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Análisis:

La revolución de Brasil en la industria militar

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no quiere acabar su mandato en 2010 sin dejar en marcha una reestructuración a fondo de la industria militar, no sólo en su país sino en toda la región.

Lula sabe que sobre Brasil no pesa la amenaza de guerras que exijan su rearme. Sabe también que, una vez terminada la guerra fría, los asuntos de defensa deben tomar otros derroteros, como el de convertir las aspiraciones bélicas en industriales. Por eso, Lula piensa ahora en consolidar una doctrina común en la región que estimule la cooperación en defensa, que integre las políticas en esta materia y que reduzca las posibilidades de conflictos bilaterales. Para ello, ha movilizado a dos ministros amigos suyos: el de Defensa, Nelsom Jobim, que fue presidente del Supremo, y el de Asuntos Estratégicos, Unger Mangabeira, catedrático vitalicio de Harvard y ex profesor del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Para convencer a los demás países suramericanos, les explica que algún día podrán beneficiarse de la industria bélica exportando a otros continentes. Chile y Argentina ya estudian el tema tomando como ejemplo el modelo brasileño, gran productor de material bélico, como sistemas de combate, defensa antiaérea y vehículos militares.

Brasil está llevando el asunto, según informan a este diario fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores, con mucho tacto para no herir susceptibilidades de liderazgo. Para ello, está colaborando con los demás países en todos los órganos regionales, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), entre otros.

Los ministros a quienes Lula ha encargado trazar las directrices de una nueva política de defensa y de industria bélica han celebrado ya reuniones con todos los embajadores de América del Sur para informarles de dichos proyectos.

Países como Chile y Colombia, que en el pasado eran escépticos ante el proyecto de un consejo de defensa, hoy son entusiastas defensores del CDS.

Se calcula en un millón las fuerzas militares en la región, lo que representa un altísimo potencial comercial, aunque sólo sea para su equipamiento. Por eso, a pesar de la crisis o quizás impulsado por ella, el Gobierno brasileño quiere favorecer la industria militar y con ella fomentar la creación de nuevos puestos de trabajo.

Por otra parte, Brasil, especialmente bajo los mandatos de Lula, siempre ha querido incrementar su capacidad bélica, consciente de que un gran país en desarrollo como éste necesita de un aparato de defensa importante para ser tenido en cuenta a nivel internacional.

Lula lo sabe. Y por eso Brasil ha realizado últimamente grandes avances en la producción de uranio. Incluso dentro del Gobierno hay quienes ven con buenos ojos que Brasil pueda algún día contar con una bomba nuclear como arma de defensa y también de disuasión, si se tiene en cuenta que posee grandes riquezas que defender, como sus reservas de petróleo y el codiciado santuario mundial de la Amazonia. Por ahora, Brasil se ha conformado con la adquisición de un submarino nuclear.