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El G-8 evita hablar de "sanciones" a Zimbabue

Se limita a anunciar "medidas" contra los "individuos" responsables de la violencia.- Llama a Irán a suspender el enriquecimiento de uranio

Los líderes del G-8 ?los siete países más industrializados del mundo más Rusia- han evitado pronunciarse a favor de imponer sanciones internacionales a Zimbabue, pese al fraude electoral cometido por el presidente del país, Robert Mugabe, que amenaza con sumir al país en la violencia. En lugar de eso, han anunciado "medidas financieras y de otro tipo" contra los "individuos" responsables de la violencia en el país. Además, "preocupados" por la proliferación nuclear que puede acarrear el programa atómico iraní, han urgido a Irán a dejar de enriquecer uranio.

"Tomaremos nuevas medidas, sobre todo financieras y de otro tipo, contra los individuos responsables de la violencia en Zimbabue", dice el comunicado aprobado por los líderes del G-8, reunidos en Japón, sin especificar qué tipo de medidas se contemplan además de las financieras. El texto aprobado evita usar la palabra "sanciones", que incomodaba a Rusia y a las naciones africanas invitadas ayer a la Cumbre de Toyako. EE UU, Reino Unido, Francia y Alemania eran partidarios de una línea más dura, acusando a Mugabe de mantenerse en el poder gracias a la violencia contra la oposición y a unas elecciones "amañadas", como las calificó el presidente estadounidense, George W. Bush.

Durante la cena de trabajo, los líderes de las potencias más importantes del planeta han tratado problemas de política exterior, como las elecciones en Zimbabue o los programas nucleares de Corea del Norte e Irán. Sobre el primer asunto, afirman que no aceptan la legitimidad del régimen de Mugabe, al declarar que es "ilegítimo" cualquier gobierno que no represente la voluntad de su pueblo, y expresan su "profunda preocupación" por la "repercusión humanitaria" de la situación en Zimbabue. Instan a su presidente a dialogar con la oposición.

Sobre el programa nuclear iraní, las potencias expresan su "seria preocupación" por los riesgos de proliferación atómica que puede suponer el desafío de Teherán, al tiempo que instan al régimen de los ayatolás a suspender su programa de enriquecimiento de uranio y a "cooperar plenamente con la Agencia Internacional de la Energía Atómica" de la ONU.