de utilizar el conflicto para ganar espacios políticos.

P. ¿Qué consecuencias tendría la reelección de Uribe?

R. Si decide optar a un tercer periodo, abre una interrogante. ¿Es posible acabar con una democracia mediante procesos democráticos? ¿Puede un presidente en un Estado democrático acabar con la libertad de opinión? La pregunta no sólo se aplica a Uribe, sino a todos. Pese a las claras diferencias políticas, la reelección se ha convertido en una opción abierta para otros presidentes latinoamericanos. En el caso de Colombia, el panorama es claro. Tenemos una Constitución que indica que los periodos son de cuatro años y que establece contrapesos para evitar la concentración excesiva del poder. El presidente Uribe tiene dos opciones: salir como un héroe ahora o como un autócrata dentro de cuatro años.

P. Usted declaró hace dos semanas que no se debería descartar la participación del Gobierno cubano para mediar entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para la liberación del soldado Pablo Emilio Moncayo (secuestrado desde 1998). ¿Qué condiciones debe garantizar el Gobierno?

R. Moncayo no es culpable de la guerra. Es una víctima más. Como todo colombiano, tiene derecho a que el Gobierno abogue por él ajustándose a las normas humanitarias y no ejerciendo una política de guerra. Es de sentido común no descartar la mediación de otros países y no propiciar un aislamiento, para favorecer a los 22 rehenes que aún mantiene la guerrilla.

P. El Gobierno de Uribe ha dado significativos golpes a las FARC. ¿Qué hace falta para terminar el conflicto de una vez?

R. Uribe no ha acabado con las FARC. No hay conflicto importante en la historia del mundo que no haya terminado con una negociación y dos firmas en un papel. Se deben dar las condiciones para que las FARC se reintegren a la vida civil.

P. ¿Existe un consenso al respecto en la sociedad colombiana?

R. Hay una división entre quienes están de acuerdo con la política actual, de una mayor inversión en la guerra, y quienes pensamos que los mejores resultados se consiguen mediante el diálogo. O continuamos la guerra o establecemos una alianza estratégica con ellos para combatir a nuestros enemigos comunes. Ojalá la precampaña electoral girara alrededor de este debate, pero no es así. El uribismo domina la campaña. Se está a favor o en contra de Uribe. Su figura se ha convertido en una postura ideológica. Así no es posible debatir los temas importantes, la política, que es tan importante para el país.

P. El presidente estadounidense, Barack Obama, manifestó en su campaña sus reservas sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y EE UU. ¿Cómo afecta esto a su país?

R. Los TLC sólo interesan a Estados Unidos. Colombia debe estar concentrada en consolidar su estabilidad, independientemente de si EE UU quiere o no un TLC. Los TLC de América Latina destrozaron el proyecto de un mercado común en América. La crisis abre la oportunidad para otras opciones que se creían descartadas, como los mercados internos. Y no hay que olvidar que las economías desarrolladas están pasando por un camino que Latinoamérica ya recorrió.