La retirada de un juez da a Obama la opción de llevar una mujer al Supremo

Entre las favoritas se encuentra una jurista del Bronx y origen puertorriqueño

Muy pronto. Al presidente Barack Obama se le acaba de presentar, y muy pronto, la primera oportunidad para nombrar a un juez del Tribunal Supremo. David Souter, de 69 años, ha anunciado su intención de retirarse de la máxima corte tras cerca de dos décadas vigilando el cumplimiento de los derechos individuales en Estados Unidos. Sus razones son de índole personal. Hay quien dice que detestaba la vida en Washington. Él mismo llegó a confesar en más de una ocasión que tenía "el mejor trabajo del mundo en la peor ciudad del mundo".

La marcha de Souter no alterará el actual equilibrio liberal-conservador del alto tribunal, ya que casi con toda probabilidad el presidente le sustituirá con otro magistrado de la misma tendencia (liberal). Souter ha comunicado a la Casa Blanca que se retirará en junio, cuando el Supremo se vaya de vacaciones hasta el otoño. El retiro no tendrá efecto hasta que sea confirmado un sucesor.

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Los nueve jueces del Supremo, una vez nombrados por el presidente, cuentan con ese cargo de por vida y disponen de un inmenso poder. Por eso, la decisión de quién ocupará el sillón que queda vacante es una de las más importantes que tomará Obama.

Sin duda, una de las cualidades que buscan los presidentes en sus elegidos es la edad, los prefieren jóvenes. Sus decisiones afectarán por décadas. Aunque no siempre los jueces nombrados son ni todo lo fiel ni todo lo previsible que los presidentes desearían. Los mandatarios suelen llevarse sorpresas cuando la vida va cincelando a los supuestos letrados amigos y no siguen indicaciones partidistas. Es el caso de Souter. Fue nombrado por Bush padre en 1990. Pero ha votado a favor del aborto y de los derechos de los homosexuales. Y fue uno de los cuatro votos disidentes en la decisión de 2000 que le dio la victoria a Bush hijo sobre Al Gore. Desde entonces, su apellido dio origen a la expresión to souter, que en el derecho estadounidense equivale a cuando un juez cambia sus ideales a favor de otros más liberales.

Mucho se especulaba este viernes sobre quien será el afortunado o afortunada que garantice la ley en EE UU. En principio, todos los analistas apuntan a que el relevo lógico sería el de una mujer, ya que la vacante dejada por Sandra Day Connor (liberal) fue cubierta por un hombre (conservador), Samuel Alito. En este sentido, todas las miradas apuntaban hacia la juez nacida en el Bronx (Nueva York) de origen puertorriqueño, Sonia Sotomayor, 54 años. Las juristas Elena Kagan, Diane Wood, Sandra Lynch o Leah Sears, también estaban en las quinielas.

El Gobernador de Massachusetts, Deval Patrick, o el profesor de Harvard y juez de Chicago -y amigo del presidente- Ruben Castillo, son también dos de los nombres con los que se especula.

Obama ha dejado claras sus preferencias con anterioridad sobre el perfil de persona que desea para el cargo. Pero, como apuntan los expertos, puede que su decisión sorprenda. En uno de los primeros debates presidenciales, en Nevada, el hoy presidente hizo saber que para él era importante la formación intelectual pero sin dejar fuera la experiencia humana. "Necesitamos a alguien con corazón, que sepa lo que es ser madre adolescente. Que tenga la empatía para entender lo que significa ser pobre, africanoamericano, gay, discapacitado o viejo. Esos son los criterios por los que me voy a guiar a la hora de elegir jueces", declaró Obama en una conferencia en 2007.

La primera alarma sobre un posible relevo en el Supremo saltó con el cáncer de páncreas de Ruth Ginsburg, de 75 años, la única mujer del Supremo. Ginsburg fue sometida a una operación quirúrgica el pasado febrero. Otro factor que puede forzar un abandono es la edad. Otros dos magistrados progresistas están entre los de más edad: John Stevens, 88 años, y Stephen Bayer, 70.

El Supremo está casi equilibrado en estos momentos. Existen cuatro jueces conservadores (Clarence Thomas, Antonin Scalia, Samuel Alito y John Roberts, estos dos últimos nombrados por George W. Bush, muy jóvenes), tres progresistas moderados (Ruth Ginsburg, Stephen Bayer y el propio Souter), un juez situado más a la izquierda (John Paul Stevens) y un magistrado conservador moderado (Anthony Kennedy), que suele ser quien inclina la balanza a uno u otro lado. Votó junto a los liberales en dos importantes y recientes sentencias y una con los conservadores.

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